De un tiempo a esta parte, las entrevistas a historiadores ya consagrados por parte de jóvenes investigadores que inician su carrera, y que en gran medida toman a los primeros como modelos a seguir, está teniendo un significativo auge. Conozco, personalmente, el caso de tres estudiantes de historia que han realizado entrevistas a historiadores que aún permanecen inéditas y el de otra que circula en YouTube que si bien son significativas para conocer intereses y tendencias, no dejan de poner en evidencia una entendible y justificada admiración del discípulo al maestro que muchas veces acalla la voz crítica que todo historiador debe sostener. O, lo que es peor aún, lo mal preparados que, en algunos casos, están nuestros jóvenes historiadores. Quiero pensar, por el buen nombre y futuro de nuestra historiografía, que es lo primero y no lo segundo el fundamento de que muchas entrevistas se queden en la simple pregunta-respuesta, y que la obligada réplica del entrevistador cedió paso a la admiración sin límites.

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Se podrá decir, en defensa de muchos 'entrevistadores', que muchas veces la poca o nula preparación que los historiadores reciben para la realización de una correcta entrevista se debe a que la historia oral, por ejemplo, no está muy de moda entre nosotros actualmente. También que la Internet y la Wikipedia ya completaron su estropicio cuando es una legión los que no quieren o no saben leer un periódico o una revista, ni mucho menos saben descubrir entre líneas lo que se lee o escucha porque solo hace falta hacer clic para obtener la respuesta a un qué, un cuándo y un cómo de alguna cuestión de la que se desconoce todo o apenas ha oído hablar (Vilar solía decir que lo primero que nos enseña la historia es a leer un periódico).

Pero la situación es mucho más grave aún si a ella le sumamos la osadía.

Osados son todos los que se sientan frente a un historiador sin la mínima preparación para hacerle las preguntas correctas (o incorrectas) y que esperamos encontrar al abrir un diario, una revista o un blog. De seguir así las cosas, que no nos extrañe que las entrevistas que leamos de ahora en adelante sean simples espacios para satisfacer el ego de entrevistador y entrevistado. Cero crítica, cero réplica y mucho ego. La síntesis de la cultura de nuestro tiempo: lecturas fáciles para lectores fáciles (¿De la historia también?).

Si las entrevistas a los historiadores siguen haciéndose con esa voluntad de acomedidos con que se viene haciendo; si los jóvenes historiadores siguen convencidos que entrevistar a un historiador les permite sentirse sus iguales ahorrándose años de lecturas e investigación; si siguen, digo yo, mostrando a diestra y siniestra estos ejercicios de falta de crítica, nulas lecturas, incapacidad para la réplica y la contestación, entonces será mejor que empecemos a buscar a los culpables (responsables es muy poco decir) que les hicieron creer que una entrevista es tan fácil de realizar como preguntar: "¿De qué trata su libro?".

Comments

2 Responses to “Sobre ciertas entrevistas a historiadores”

  1. Jairo on domingo, octubre 24, 2010

    Muy buen post, sobre todo porque revela la realidad de la mala preparación de los jóvenes historiadores y, más aún, la presión de los jóvenes legos para que sus docentes "flexibilicen" los ejercicios de lectura y escritura. Es curioso como la ignorancia se cruza con la osadía, y cuando algún muchacho de mitad de carrera dice "Yo quiero hacer la investigación de la Fiesta desde el siglo XVI al XXI", con una tradición historiográfica que no ha investigado siquiera la fiesta patria, es imposible hacerlo aterrizar sin que se sienta ofendido... Puede que se me incluya como un jóven historiador, con sólo un año de haber obtenido mi título, pero realmente no sé cómo puede alguien sentir la suficiencia de un historiador universal con la lectura de unos cuantos prólogos.

  2. TORPOGRAFO on lunes, octubre 25, 2010

    Teniendo toda la razón en tu argumentación he echado un poco en falta una critica a esos profesores, historiadores con callo y muy experimentados que no rebaten suficientemente la labor de otros "colegas" por no desairarlos. Es verdad que los nuevos historiadores no salen suficientemente preparados, pero no menos verdad que ya quedan muy pocos maestros como los de antes encantados de formar pupilos que sean capaces de superarles a los que daban un empujon y ayudaban en sus carreras


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