Más sobre el libro de CCSS (*)

Por Luis Jaime Cisneros

Le leído y releído concienzudamente el libro de Ciencias Sociales editado por el Grupo Editorial NORMA, dirigido a los alumnos de quinto de Secundaria. He tomado en cuenta a quién va dirigido, qué ayuda bibliográfica utiliza, cómo ha previsto la progresiva evaluación de los temas y cómo se va asegurando la calidad del aprendizaje. Por eso he decidido intervenir en la discusión entablada. Tengo en cuenta que desde hace seis décadas tropiezo en la universidad con muchachos que han finalizado su Secundaria el año anterior.

¿Quiénes son estos muchachos? Están entre los 16 y 17 años, sacarán pronto su DNI y votarán en las próximas elecciones presidenciales. Los necesitamos en condiciones de pensar y razonar. La escuela tiene que haberlos ayudado a descubrirse como 'personas' y a razonar, mostrándose serenos y tolerantes para asumir actitudes críticas en una hora en que negros nubarrones amenazan toda escala de valores. Eso esperamos de una escuela que haya asegurado la calidad del aprendizaje.

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Un libro de texto escolar supone dos obligados usuarios: el alumno destinado a aprender y el maestro, responsable de conducir, orientar y estimular la lectura oportuna y la asunción de la actitud crítica respectiva. El libro de texto no está librado a la lectura desatenta e inopinada del discurso. Si un libro de texto nos prepara para acceder al conocimiento tiene que estar abierto a los avatares de la razón: sobre todo si es un libro que trata de lo que ocurre en la sociedad y tiene que ver con las ideas y las propuestas ciudadanas.

Las Ciencias Sociales no son una ciencia exacta: el debate es arma de trabajo que nos ayuda a precisar el alcance de los valores y a comprobar el peligro de los fundamentalismos y los odios y venganzas. Cuando los estudiantes leen hoy un texto en que se habla de protestas y revueltas, de guerrillas y acuerdos y desacuerdos sociales, políticos y económicos, leen en los periódicos noticias sobre huelgas de médicos, huelgas y protestas de trabajadores y de estudiantes, las que se dan no solamente en el país sino en todo el mundo.

No podría juzgar el texto en cuestión si no tuviera en cuenta los propósitos que animan a los autores, y que encuentro detallados en las páginas iniciales. Me interesa destacar el armazón en que descansa toda la estructura docente del volumen. El propósito general de la obra queda expresado en los siguientes objetivos: a) educar para los derechos humanos, el amor, la familia y la sexualidad; b) para la convivencia, para la paz y la ciudadanía; c) para la tolerancia y la honestidad, para la responsabilidad y la solidaridad, con el fin de consolidar una educación ética.

La estructura del libro explica el evidente propósito pedagógico que lo anima. En las páginas iniciales se explican los métodos por seguir: una situación problema busca la comprensión lectora del alumno y estimula tanto el pensamiento crítico cuanto el creativo. Con intención motivadora, se utilizan para presentar los temas "imágenes estimulantes", una cita bibliográfica y preguntas de reflexión que promueven el debate. Para ilustrar cada capítulo se ofrece información relativa a las regiones, asegurando al texto, de ese modo, poder reflexionar sobre la extensión del territorio nacional.

Algunos temas resaltantes: como la prensa ha destacado los temas de violencia, hablaré sobre ellos. Respecto a las guerrillas, y tras explicar que en 1989, cuando surgió en Huamanga la primera pandilla juvenil, leemos que "muchos de sus miembros fueron asesinados por SL". La información procede (y el libro lo consigna) de una publicación de la universidad ayacuchana de 2002. Dos páginas más tarde, tratando de la carrera armamentista en el mundo, que ha obligado a invertir el 40% del gasto mundial en armas, el alumno es invitado a justificar que un país invierta en armamento "dejando de lado la atención a otras necesidades de la población" (p.19). En la página 22, tras confrontar los retos a que se ve convocado el ser humano, paz o violencia, leemos fragmentos de una carta de María Elena Moyano, asesinada por SL, a propósito de la cual se pregunta al alumno "si es posible vivir de acuerdo con los valores de una cultura de paz". Contrastando con estas noticias sobre violencia, se exalta lo que significó el Mahatma Gandhi. Este contraste entre la figura de Gandhi, ciertamente inesperada para un alumno de este siglo, sirve para tener bien presente el contraste entre la paz y la violencia, y resulta adecuada perspectiva para hablar de la violencia en el Perú.


* Publicado en La República, 28/9/2008

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