Historia e historieta

. domingo 21 de septiembre de 2008
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Hace un par de días se celebró el Día de la Historieta Peruana y haciendo propicia la ocasión quería referirme ahora a este trabajo peruano, Rupay. Historias gráficas de la violencia en e Perú, 1980-1984, por el gran significado que encierra como objeto y como resultado. Es decir, a la relación que existe entre historia e historieta, tan poco frecuentada entre nosotros lamentablemente. Porque, pese a tener entre nosotros grandes historietistas, salvo las incursiones en el género de Juan Acevedo y alguno que otro esfuerzo aislado, la historia generalmente ha estado ausente de las historietas hechas en el Perú; y lo que es más inexplicable aún, de las aulas de nuestros colegios que es donde este tipo de relaciones deberían abundar. (Aquí no viene a cuento incluir o considerar las historias o libros que se publicaron con anuencia, e incluso financiación, de algún ministerio castrense sobre la Guerra del Pacífico o la biografía de algún héroe o prócer nacional y que se repartían gratuitamente con revistas de esos mismos ministerios). Es en ese sentido que saludamos y celebramos vivamente la publicación de "Rupay", que viene a llenar ese vacío. Una novedosa y valiente forma de contar la historia de nuestro tiempo presente.

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Aunque el libro se presentó el pasado mes de julio en la Feria Internacional del Libro, no había tenido hasta ahora la oportunidad de revisarlo, de leerlo por la sencilla razón de que estaba casi agotado, desaparecido. Espero que dicha ausencia se deba a que el libro se vendió bien y no a otras razones ajenas al libro mismo (timidez o temor de los distribuidores, escaso tiraje del libro, presiones políticas de algún tipo) que prácticamente lo desaparecieron de nuestras librerías. En fin, espero que esta sea una equivocada impresión y que en verdad Rupay se haya vendido mucho. Por la sencilla razón de que su lectura es, si bien no obligatoria, sí urgente para aquellos que nos dedicamos a escribir historia, a auscultar la coyuntura política y, esencialmente, a emitir opinión. Porque los autores de este libro nos han dado la humilde lección de que se puede decir mucho y bastante en apenas un centenar de páginas. Así que por donde se le mire, Rupay representa una lección y modelo a seguir. Es sorprendente como el lenguaje del comic puede a veces llegar a superar en resultados al lenguaje académico de nuestros historiadores, de algunos de ellos por lo menos.

Por eso, no puedo dejar de preguntarme si la congresista Cabanillas habrá leído ya el libro y si estará planteándose la interrogante de si hay algún tipo de apología del terrorismo en sus páginas. Afortunadamente nuestros congresistas andan tan ocupados con las cuentas de sus gastos operativos, que seguramente todavía no lo ha hecho y esperemos que no lo haga por un buen tiempo para disfrutar de las próximas entregas (el libro abarca el periodo 1980-1984, así que debemos suponer que hay material para rato).