Una democracia plebiscitaria pero no republicana (*)

Hugo Chávez logró que el pueblo venezolano aprobara su intención de ser reelecto nuevamente, a pesar de que un año antes el electorado se había opuesto a cualquier intención reeleccionista. Una decisión que pone en riesgo el sistema republicano, en razón de que la República está basada en el imperio de la ley y no en el imperio de los hombres.

A poco más de un año del referéndum que rechazó una reforma constitucional que incluía la reelección indefinida, Hugo Chávez logró el domingo que el pueblo venezolano le diera el visto bueno a una nueva enmienda que permite la reelección “en todos los cargos electivos”, incluyendo la Presidencia. Lo hizo con un margen interesante de votos -el 54,36% votó por el sí y el 45,64% por el no- aunque también con un marco importante de abstención (32,9%).

Un día después de conocido el resultado electoral, el mandatario ya anunció su precandidatura a la presidencia en las elecciones de 2012, con lo que ratifica su intención de redoblar la apuesta, ya que en uno de sus discursos había anticipado que gobernará Venezuela “hasta 2019, 2021 o... hasta que lo diga Dios y el pueblo mande...”.

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Inmediatamente después de asumir la presidencia, hace ya más de una década, Chávez impuso a su gobierno una impronta destinada a fortalecer su poder interno y a ganar espacios en el orden internacional, bajo la consigna de conformar una gran nación latinoamericana, “como lo soñara Simón Bolívar”.

A fin de alcanzar esos objetivos, utilizó todos los recursos a su alcance para presionar y coartar el accionar de todos aquellos que no coincidieran con él, incluyendo un avance sobre la libertad de prensa, las libertades individuales y la justicia.

Luego buscó ampliar su liderazgo hacia América Latina y nunca fueron desmentidas las versiones sobre el destino de millones de dólares para auxiliar a países como Bolivia, cuyo presidente terminó coincidiendo con ese pensamiento “bolivariano” y hasta intervino abiertamente en diferendos de otros países, como sucedió con el enfrentamiento entre Colombia y Ecuador como consecuencia de un ataque a un grupo de las FARC.

En los hechos, Chávez ha convertido a su país en un Estado que vive una democracia plebiscitaria pero no como ampliación de la democracia republicana sino como algo que se le opone. En 1999 impulsó una nueva Constitución en la que se amplió el mandato de 5 a 6 años y se incluyó la reelección inmediata por un solo período.

A fines de 2007, planteó un referéndum para eliminar el límite de reelección del presidente, el que fue rechazado y el domingo el pueblo de Venezuela debió volver a las urnas para eliminar el límite de reelección para “todos” los cargos electivos. Los venezolanos debieron concurrir a las urnas 15 veces en los últimos 10 años.

No fue casual la oportunidad de Chávez en impulsar la enmienda constitucional. Si bien es cierto que durante su gestión se desarrollaron muchas políticas activas contra la pobreza, no es menos real que la crisis económica pega muy duro en Venezuela: la inflación llegó a casi el 31% -supera el 41% en los alimentos- y se prevé que el ingreso petrolero disminuya, ya que el precio ha caído el 70% en menos de un año. Paralelamente, la sombra de la corrupción es mayor y la represión crece.

La intención reeleccionista del venezolano cundió rápido en algunos de sus seguidores americanos, como Evo Morales, en Bolivia y Rafael Correa, en Ecuador. Aunque también en Colombia -cuyo presidente está enfrentado con Chávez- los seguidores de Uribe impulsan una enmienda similar. En un continente con instituciones frágiles y personalismos fuertes, las reelecciones siempre son malas y los indefinidos aún peores, más allá de las ideologías.

Es cierto que el pueblo venezolano, a través del voto democrático, decidió una nueva reelección de Hugo Chávez. Pero esa democracia plebiscitaria se da de bruces con el sistema republicano de Gobierno, en razón de que la República está basada en el imperio de la ley y no en el imperio de los hombres.

Además, esa República Bolivariana que dice impulsar Chávez, no se compadece con el pensamiento de Simón Bolívar, quien señaló en su momento (a través de una frase que los opositores a Chávez usaron en la campaña para demostrar las contradicciones del presidente) que: “Nada es tan peligroso como dejar permanecer largo tiempo a un mismo ciudadano en el poder. El pueblo se acostumbra a obedecerle y él se acostumbra a mandarlo, de donde se originan la usurpación y la tiranía...”.


* Editorial del diario Los Andes, de Bolivia, del 17 de febrero de 2009.

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