Extraño caso el de los historiadores peruanos (y en general, el de casi todos nuestros intelectuales) que comparten el común destino de no contar, ninguno de ellos, con unas decentes 'Obras Completas' que asegure su legado, confirme el estudio de su obra por los futuros investigadores y rinda merecido tributo y homenaje a una vida dedicada a la investigación y exploración de nuestro pasado. Porque hasta donde alcanza nuestra memoria, no hay uno solo de ellos que cuente con unas 'Obras Completas' verdaderamente completas o en una edición digna de ellos. Alguien podrá decir que Riva Agüero es la excepción, pero el caso del benefactor de la Universidad Católica no escapa al conjunto de la crítica. Es más, confirma lo dicho. Porque, para empezar, sus obras completas están todavía incompletas, no ha concluido su publicación. A lo que habría que agregar que la publicación de las mismas se ha extendido a lo largo de casi 40 años. El primer tomo de ellas, 'Carácter de la literatura del Perú Independiente', se publicó en 1962 y el último, el cuarto tomo de su epistolario, en 1998. Claro está que puede afirmarse que la obra en sí misma concluyó en realidad en 1979, con la publicación del tomo XI correspondiente a sus 'Ensayos Políticos'. Pero se podrá objetar también que entre el primero y éste último, median diecisiete años. Un tiempo demasiado extenso para un autor que cuenta con un Instituto y una universidad con los recursos suficientes para haber hecho un trabajo todavía mejor del que hicieron y en menor tiempo. Pero si el de Riva Agüero es un caso objetable, el de otros historiadores es sinceramente peor. O, en el mejor de los casos, lamentable.
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De las obras completas de Víctor Andrés Belaunde, por ejemplo, se publicaron los primeros cinco volúmenes y hasta el día de hoy no se ha vuelto a hablar ni a saber nada de su continuación. El esfuerzo fue tan grande (se esmeraron mucho en conseguir excelentes prólogos y colofones para cada uno de los libros) que creo los agotó hasta los bolsillos. Porque hay que señalar que el material que utilizaron fue el menos afortunado. Hasta hoy se siguen amarillando, irremediablemente, en los anaqueles de mi biblioteca. Y con Jorge Basadre hay que lamentarnos por donde se mire el asunto. Él, que no cuenta ni con instituto ni universidad que se preocupe por reunir, organizar y editar su múltiple y prolífica obra, está condenado a ser leído en ediciones princeps que hacen la delicia de libreros viejos y la penuria de estudiantes. Aunque, a decir verdad, la portentosa obra de este hombre asustaría a cualquier editor. Escribió y publicó tanto (en su bibliografía existen trabajos sobre historia de la literatura, del derecho, economía, política, elecciones, etc.) que un plan de obras completas implicaría un presupuesto para años de trabajo y un equipo enorme de especialistas. Una aventura editorial que ningún editor o impresor peruano podría costear. Estamos condenados a ver reeditarse una y otra vez su ‘Historia de la República’ como si fuese la única obra que escribió.
Con Raúl Porras Barrenechea tenemos una deuda que hasta el día de hoy la Universidad de San Marcos, su mayor deudora, no ha sabido honrar. De todos los nombrados, es el único que dejó un plan de ‘obras completas’ que sus discípulos debían seguir. Pero hasta ahora sólo se ha publicado el primer tomo de ellas, ‘El Legado Quechua’, y están en preparación el segundo y tercero. Pero lo más probable es que tarden más de lo que pensamos debido a la ceguera de las autoridades de nuestra querida universidad que siempre demoran su publicación. Soy testigo de excepción como, en los últimos años, la cuatricentenaria ha venido publicando innumerables trabajos e investigaciones (todas ellas dignas de publicarse), pero cada vez que el Instituto Porras solicita la edición de un libro, recibe por respuesta oficial: “No hay dinero. Reprograme sus necesidades”. Siempre me ha asombrado cómo, en los últimos tiempos, el Instituto que funciona en la que fue casa de tan ilustre sanmarquino, siga operando con un presupuesto que año a año se reduce cada vez más. Funciona casi de milagro, y por el empeño y dedicación de sus directivos y trabajadores.
Recuerdo en este instante los trabajos inéditos de Evaristo San Cristóbal (entre ellos, ocho tomos de una ‘Historia del Periodismo Peruano’ llenos de erudición), que duermen el sueño de los justos, olvidados en los estantes de la Biblioteca Nacional, esperando un benefactor que los reúna y publique juntamente con las obras que publicó en vida. De ese modo los historiadores jóvenes conocerían la obra de un historiador diestro en su oficio y muy atento a los mínimos detalles.
Con Luis E. Valcárcel y Julio C. Tello se repite la historia. Carecemos de obras completas de investigadores que resultan capitales en el desarrollo del pensamiento social en el Perú. Con los jóvenes (sin sorna, pero hay que decirlo de alguna manera) y que todavía están vivos, como es el caso de Pablo Macera y mi maestro Miguel Maticorena, el panorama se cierne todavía más desalentador. Sus trabajos, abundantísimos, están dispersos en un sinfín de publicaciones, revistas, periódicos, prólogos, capítulos de libros, etc., que reunirlos será una tarea proteica, digna de ellos y de quien la realice. Como lo fue, por ejemplo, el caso de las ‘Obras Completas’ de Alberto Flores Galindo, que están casi por concluir su edición gracias al esmero y dedicación de sus amigos y viuda, con lo que queremos afirmar que en este país proyectos de este tipo son aventuras personales, esfuerzos privados de discípulos y amigos, de la propia familia. En ese sentido, también se me viene a la memoria las ‘Obras Completas’ de Aurelio Miró Quesada, eximio garcilacista, que tuvieron feliz culminación gracias a la terca decisión de su hija y de Héctor López Martínez, sin los cuales nos hubiesemos privado de una obra que se caracteriza por su erudición y una prosa extraordinaria. Puro mérito familiar y amical, en donde el Estado brilla por su ausencia.
Porque hay que decirlo claramente. Aquí las autoridades que elegimos se empeñan, cada vez con mayor éxito, en despreciar la cultura (y vaya que si lo saben hacer muy bien) representada en el libro y en su mejor exponente, el intelectual que los produce. Un desprecio que sienta escuela. Sino, recuerden la Biblioteca de Clásicos Peruanos que en cien tomos debía publicar uno de los bancos más importantes del país (sino el más importante), y de los cuales sólo llegó a publicar los primeros siete u ocho. Los necesarios para hacer la foto que saldrá al día siguiente en las páginas de sociales de los diarios o los requeridos para justificar una deducción de impuestos. Que pena.
viernes 7 de marzo de 2008
Obras Completas (y otras historias inconclusas)
Posteado por JMM a las 2:50 PM
Etiquetas: La Tribu de Clío
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1 comentarios:
se tiene que considerar que las luchas de todos nuestros pueblos, estan encaminadas a un pensamiento unico de unidad, igualdad, solidaridad, justicia,hermandad, el bien comun y la intagracion latinoamericana.Estos son valores importantes que dejo impregnado el pensaniento del libertadorSIMON BOLIVAR, el cual promuebe la libertad de nuestros pueblos para alcanzar la mayor suma de felicidad posible.Por eso es importante mantener nuestras luchas hasta liberarnos de el imperio norte americano y así obtener nuestra victoria en la uniñon de un bloque latinoamericano en busqueda de establecer una economía solida, la cultura, la identidad ancestral, los valores,el pensamiento politico y el intercambio comercial en ayuda a nuesroa pueblos mas débiles.
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