El tema de cómo se le enseña la historia a los estudiantes o a una comunidad determinada siempre ha sido y será asunto de debate. Se afirma, en ese sentido, que no hay historia objetiva o libre de algún matiz o prejuicio nacionalista. Lo prueba, en este caso, el de los albaneses y serbios y la Guerra de los Balcanes. El conflicto de los Balcanes, que aportó al mundo el concepto de "limpieza étnica", es abordado en los textos de historia de uno y otro lado de manera muy distinta. En el siguiente reportaje de Europeans el asunto queda más que claro. Además, aporta la noticia de un proyecto que busca escribir una historia común y desprovista de triunfalismos o victimismos ¿Es posible ello? ¿Es posible escribir una historia crítica sin pretender manipularla? Queda abierto el debate.
La historia como herramienta de guerra
Etiquetas: Debate, El Taller de Clío, Noticias del Exterior... Y también de Lincoln
Sí, también de Lincoln. Atareados como estamos todos con el bicentenario de Darwin, nos hemos olvidado que hoy también lo es de Abraham Lincoln, el décimo sexto presidente de los Estados Unidos, emancipador de los negros de su país y, esencialmente, el hombre que salvó a la Unión del desastre de la Guerra Civil. La importancia de Lincoln, que pareciera necesario no tener que señalar, no radica, como muchos suelen creer, en haber abolido la esclavitud, sino en el hecho de que fue su enorme sentido de la historia lo que le permitió entender que emancipación o no, guerra civil o no, la integridad del país era lo único que tenía que prevalecer por encima de todo. Resulta obvio decirlo, pero los mejores enlaces son aquellos que están en inglés. Como el del sitio oficial de la Casa Blanca que ofrece una breve pero muy buena biografía de Lincoln (aunque lo bueno de este sitio, en realidad, es que ofrece la biografía de los 44 presidentes y la historia de la propia Casa Blanca). El directorio biográfico del Congreso de los Estados Unidos también es una buena guía bibliográfica y documental sobre el personaje. Otro tanto lo constituye la The Alfred Whital Stern Collection of Lincolniana de la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos, con manuscritos, cartas, documentos y objetos del presidente estadounidense. Y, aunque mi inglés no es muy bueno, he podido apreciar gratamente en Youtube este video sobre Lincoln con ocasión del Convención Nacional Republicana de 2008. También puede visitarse este sitio que es un excelente trabajo de divulgación e información en torno a Lincoln.
De igual forma, y pese al enorme interés que tiene para mí el tema de Lincoln y la Unión, me excuso por ahora de escribir algo, dejando tal compromiso para otra oportunidad y no sin antes alcanzarles también algunos enlaces útiles para conocer la figura y importancia de Lincoln, algo no muy díficil de lograr.
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Bicentenario de Darwin
Hoy es el bicentenario de Charles Darwin y el mundo entero (incluido Google, que hoy publicó su logo con un diseño alusivo a la fecha) se apresta a celebrarlo como Dios manda. Y aunque quisiera escribir algo al respecto, por falta de tiempo dejo para otra oportunidad su semblanza y una puesta al día de sus teorías 150 años después de esbozadas. Por ahora los dejo con una serie de links que pueden ayudar a conocer más sobre el y su obra.
Aparte del especial del diario El Mundo que hace unos días reseñé, también podemos visitar el que ha preparado la Sociedad Española de Biología Evolutiva y el adelanto de su Autobiografía (sin censuras) que Domingo, de El País nos adelantó el último domingo. Tampoco tienen pierde los artículos de Ramón Carrero y Guillermo del Olmo publicados hoy en ABC de España. Y para acabar esta primera parte, en este otro podemos bajarnos los tres tomos de "El origen de las especies"
En inglés hay una serie de enlaces que permiten acercarnos mejor a Darwin. Su Casa Museo en Down House, Londres, es un buen punto de partida. Otro lugar a visitar es el que nos lleva a sus Obras Completas, un proyecto de digitalización de sus obras originales. Luego está también su Correspondencia que nos permite conocer a un Darwin más íntimo. Y, finalmente, esta página web dedicada a la vida y tiempo del padre de la evolución.
Ah, por cierto, también puede ser de algún interés esta nota que publiqué hace un tiempo sobre Darwin en el Perú.
Homenaje a Víctor Li Carrillo
En el homenaje participarán el Dr. Jorge Puccinelli, director del Instituto Raúl Porras Barrenechea; el Dr. Luis Cervantes Liñán, rector de la Universidad Inca Garcilaso de la Vega; el Dr. Manuel Velásquez Rojas (Semblanza del autor), la Dra. Magdalena Vexler (Contribuciones filosóficas), el Dr. Raimundo Prado Redondez (El magisterio de Víctor Li Carrillo) y el Lic. Christian Córdova Robles (Aportes metodológicos).
El viernes 13 de febrero a las 7:00 p.m. se realizará un homenaje al Dr. Víctor Li Carrillo en el auditorio del Instituto Raúl Porras Barrenechea (Colina 398, Miraflores). El homenaje es organizado por este instituo de investigación de la Univesidad de San Marcos y la Universidad Inca Garcilaso de la Vega. En el acto se presentará el libro "La enseñanza de la filosofía del Dr. Víctor Li Carrillo".
Víctor Li Carrillo (Chincha, 1929 - Lima, 1988) estudió Filosofía en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (1948-1951), en la Universidad de París (1951-1954) y en la Universidad de Friburgo (1954-1958). Entre sus primeros escritos destacan aquellos dedicados a la filosofía antigua, particularmente sobre Platón. Platón, Hermógenes y el lenguaje (1958) y Las definiciones del sofista (1966) son libros en los que presenta lo más avanzado del método filológico-histórico para abordar el problema del lenguaje en Platón llevado por la impronta heideggeriana. Sin descuidar los estudios y escritos especializados sobre filosofía griega antigua, emprende, a partir de 1960, el estudio de las matemáticas y el estructuralismo, consiguiendo una nueva visión de la realidad y la filosofía, como puede apreciarse en La situación de la filosofía contemporánea (1966) y La enseñanza de la filosofía (1967). Además de la actividad, desempeñaba cargos administrativos importantes como decano de Estudios Generales en la Universidad Simón Bolívar de Venezuela y jefe del Departamento de Filosofía en la Universidad de San Marcos, promoviendo desde esas funciones la innovación de los cursos de filosofía de acuerdo con el avance de la ciencia, la que cultivó con pasión hasta el final de sus días.
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Más información en:
Instituto Raúl Porras Barrenechea
Calle Colina 398, Miraflores
Central Telefónica 619-7000 Anexo: 6102. Telefax: 445-6885.
E-mail: [email protected]
El caso Williamson y el Negacionismo
Etiquetas: Noticias del ExteriorEl día de hoy el diario La Nación, de Argentina, publica una interesante entrevista a Giovanni Maria Vian, director del diario L´ Osservatore Romano, el diario del Papa como se le conoce (hay edición en español), en la cual queda bien claro lo que todos ya sabemos y conocemos: que el levantamiento de la excomunión al obispo ultraconservador Richard Williamson le ha hecho un gran daño a la Iglesia Católica, pero no tanto por sus posiciones conservadoras sino por ser un reconocido negador del Holocausto. Al respecto, hoy publico en el diario El Comercio de Lima una nota sobre el tema. Ojalá que no haya más razones para seguir escribiendo sobre tan lamentable personaje. Y si a alguien le quedan dudas de lo dicho por Williamson, aquí los dejo con sus asombrosas declaraciones.
Letras Libres y la Civilización del Espectáculo
Etiquetas: HemerotecaYa se encuentra en línea la edición de febrero de Letras Libres que trae como plato de fondo un artículo de Mario Vargas Llosa sobre "La civilización del espectáculo", una dura crítica a la banalización y la frivolidad en la que ha caído la cultura contemporánea y de la que es una palpable muestra ese esperpento que conocemos como literatura light. Un fenomeno al que no escapa la política y el arte de nuestro tiempo. Un artículo de imprescindible lectura del cual no me resisto a copiar el siguiente párrafo: "La literatura light, como el cine light y el arte light, da la impresión cómoda al lector, y al espectador, de ser culto, revolucionario, moderno, y de estar a la vanguardia, con el mínimo esfuerzo intelectual. De este modo, esa cultura que se pretende avanzada y rupturista, en verdad propaga el conformismo a través de sus manifestaciones peores: la complacencia y la autosatisfacción.
En el mismo sentido del especial, el número trae una entrevista de Claudio Magris a Alessandro Baricco, el autor de Los Bárbaros. Ensayo sobre la mutación en el que aborda el mismo asunto de la revista: el declive de la cultura occidental y quienes son sus responsables.
Destacan también en este número las notas sobre el reciente conflicto en Gaza a cargo de Michael Walzer y Bernard-Henry Levy. El resto del material, como siempre, es de primera.
El megajuicio en la red
Juicio a Fujimori, pese al sesgo pro-víctimas que tiene (y que nadie podría discutirle dada la naturaleza de los crímenes), no impide reconocerle el excelente trabajo informativo y documental que realizan. Mención especial merece su Resumen de sesiones" del juicio que ayudará mucho a quienes algún día escriban la historia del mismo.
El especial de El Comercio sobre el megajuicio al que nos hemos referido líneas abajo no es el unico sitio útil para enterarnos sobre él, pero sí el que mejor lo resume. Pero si de lo que se trata es de documentarnos y hacer un verdadero trabajo de rastreo y pesquisa de todo lo que se ha escrito y dicho en torno a él hay otros tres que cumplen muy bien esa tarea.
Fujimori on trial:: Fujimori Procesado es un blog bilingüe sobre el proceso que tiene como objetivo proveer materialinformativo y de análisis sobre el caso Fujimori, a partir de una entrada por cada sesión de audiencia. Es, hasta donde hemos podido revisar, un ejemplo temerariamente imparcial y frío de objetividad legal. Tal vez porque parece dirigido más para el análisis por estudiantes de derecho que a un público general. De cualquier modo, sumamente útil.
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Sobre Juicio y sanción a Fujimori ya nos hemos referido en otra ocasión. Sólo cabe repetir lo que dijimos aquella vez y que sigue siendo tan válido como ayer: Todo un acierto de Aprodeh para el conocimiento de la historia contemporánea del Perú.

Un héroe de nuestro tiempo
Todos tenemos héroes. De niños o adultos, de capa y espada o con poderes de otro mundo, nuestros héroes nos acompañan siempre. El mío no tiene ni capa ni espada ni poderes de superman. Es un simple mortal que con su trabajo, más simple todavía (es periodista), ha cambiado la vida de muchos y la de él mismo, que la ha desgraciado. Si en algo sí se parece a los héroes de fantasía es en que cada día de su existencia lo vive como si fuera el último, al borde mismo de la muerte, con una sentencia de excomunión de este mundo dictada por los malos, que en este caso además de malos son cobardes, muy cobardes. Porque eso de combatir palabras impresas con balas, sólo es de cobardes. Su nombre es Roberto Saviano. Un auténtico héroe de carne y hueso.
Megajuicio a Fujimori
Ahora que el juicio a Fujimori ha entrado en su etapa final, una manera muy oportuna de ponerse al día en los más de 400 días de juicio es revisando el especial multimedia "El megajuicio a Fujimori" del diario El Comercio, que además de ser un buen resumen está realizado con la objetividad y solvencia que requiere esta información. Recordemos que es el primer caso en nuestra historia que se enjuicia a un ex gobernante por violación de derechos humanos. La sentencia que se le imponga, mínima o justa, será ante todo una sentencia moral que lo incapacite, 'moralmente' al menos, para volver a la política peruana. Pero tratándose de Fujimori y sus seguidores, todo es posible. Hasta el cinismo más desfachatado. Por cierto, tampoco se pierdan el de los 'Petroaudios' que está igual de bueno.
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¿Un pirata ilustrado?
Etiquetas: Al margenSin quererlo y lamentarlo mucho, esta semana la empiezo 'tijereteando' como loco (como cuy en tómbola, como se dice aquí en mi tierra). Es inevitable. Casi irrefenable. Y es que hay cada tesoro de cultura o de escritura que uno encuentra navegando por la red, que no queda más remedio que usar la tijera y pegarlo aquí. Es casi como cuando uno iba a las hemerotecas y se encontraba con artículos, notas, editoriales, crónicas o reportajes olvidados por todos y aparentemente para siempre, cuando muy bien deberían estar figurando en la mejor antología universal del periodismo. O cuando, más familiar todavía, uno se guardaba ese recorte periodístico para leerlo o consultarlo más tarde. Así, cierro este día con tres tijeras de las mejores que he encontrado mientras buscaba información para una nota en el diario donde trabajo y que me ha parecido que debían estar aquí, para su goce y el mío. Porque así somos los piratas ilustrados: Derrochadores con lo ajeno.
El revisionismo histórico español (*)
Por Javier Tusell
Revisar es un verbo que necesariamente conjugan cada día los historiadores. La Historia, en definitiva, es una aventura intelectual, por fortuna llena de sorpresas, en la que cada generación e incluso cada individuo se pregunta a partir de una serie de premisas colectivas e individuales. Ningún calificativo más inapropiado para la Historia que el de "definitiva". Geyl aseguró que la investigación histórica consistía en un debate sin final y Veblen llegó a la conclusión de que cualquier investigación en ciencias sociales empezaba con una pregunta y concluía al menos con dos. En España ha aparecido un revisionismo histórico en los últimos tiempos que siempre ha movido a la duda acerca de si merecía la pena dedicarle alguna atención. Lo cierto es que, en términos de ciencia histórica, rotundamente no es así, pero quizá la respuesta debe ser positiva en cuanto denota un deslizamiento de la derecha social y política hacia un neoconservadurismo radical. Consigue cierto éxito entre un público lector, poco propicio a sofisticaciones, pero de ahí no deriva su peligrosidad. ésta consiste en difundir una serie de presunciones que en nada facilitan la convivencia.
Pero una cosa es revisar y otra muy diferente el "revisionismo". Todo historiador parte de unas fuentes primarias y logra una interpretación original que se escribe en el hipertexto de nuestros conocimientos y que sin duda será objeto de reconsideración. El "revisionista" actúa de otro modo. No parte de preguntas, sino de seguridades o de presunciones. No acude a las fuentes primarias, sino a las secundarias que pretende elaborar con originalidad. Lo hace, sin embargo, con extravagancia acudiendo a interrogantes inapropiados que remiten a la posición partidista que ya ha adoptado. Elude la técnica del historiador y por eso suele magnificar el dato irrelevante para sus propios fines o tomar la parte por el todo. Huye de matices porque lo suyo es el dualismo maniqueo, la simplificación o la parcialidad. Ansía la polémica porque parece concederle el privilegio de una posición innovadora o situarle en idéntico plano de los profesionales de la Historia.
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Tomemos un ejemplo reciente. César Vidal ha escrito, junto a multitud de páginas sólo explicables por la necesidad de supervivencia, libros que resumen, en términos de divulgación, algunas cuestiones importantes de la Historia del siglo XX español. Pero en los últimos tiempos se ha lanzado a una desbordada actividad que le llevan a tratar desde las reinas de España hasta el enfrentamiento entre el Islam y España y las checas en el Madrid del Frente Popular. Este último es un libro insostenible no sólo por las innumerables páginas de relleno, sino por la carencia de cualquier capacidad crítica para abordar el número de ejecutados de forma sumaria entonces. Pero el libro fue utilizado como ariete nada menos que contra los portavoces del PSOE en la Asamblea de Madrid durante la lamentable comisión de investigación del verano pasado.
Pío Moa es también autor prolífico y alejado de los medios académicos con los que mantiene vanamente la pretensión de polemizar. Claro está que es muy difícil hacerlo. Puede, como en su último libro, tomar una parte de la verdad y montar una tesis por completo desmesurada y que nos devuelve a los años cuarenta. Empieza, por ejemplo, por considerar que la CEDA no era nazi, para llegar a la conclusión de que la Guerra Civil comenzó por culpa de la izquierda en octubre de 1934. Pero, además, presume una conspiración desde comienzos de siglo de izquierdistas y nacionalistas y dice descubrir su capacidad destructiva... ¡en una sociedad secreta! Pero semejante extravagancia tuvo su eco en el calificativo "masónico" que Jiménez Losantos otorgó al discurso de investidura de Zapatero.
José María Marco escribe bien y puede dar la sensación en ocasiones que con mayor fundamento que los antes citados. Pero en sus dos libros más conocidos plantea una especie de enmienda a la totalidad contra un sector de la vida española de comienzos del siglo XX que resulta más respetable: el mundo intelectual liberal. Habrían sido ellos los principales responsables de la destrucción del liberalismo de la Restauración, descrito en unos términos idílicos que no compartirían siquiera sus propios protagonistas. Ahora bien, la última presencia de Marco en el mundo editorial no se refiere a estas cuestiones, sino a haber sido el redactor del reciente libro del presidente José María Aznar.
En el trasfondo de las posiciones defendidas por estos autores hay, por supuesto, una interpretación política de consumo inmediato. No brilla, en cambio, una labor previa de trabajo en los archivos, unas preguntas coherentes con el conjunto de nuestros conocimientos, ni siquiera la mínima voluntad de saber. Todo consiste en culpar desde tiempos remotos a la izquierda -y los nacionalismos- de una actitud revolucionaria con resultado totalitario y exterminador del adversario. Y claro está que, puestos a simplificar, lo mismo podría argumentarse de la derecha. Lo abracadabrante es utilizar éste de argumentación histórica -e insostenible como tal- para la batalla política diaria y actual. A partir de su uso la convivencia es imposible.
Y claro está que también es posible partir de presunciones contrarias con el mismo resultado. Hubo un momento en que determinado tipo de ensayismo pretendió que los modestísimos regímenes liberales en realidad ocultaban dictaduras de supuestos "bloques dominantes de poder" de una burguesía incompatible con la libertad. Pero puestos a errar, también esos revisionistas hacen una interpretación absurda de lo que juzgan como tendencias dominantes de la historiografía española actual. Es por completo absurdo juzgarla por una especie de izquierdismo elemental que partiera de presunciones como las expuestas o que, por ejemplo, juzgara que la segunda República fue un régimen político ideal del que hubiera que tomar ejemplo la clase política de la transición. O que Franco careció de cualquier apoyo social y su triunfo en la Guerra Civil se explica sólo por la ayuda de Hitler y Mussolini. Ni siquiera en los momentos, transcurridas ya tres décadas, en que la desfalleciente dictadura había perdido la batalla en el mundo actual tamañas simplificaciones fueron tomadas muy en serio por más que tuvieran éxito editorial. En un libro plagado de errores y sobre el que sólo un excepcional grado de bondad permite correr un tupido velo, Ramón Tamames ofreció una versión que algo tenía que ver con lo expuesto. Hoy nadie se acuerda de él, supongo que ni su propio autor, que ha tenido el tiempo suficiente para galopar de la izquierda a la derecha.
Si merece la pena traer a colación el "revisionismo" es, en primer lugar, para advertir su conexión con un cuerpo de doctrina que cada día parece más rotundo e inasequible a las fisuras. Es un neoconservadurismo que lleva también, por ejemplo, no tanto a un norteamericanismo fervoroso como a una identificación absoluta e impenitente con Bush. Pero ésa es para la derecha española una senda que proporciona certidumbres graníticas pero de una insolvencia extrema. Quien tome en serio esos libros no es que sea un amante de originalidades excesivas, sino que viste intelectualmente de prodigioso hortera. Alimentarse de estas premisas intelectuales descubre, ante todo, inviabilidad respecto de las propias opciones políticas.
Pero hay que tener en cuenta que el "revisionismo" no se queda en estos casos extremos, sino que ha tenido su reflejo en áreas más amplias, incluso aquellas de las que cabría presumir mayor seriedad. No es tan peligroso que un periodista presente una colección documental sobre la Guerra Civil con un prólogo en que pretende que las "banderías" de los vencidos son la razón única de su derrota.Tampoco que un historiador extravagante asimile el PNV a los compañeros de viaje de los nazis. En cambio, parecen más estremecedores dos casos recientes. Al margen de la calidad de sus asesores, la mediocre serie televisiva Memoria de España fue presentada como la demostración de la existencia de un pueblo común desde tiempos remotos, en directa correspondencia con el planteamiento electoral de quienes estaban en el poder hasta marzo pasado. Y un brillante escritor como Jon Juaristi ha dedicado su último libro, farragosa enumeración de leyendas medievales, a "la reconstrucción del imaginario español", "condición necesaria para la existencia de la nación española". Como si no supiéramos que los Estados-nación no tienen su origen, sino mucho después en el siglo XVIII.
* Publicado en El País (España), el 8 de julio de 2004.
La Historia reescrita con papeles falsos (*)
Por Marcelo Justo
Como en un cuento de Jorge Luis Borges, una investigación policial descubrió que 29 documentos históricos del Archivo Nacional de Inglaterra sobre algunos episodios clave de la Segunda Guerra Mundial eran falsos. En el curso de seis años se habían introducido de contrabando pacientemente en las arcas del Archivo Nacional documentos para demostrar que Winston Churchill había ordenado el asesinato de Heinrich Himmler, el jefe de las SS, y que el Duque de Windsor, tío de la Reina Isabel II, había ayudado activamente a los nazis a conquistar Francia. La versión oficial, patas arriba
El Servicio Fiscal de la Corona señaló que había suficientes pruebas para llevar a la justicia al único sospechoso del fraude, pero que no era en «interés público», debido a la salud de esa persona y «otras circunstancias». En respuesta, ocho prestigiosos historiadores británicos exigieron ayer que se abriera una investigación pública para determinar cómo se había producido este contrabando de información falsa para reescribir la historia.
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Los documentos sirvieron de base para tres libros del historiador Martin Allen, que ponían patas para arriba la versión oficial de la Segunda Guerra Mundial. En «Hidden Agenda (Agenda oculta)», publicado en 2002, Allen sugería que el Duque de Windsor había pasado información clasificada a los nazis por medio de un espía alemán. El documento más llamativo que citaba Allen era una carta manuscrita a Adolf Hitler, firmada EP por Edward Prince, una abreviatura que solía usar el príncipe, en la que le pedía al Fürer que tuviera en cuenta la información que había memorizado su emisario.
Allen aseguraba que esa información le había permitido a las tropas alemanas conocer los puntos débiles de los franceses y dominar el país en sólo seis semanas. Según el historiador, el Duque de Windsor, que había abdicado en 1936 y era conocido por su amistad con Hitler, sería coronado rey una vez que el Reino Unido se viera obligado a firmar la paz.
En 2003 Allen publicó «The Hitler-Hess deception», sobre uno de los hechos más extraños y misteriosos de la Segunda Guerra Mundial. En mayo de 1941, en vísperas de la invasión alemana de Rusia, el número dos de Hitler, Rudolf Hess, emprendió un vuelo solitario a Escocia para, según dijo, concertar la paz entre el Reino Unido y Alemania. En su momento, ambos países lo calificaron de demente. Hess estuvo preso en la Torre de Londres y se le internó luego en un psiquiátrico. En los juicios de Nuremberg en 1946, donde fue sentenciado a cadena perpetua, nadie cuestionó esta versión de los hechos.
Según Martin Allen, el propósito de ese viaje de Hess era coordinar un golpe con los sectores británicos contrarios a la estrategia de «sangre, sudor y lágrimas» que impulsaba Churchill, remanentes del anterior primer ministro, Neville Chamberlain.
En 2005 Allen publicó la última joya de su trilogía sobre la Segunda Guerra Mundial: «Himmler´s secret war». El historiador citaba una carta de John Wheeler-Bennett, funcionario de la Foreign Office, para probar que la versión oficial era poco más que una cortina de humo.
El texto de la carta tenía el lenguaje excitante y clandestino de una novela de espionaje. «He pensado bastante sobre la situación del pequeño H.», decía Wheeler-Bennett y, más adelante, comentaba sus conclusioes: «Deberán tomarse los recaudos necesarios para eliminarlo tan pronto como caiga en nuestras manos».
Una carta posterior de Bernard Bracken, ministro de Información de Churchill, confirmaba que él había sido ejecutado. En base a estos «documentos» en los Archivos Nacionales, Allen tejía una historia diferente del final de Himmler que abonaba su tesis principal: Churchill quería borrar todo rastro del jefe de las SS por temor a que revelara las conversaciones secretas que habían tenido para un acuerdo de paz.
La versión oficial era que Himmler fue arrestado el 22 de mayo de 1945 y se suicidó con una pastilla de cianuro. Sus últimas palabras fueron «Ich bin Heinrich Himmler» (Soy Heinrich Himmler). Para Allen, todo esto no era más que una tapadera de un brutal «establishment» británico.
La interpretación de Allen contradecía con tanta violencia la versión oficial que varios periódicos e historiadores se interesaron en investigar los documentos que citaba el historiador. A primera vista parecían auténticos. Cuando los estudiaban con más detenimiento, empezaban a aparecer las divergencias. Muchas eran de «amateur». En la carta que el ministro de Información de Churchill, Bernard Bracken, le envió al primer ministro para informarle del asesinato de Himmler, el membrete estaba hecho con una impresora láser, invento de los 70. Había firmas falsificadas, los telegramas contenían inexactitudes históricas y los 29 documentos habían sido escritos con cuatro maquinas de escribir, a pesar de que procedían de origenes muy diversos. El Archivo Nacional pidió a la policía que investigara: el fraude quedó al descubierto.
* Publicado en ABC, de España, el 07/05/2008.
La necesidad del debate histórico (*)
La libertad de expresión en Europa vive atenazada por leyes bienintencionadas que pretenden condicionar lo que se dice y recuerda sobre los episodios más siniestros de nuestra historia
Por Timothy Garton Ash
Entre los ataques que está sufriendo la libertad en Europa, uno de los menos visibles es la legislación de la memoria. Cada vez más países tienen leyes que dicen que debemos recordar tal o cual hecho histórico de determinada manera, a veces, so pena de procesamiento criminal si no damos con la respuesta acertada. Y la respuesta acertada depende de dónde se esté. En Suiza, a uno pueden procesarle por decir que los horrores que sufrieron los armenios en los últimos años del Imperio otomano no fueron un genocidio. En Turquía, por decir que lo fueron. Lo que en los Alpes es una verdad decretada por el Estado, es una falsedad decretada por el Estado en Anatolia. No es casualidad que este llamamiento haya nacido en Francia, que tiene la experiencia más intensa y tortuosa de la historia reciente en cuanto a leyes y procesamientos relacionados con la memoria. Al principio no hubo gran controversia: en 1990, una ley declaró punible en dicho país -como en otros países europeos- la negación del Holocausto nazi de los judíos y otros crímenes contra la humanidad definidos por el Tribunal de Nuremberg en 1945. En 1995, el historiador Bernard Lewis fue condenado por un tribunal francés por alegar que, según las pruebas disponibles, lo que sufrieron los armenios quizá no podía calificarse de genocidio, tal como lo definían las leyes internacionales. Otra ley, aprobada en 2001, estableció que la República francesa reconocía la esclavitud como un crimen contra la humanidad y que, como tal, debía ocupar su "lugar correspondiente" en la enseñanza y la investigación. Entonces, un grupo que representaba a varios ciudadanos franceses de ultramar presentó una querella contra el autor de un estudio sobre el tráfico de esclavos en África, Olivier Pétré-Grenouilleau, al que se acusaba de "negar un crimen contra la humanidad". Mientras tanto se aprobó otra ley más, desde un punto de vista muy diferente, que obligaba a que los programas escolares reconociesen el "papel positivo" desempeñado por la presencia francesa en otros países, "especialmente en el norte de África".
Esta semana, un grupo de historiadores y escritores, entre los que me incluyo, ha plantado cara a esta peligrosa tontería. En un escrito llamado Appel de Blois (Llamamiento de Blois) y publicado en Le Monde el pasado fin de semana, sostenemos que, en un país libre, "no es competencia de ninguna autoridad política definir la verdad histórica ni restringir la libertad del historiador mediante sanciones penales". Y nos oponemos a la acumulación de las llamadas leyes de la memoria. Entre los primeros signatarios están historiadores como Eric Hobsbawm, Jacques le Goff y Heinrich August Winkler. Ustedes pueden sumarse enviando un correo electrónico a [email protected].
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Por suerte, al llegar a este punto, una ola de indignación generó un movimiento llamado Libertad para la Historia (lph-asso.fr), dirigido por el historiador francés Pierre Nora, que es también el responsable del Llamamiento de Blois. La demanda contra Pétré-Grenouilleau se desestimó y la cláusula del "papel positivo" quedó revocada. Pero sigue siendo increíble que una propuesta semejante pudiera llegar a figurar en el corpus legal de una de las grandes democracias y uno de los mayores centros de estudios históricos del mundo.
Estas tonterías resultan todavía más peligrosas cuando surgen bajo la careta de la virtud. Un ejemplo perfecto es el reciente intento de imponer límites a la interpretación de la historia en toda la UE con la excusa de "combatir el racismo y la xenofobia". Una propuesta de decisión marco del Consejo de Justicia e Interior de la Unión, presentada por la ministra alemana de Justicia, Brigitte Zypries, sugiere que, en todos los Estados miembros de la UE, "aprobar, negar o trivializar burda y públicamente los crímenes de genocidio, crímenes contra la humanidad y crímenes de guerra" sea "punible con penas legales de hasta, por lo menos, entre uno y tres años de prisión".
¿Quién decidirá qué acontecimientos históricos constituyen genocidio, crímenes contra la humanidad o crímenes de guerra, y qué es "trivializarlos burdamente"? Las leyes humanitarias internacionales apuntan ciertos criterios, pero qué hechos los cumplen exactamente es, muchas veces, materia de enconadas disputas. La única forma segura de garantizar que se dé el mismo tratamiento en toda la UE sería que ésta acordara una lista -llamémosla la lista de Zypries- de horrores que cumplen los requisitos. Podemos imaginar las negociaciones a puerta cerrada en Bruselas (el funcionario polaco que le dice a su homólogo francés: "Vale, os concedemos el genocidio armenio si vosotros nos dais la hambruna en Ucrania"). Gogol.
Como varios países con una sólida tradición de libertad de expresión, entre ellos Reino Unido, se opusieron al borrador inicial de Zypries, la propuesta actual ha añadido que "los Estados miembros podrán decidir castigar sólo las conductas que tengan probabilidades de alterar el orden público o que sean amenazadoras, abusivas o insultantes". Es decir, en la práctica, cada país seguirá haciendo las cosas a su manera.
A pesar de sus múltiples defectos, esta decisión marco superó la votación en el Parlamento Europeo en noviembre de 2007, pero todavía no ha vuelto al Consejo de Justicia e Interior para su aprobación definitiva. Envié al representante correspondiente de la actual presidencia francesa de la UE un correo electrónico en el que le preguntaba la razón, y acabo de recibir esta críptica, pero prometedora respuesta: "La DM sobre Racismo y xenofobia no está lista para su aprobación, sino que está en suspenso, pendiente de algunas reservas parlamentarias". Merci, madame liberté: con esto llegamos a fin de año. Luego, que la presidencia checa, que se hará cargo de la UE durante el primer semestre del año próximo, la elimine del todo, con una dosis del sentido común del buen soldado Svejk para la historia.
Que quede clara mi postura. Creo que es muy importante que las naciones, los Estados, los pueblos y otros grupos (para no hablar de los individuos) asuman de forma solemne y pública las barbaridades que han cometido o se han cometido en su nombre. El momento en el que el dirigente germano-occidental Willy Brandt cayó de rodillas y en silencio en Varsovia, ante un monumento a las víctimas y los héroes del gueto, es, para mí, una de las imágenes más nobles de la historia de la Europa de posguerra. Para que la gente asuma esas cosas, antes tiene que conocerlas. Así que es preciso enseñar esos temas en las escuelas y hacer conmemoraciones públicas. Ahora bien, antes de enseñarlos hay que investigar sobre ellos. Hay que descubrir pruebas, comprobarlas y pasarlas por el tamiz, así como someterlas a diversas interpretaciones posibles.
Ese proceso de investigación histórica es el que necesita una libertad total, sólo restringida por unas leyes muy precisas contra la calumnia y la difamación, elaboradas para proteger a las personas vivas, pero no a los Gobiernos, los Estados, ni el orgullo nacional (como ocurre con el tristemente famoso artículo 301 del Código Penal turco). Para un historiador, el equivalente a un experimento de ciencias naturales consiste en cotejar las pruebas con todas las hipótesis posibles, por extremas que sean, y después presentar la interpretación que le parezca más convincente a las críticas de sus colegas profesionales y al debate público. Ésa es la forma de acercarnos lo más posible a la verdad sobre el pasado.
Por ejemplo, ¿cómo refutamos la absurda teoría de la conspiración, que, al parecer, todavía tiene adeptos en partes del mundo árabe, de que los judíos fueron los responsables de los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York? ¿Prohibiendo que se diga, bajo pena de cárcel? No. Una teoría se refuta refutándola. Es decir, reuniendo todas las pruebas existentes y sometiéndola a un debate libre y abierto. No sólo es la mejor forma de discernir los hechos; es también, en definitiva, la mejor forma de combatir el racismo y la xenofobia. Así, pues, ayúdennos, por favor, a deshacernos del Estado niñera y su policía de la memoria.
* Publicado en El País, de España, el 19/10/2008.


























