Sí, ya va siendo hora de que entre nosotros la historia sea menos académica, menos seria y menos acartonada (que no es lo mismo que decir que menos rigurosa), y que de una vez por todas salga a la calle a conquistar nuevos lectores y nuevas audiencias que no sean los que ya existen en las aulas de nuestras universidades y de nuestros institutos. O sea que entre nosotros, país de historiadores notables y de escritores más notables todavía, se está dejando extrañar desde hace mucho tiempo una buena revista de divulgación histórica, de esas que son de quitarse el sombrero, atesorar con cariño y heredar a los hijos. Porque aquí, en nuestro cada vez más empobrecido y reducido periodismo cultural, el papel couché y la ilustración a color sólo ha servido para el desfile de modas de temporada, los amoríos de turno o los enredos sin cuento de una farándula local cada vez más venida a menos. Hay que decirlo y escribirlo con letra bien clara: resulta poco menos que increíble que en un país donde campea la pobreza extrema, el analfabetismo es todavía un baldón sin resolver del todo y 'parar la olla' es una odisea cotidiana, la gran mayoría de revistas que circulan sean de gastronomia o espectáculos. La historia entre nosotros está condenada al cenáculo académico y especializado, lo cual no es malo pero sí muy triste por aquello de que "un país que no recuerda su pasado está condenado a repetirlo". Y en nuestro caso, infinitamente una y otra vez. Qué pena porque siendo un país con una larga tradición de excelentes revistas literarias y de historia, hasta ahora no ha habido una sola de divulgación histórica que seduzca por su factura, destaque por su precio y provoquen respeto sus contenidos. O sea, que llegue al gran público y se apropie de él y ellos de ella.
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La que mencionamos es una aventura cultural y periodística que a la fecha no ha seducido a ningún periódico, editor o grupo editorial a apostar por ella. Y no lo hará tampoco mientras nosotros mismos, historiadores, periodistas y editores, no empecemos por cambiar nuestras formas de hacer negocios, nuestros hábitos culturales y, sobre todo, nuestra forma de entender y escribir la historia. Porque, ¿que alcen la mano todos aquellos que han dicho que la historia es aburrida y no vende? No saben cuánto se equivocan.
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Estimado Reportero,indudablemente que la Historia vende,y eso lo debes saber muy bien ya que en el diario en que trabajas, cada cierto tiempo saca a la coleciones de historia, pero el problema radica en su costo, que no baja de 25 soles. Seguro recuerdas la colección de Historia Universal que sacaron, yo la adquiri en remate, cada tomo a 6 soles, y te diré que en un instante se agotaron todoso los libros. Hace años un periódico arequipeño, ya fenecido, saco una colleción de folletos a color sobre la historia del centro monumental de la ciudad, escrito por el Dr, Guillermo Galdos, fue éxito total, el costo del periódico era de 1 sol, luego el diario se dio cunta del exito y saco más suplementos, y entodos les fue muy bien. Creo que si se puede acercar la Historia hecha por historiadores al comun de la gente, pero debemos tener en cuenta el costo del diario. Éxitos para este nuevo año.
Completamente de acuerdo contigo. Tenemos que hacer que el divorcio que existe entre la historia académica y las personas de nuestra nación (y que tan perversamente se muestra en los contenidos de las curriculas de la escuela referidas a la Historia) deje de ser eso, un divorcio y con creatividad se pueda coseguir una larga y productiva luna de miel. Creo que Antonio Zapata o Gonzalo Torres andan por ese camino, se necesita más iniciativas. Los blogs como el tuyo son piezas imprescindibles y oportunas para este cambio.
Jorge Bedregal