Acosta se encuentra de nuevo en Lima, luego de más de 400 años, a través de su obra cumbre Historia Natural y Moral de las Indias -HNMI- de 1590. Es un acontecimiento celebrado por los especialistas en temas del siglo XVI, que no deben ser pocos, y que seguramente sabrán apreciar esta importantísima edición crítica del académico español Fermín del Pino-Díaz, del Consejo Superior de Investigaciones Científicas de Madrid. En esta reedición se han dado la mano la UNMSM, la U. Antonio Ruiz de Montoya y la Organización de Estados Iberoamericanos. El CSIC madrileño ha invitado a instituciones nuestras a sumarse a esta empresa editorial, a dejar de lado la actitud de beneficiarios pasivos y más bien, quizá por primera vez en este caso, a colaborar para que Acosta vuelva a casa en su obra clásica y en una bella edición. Josef de Acosta (1540-1600), dejó Lima en 1583, para regresar a España, vía México, donde se quedó casi un año para conocer la historia de los aztecas y poder luego compararla con la de los incas, romanos y chinos. Es un personaje singular por muchas razones. Entre ellas, las siguientes: llegó como un joven intelectual jesuita en 1572, con una excelente formación en textos clásicos y teológicos y casi de inmediato inició sus famosas visitas al interior andino. Realizó tres: 1573-74; 1576-77 y 1578-79. Las dos últimas las hizo como provincial de la Compañía de Jesús en el Perú. Estas visitas, como dice Michel Foucault en su libro La verdad y las formas jurídicas, tenían como objeto hacer "indagaciones" por la verdad de las cosas: conocer las parroquias, revisar sus registros parroquiales, conversar con los naturales, con los notables bien informados (como Polo de Ondegardo en este caso), conocer el mundo natural y moral de estas poblaciones. Hay que esperar hasta Antonio Raimondi, hombre de la modernidad europea, en el siglo XIX, para encontrar un ejemplo similar. Por eso, hoy que comento a Acosta, no puedo sino sonreír al pensar en el libro Paisajes peruanos de Riva-Agüero, donde describe su "trabajosa y sorprendente" travesía entre Cusco y Lima en 1912, que fue recibido como el gran reinicio del interés de los intelectuales limeños por el interior andino.
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Siempre tuve curiosidad, en mis años de tesis de bachiller, por leer a Acosta. Me llamó la atención que sus obras se encontraran en las nueve bibliotecas que estudié bajo la dirección de Pablo Macera. Igualmente en todas ellas estaban las obras de Antonio Vieira (1608-1697), célebre jesuita brasileño de origen portugués, que no tuve ni tiempo ni curiosidad por leer ya que yo buscaba los signos de la Ilustración en estas bibliotecas y dejé de lado lo realmente existente, las estrategias y políticas misioneras jesuitas, que sí afectaron profundamente a las poblaciones indígenas. Fermín del Pino-Díaz siempre lo entendió muy bien, y por eso, desde 1978, se empeñó en estudiar la HNMI, que ahora concluye-en parte, supongo- con esta edición crítica que aparentemente supera a todas las anteriores de los siglos XIX y XX, en calidad y fidelidad al texto original. Las razones técnicas están expuestas en la introducción y son muy convincentes.
¿Por qué es tan importante la HNMI? ¿Cómo un jesuita, teóricamente parte del brazo intelectual del imperio evangelizador, pudo escribir una obra como la HNMI? Pero no solo eso, sino que Acosta -en esta obra-parece salirse por momentos de la episteme renacentista, de la manera de pensar y producir conocimientos de esta época, para plantearse temas y preguntas de los siglos siguientes. Por ejemplo, nos dice que si la naturaleza del Nuevo Mundo tiene una razón, las costumbres de los hombres que viven en ella deben tenerla también. Que las idolatrías, ritos y costumbres, de los incas, aztecas y romanos, son en realidad sus religiones y no hay olvidar esto al evangelizarlos. En otra parte nos dice "El grano de maíz en fuerza y sustento pienso que no es inferior al trigo". Pero además hace observaciones técnicas que sorprenden, como cuando dice que un tercio, cuando no la mitad, de la plata que sale de Potosí se queda sin "quintar" -sin registro oficial- en estas regiones, trasladándose hasta los más recónditos lugares en los Andes.
No podemos pedirle a Acosta que se escape a su tiempo, que eluda la episteme renacentista, su formación religiosa, su pertenencia a la Compañía de Jesús. Eso era imposible, por eso nos sorprende su actitud intelectual, su curiosidad por entender al otro, su doble diálogo, tanto con sus pares jesuitas, con la Inquisición, como con los que lo entienden como Polo de Ondegardo, interesado también en descubrir este país. Por eso siempre nos fascinará Acosta, su actitud, su escondida independencia intelectual y generosidad humana. De nuevo, bienvenido al Perú.
* Publicado en La República, el 21/08/2008
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