Cuando el padre de la Teoría de la Evolución arribó al Perú, lo hizo en medio de una de las muchas revoluciones del siglo XIX, que le impidió trabajar en nuestras tierras como era su deseo. Pese a su breve paso por el Perú, dejó agudas observaciones sobre la política y carácter peruanos que hoy resultan sorprendentes
Existe una anécdota muy conocida de Charles Darwin, el padre de la Teoría de la Evolución, que describe muy bien lo azarosa que resultó su carrera científica. Cuando en 1859 publicó “El origen de las especies por medio de la selección natural”, que se oponía radicalmente a la teoría creacionista de la iglesia, enfrentó tantas críticas y burlas que durante una recordada reunión de la British Association for the Advancement of Science de Oxford se formaron dos bandos abiertamente enfrentados, los que defendían sus innovadoras propuestas y aquellos que las calificaban de disparatadas. En medio de la reunión, cuando la discusión llegó a los gritos e insultos, el presidente de la Sociedad, que presidía la reunión, llamando a la calma se dirigió a Darwin y le preguntó: “Entonces, señor Darwin, usted desciende del mono ¿por parte de padre o de madre?”.
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Esta historia, cierta o ficticia, ilustra muy bien todo lo que tuvo que enfrentar un visionario, un adelantado a su época como lo fue Darwin. Pero lo fascinante de su vida no empezó cuando publicó sus polémicos libros, sino mucho antes. En 1831, a la edad de 24 años, ocurrió “el acontecimiento más importante de mi vida”, como él mismo escribe en su autobiografía: Se embarcó a bordo del ‘Beagle’ como naturalista (“sin paga”) de la expedición científica que recorrería el mundo durante cinco años. Luego de ese trascendental viaje que cambió su vida, en el que recogió muestras, tomó abundantes apuntes y recolectó fósiles, Darwin volvió con el germen de lo que constituiría su gran aporte a las ciencias naturales que cambiaría para siempre la historia de la humanidad.
Fue durante este viaje que arribó al Perú el 19 de julio de 1835 y permaneció en el país hasta el 30 de agosto de ese mismo año, apenas cuarenta días en comparación con el año que pasó en Chile, por ejemplo, estudiando nuestras costas. En 1839 publicó los diarios de este viaje que contienen todo lo que observó durante su periplo de cinco años. En el tomo III de su “Narrative of the surveying voyages of His Majesty's Ships Adventure and Beagle”, o simplemente “Diario del Beagle”, publicado en 1839 y que puede ser consultado en Internet, dejó unas observaciones sobre el Perú muchas de las cuales resultan hoy sorprendentes.
Meses antes de la llegada de Darwin, el 22 de febrero de 1835, Salaverry se había proclamado Jefe Supremo rebelándose contra el presidente Luis José Orbegoso, que había marchado hacia el sur a combatir a Echenique y Gamarra. No le falta razón, entonces, cuando afirma: “Ninguna república en Sudamérica, desde la declaración de la Independencia, ha sufrido más de la anarquía que el Perú. Al tiempo de nuestra visita había cuatro jefes militares en armas conteniendo por la supremacía en el gobierno. Si uno de ellos lograba por un tiempo ser muy poderoso los otros se coligaban contra él; pero tan pronto como ellos resultaban victoriosos surgía la hostilidad entre uno y otro…".
Basadre cuenta que Salaverry declaró su causa como “la segunda Guerra de la Independencia”, cuando Orbegoso, el 15 de junio de 1835, se unió a Santa Cruz para combatirlo y permitió la intervención del ejército boliviano en el Perú. Su decreto de ‘Guerra a Muerte’ del 7 de julio de 1835 (en el que declaraba Benemérito de la Patria a quien matara un boliviano además de exonerarlo de impuestos por cinco años), es una muestra de su determinación de luchar hasta el final, como pudo apreciar el propio Darwin: “El otro día en el aniversario de la Independencia se cantó una solemne misa en la cual el Presidente Salaverry tomó parte. Durante el Te Deum laudanus, en lugar de que cada regimiento desplazara la bandera peruana, izaban un pabellón negro en la que aparecía una calavera. ¡Imagínense un gobierno bajo el que tal espectáculo pueda ordenarse, en una ocasión así, típica de su determinación de lucha hasta la muerte! Este estado de cosas apareció muy desafortunado para mí, pues me impidió hacer ninguna excursión más allá de los límites de la ciudad…”.
Darwin estaba convirtiéndose en testigo privilegiado de los inicios de la Confederación Perú-Boliviana y así se explica que continuara con la historia de Salaverry, entre irónico y apenado: “La fortaleza que enfrentó Lord Cochrane [el Real Felipe] con un largo sitio tiene una apariencia imponente. Pero el Presidente, durante nuestra estada, vendió los cañones y procedió a desmantelar parte del castillo. La razón que dio fue la de que no contaba con ningún oficial a quien pudiera confiar tan importante comando. Él [Salaverry] tenía buenas razones para pensar así, porque él mismo ganó la presidencia por medio de una sublevación mientras estaba a cargo de la misma fortaleza. Después que nosotros dejamos Sudamérica él pagó la pena en la manera usual, al ser derrocado, tomado prisionero y fusilado”.
También se refirió a la impresión que le causó el Callao (“es un sucio y mal construido pequeño puerto de mar… El ambiente está cargado de malos olores, y ese hedor peculiar que puede percibirse casi en todas las poblaciones tropicales, es aquí muy fuerte”), así como los habitantes del puerto y de la capital, que resultó no ser muy halagüeña: “Los habitantes tanto aquí como en Lima, tienen todas los rasgos imaginables de una mixtura de sangres entre europea, negra e india. Ellos aparecen como gente ebria y depravada”.
Con la capital del país no fue menos benigno, aunque hay que señalar que mucho de lo que escribió resulta hoy curioso, cuando no actual: “Lima se halla ahora en lamentable estado de decadencia. Las calles casi no tienen pavimento, y montones de basura se acumulan en todas direcciones, donde los negros gallinazos, mansos como pollos, recogen jirones de desperdicios. Las casas tienen, generalmente, una planta alta así construidas teniendo en cuenta los terremotos con maderas y barro; pero algunas viejas residencias, usadas ahora por varias familias, son inmensamente grandes y rivalizarían en lujo de apartamentos con las más magnificentes de cualquier parte. Lima, la Ciudad de los Reyes, debe haber sido en el pasado una capital espléndida. El extraordinario número de templos la da, aún en el presente un carácter peculiar e impresionante, especialmente cuando se la mira de alguna distancia”.
Las Obras Completas de Darwin en Internet
En el sitio de Internet “The Complete Work of Charles Darwin Online” uno puede leer en su versión original en inglés las principales obras de Charles Darwin: Descent of Man, Zoology of the Beagle, las distintas ediciones de Origin of species, además de su Autobiografía, Diarios, Cuadernos de notas y dibujos, apuntes y manuscritos.
Singular atractivo de este sitio lo constituye el hecho de que también se puede, además de leer el texto, apreciar la versión facsimilar de la edición de 1839 del “Diario del Beagle”, en donde se refiere al Perú.
* Publicado en El Dominical del Diario El Comercio, de Lima, el 8 de julio de 2007