En el post anterior estaba pensado originalmente incluir el audio de anoche, pero desistí de hacerlo por una cuestión de principios y tratando de ser consecuentes con lo escrito en él. Quienquiera oírlo, puede hacerlo aquí. En todo caso, prefiero perder lectores antes que contribuir a una forma de hacer periodismo reñido con la responsabilidad que implica practicarlo (no todos los periodistas trabajamos en función de los índices de lectoría o rating. Afortunadamente, yo, que estudié historia, tengo un sentido de ésta que seguramente algún día agradecerán mis nietos). Si alguien cree que lo hago por hacerle un favor a Lourdes y evitar así su caída libre, se equivoca porque creo que ésta es tan inevitable como el triunfo de Susana Villarán antes de la propalación del audio (entonces, ¿por qué difundirlo?). Y porque hay formas de denunciar y presentar contenidos (edición) como el de ayer sin caer en la manipulación más grosera. Porque lo de ayer fue la tosca manipulación de una elección a favor de una candidata que tenía el triunfo asegurado y que ahora no lo podrá disfrutar del todo, porque el suyo ahora tiene el tufillo del triunfo obtenido con métodos fujimontesinistas. Lo repito: la idea no era hacer ganar a Susana sino hacer evidente la vigencia de las formas y maneras del fujimorismo.
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A propósito de ello, quisiera contarles una historia que hace muchísimos años ví en televisión, cuando esta todavía era digna de ser vista.
Fue en un capítulo de "Lou Grant", una serie de televisión que retrataba el acontecer diario en una sala de redacción y los problemas cotidianos y personales de los periodistas y como estos enfrentaban la tarea de hacer periodismo frente a presiones políticas, económicas, morales y personales. Toda una lección de cómo hay dificultades para ejercer el periodismo, pero formas de enfrentarlo y salir airosos en el intento. El personaje central era Lou Grant, el director que solucionaba los problemas periodísticos y personales de todos.
En un capítulo de la serie, un terrorista, pistola en mano, toma de rehenes a toda la redacción y exige la publicación de un manifiesto o de lo contrario mata a todos. Luego de varias horas de tensión, el terrorista es sometido por la policía y arrestado. Pero es aquí donde empieza la verdadera historia.
Inmediatamente de ser arrestado, toda la redacción se pone a trabajar frenéticamente. Los periodistas empiezan a concebir el ángulo de la noticia, los fotógrafos a idear la manera de reproducir la imagen del terrorista con las imágenes de las cámaras de seguridad, los reporteros empiezan a llamar a consultores y expertos y los del centro de documentación a preparar los perfles de los grupos terroristas que operan en el país y en el extranjero. Mientras preparan todo, llaman de los canales de televisión y de otros diarios indagando sobre lo sucedido, pero nadie suelta prenda. La exclusiva es de ellos.
Cuando todo está listo, le llevan el material y la prueba de la primera plana a Lou Grant. Él los felicita, pondera el trabajo de todos y les dice que nunca como ahora está orgulloso de su trabajo que han realizado en tiempo récord y tan magníficamente. Inmediatamente le da a un diagramador una orden que los deja estupefactos: le dice que adecue todo el material para que entre en la página de obituarios, la última del diario, de todos los diarios.
Ante las protestas airadas de todos los periodistas, incluido el jefe de redacción, Grant tiene una respuesta que desarma a todos: "Si esto sale en primera plana y con la cobertura que realmente sí merece, mañana habrá un terrorista en cada sala de redacción de los diarios de este país. Sí publicaremos la noticia, pero no de la manera como esperaba el terrorista. Hacerlo seria ser tan irresponsables como él".
Todos se quedan callados y solo el jefe de redacción atina a decir algo: "¡Me jode tanto que siempre tengas la razón! Ya escucharon al director, sigan trabajando".
Por supuesto, esta clase de periodismo y periodistas ya no existen. O tal vez solo existen en la ficción, lo que hace más triste todavía nuestra realidad. Hoy solo existen Magalys, Baylys y Aldos por todos lados. Para nuestra desgracia y pena.
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