Memorias y desmemoria en nuestras instituciones

Nunca me ha quedado del todo claro porque las memorias de gestión de las instituciones (y en especial de las públicas) son impresas en ediciones que haría sonrojar al editor más exigente. Tal pareciera ser que existe la firme convicción, entre los responsables de escribirlas y publicarlas, de que mientras mejor sea su presentación, más lujosa su edición, mejor será entendida en esos términos la gestión que pretende reseñar. Resulta un hecho irrefutable que nadie les ha explicado que una cosa no guarda necesariamente relación alguna con la otra. En absoluto. No sé entiende entonces por qué tanto empeño con el papel couché, la profusión de fotografías y la diagramación exquisita a todo color de estos documentos como si se trátase de la ocasión propicia para publicar de manera inmejorable su libro más importante. La Memoria Institucional 2007 que acaba de publicar el Instituto Nacional de Cultura no constituye en modo alguno la excepción.

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Otro hecho que me llama la atención de estos documentos, es que suelen ser poco autocríticos. Están escritos como si todo, durante el periodo que comprenden, les hubiera salido más que bien, excelente. Nunca hay una mención del tipo "nos equivocamos", "fallamos en hacer esto", "nos faltó tiempo", o al menos una de la clase "para la próxima será, esta vez no". La Memoria del INC nada dice, por ejemplo, de los decretos de desmonumentalización que sólo en esta gestión ha abierto las puertas a la desaparición de gran número de monumentos históricos pertenecientes al patrimonio cultural de la nación en aras del desarrollo urbano. O del presupuesto casi franciscano de nuestros museos que los obliga a trabajar en condiciones mínimas, ya ni se diga de la nula investigación en ellos. O del abandono de nuestra Orquesta Sinfónica Nacional.

A propósito de la 'desmnumentalización' de nuestro patrimonio, el reciente caso del Templo del Señor de Luren es el ejemplo paradigmático de esta aberración. Hace un par de semanas (el sábado 13 de setiembre) la revista Somos del diario El Comercio, puso en conocimiento de la opinión pública lo que el INC ha permitido y que no aparece por ningún lado en su Memoria. Se desmonumentalizó un monumento que no lo requeria y con ello se abrió la puerta a una futura edificación con oscuros intereses de aires tan modernistas ('historicismo ecléctico' lo llama acertadamente el redactor del diario) que supongo que será considerado monumento histórico de aquí a 200 ó 100 años, claro está si es que sobrevive a ese tiempo, porque con esa filosofía de trabajo no me extrañaría que otra administración del INC en un par de años lo desmonumentalice para dar paso a una tercera y cuarta y quinta edificación. En fin, cosas de nuestras instituciones. Al menos debemos agradecerles que sus Memorias de gestión las hagan tan bonitas.

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