Hoy es el Día del Libro y hubiera querido celebrarlo de mejor manera, tal vez escribiendo un post sobre su historia y cómo ha sobrevivido a tiempos de barbarie peores que el presente. O tal vez referirme a aquellas obras y autores prohibidos en tiempos y lugares distintos, incluido el Perú. O hacer la reseña de libros que hablan de libros como los de Alberto Manguel o Roger Chartier. Mejor aún, escribir algo sobre esa estupidez que habla de su inevitable desaparición ante la arremetida de Internet y las nuevas tecnologías. En fin, tantas cosas que se pueden escribir sobre el objeto más marvilloso que existe sobre la tierra, pero la falta de tiempo obliga a dejar estos deseos para otra oportunidad. Pero a pesar de lo dicho, no quiero dejar pasar la ocasión para mencionar dos libros que me cambiaron la vida y sin los cuales seguramente no sería la persona que soy ni me dedicaría a lo que me dedico. El primero de ellos, la que tal vez sea la mejor novela de Mario Vargas Llosa, La Guerra del Fin del Mundo. El otro, Conversaciones con Basadre, de Pablo Macera; dos libros que me descubrieron un tipo de Historia muy distinta, y mejor, a la que se cuenta en los textos escolares. Y recomendar, a su vez, otros dos que estoy leyendo actualmente y de los cuales daré cumplida cuenta más adelante: Vida y destino, de Vasili Grossman, y la historia de La Primera Guerra Mundial, de Martin Gilbert; dos extraordinarios libros sobre dos de los acontecimientos claves del siglo XX. Lecturas que convierte todos los días en el Día del Libro. Afortunadamente.
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1 comentarios:
Y no faltara quien denigre de los libros...Pero usted y yo sabemos que nada ni nadie los podrá sustituir...porque aun las bitacoras (los blogs) son una indirecta prolongación de ellos...Saludos.
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