Por Ricardo Reátegui
Objetos de deseo Hiram Bingham llegó al Perú por primera vez en 1908 de manera casi accidental. Pasó por aquí después de asistir, en Chile, a una conferencia internacional en Santiago, así que aprovechó para darse una vuelta por Cuzco. Es así como llega a las recientemente redescubiertas ruinas de Choquequirao, muy cerca de Vilcabamba, una zona por la que el arqueólogo estaba especialmente interesado. Para Bingham, este lugar significaba el último reducto inca después de la conquista, el último espacio donde un grupo de herederos rebeldes resistió durante casi 40 años a la fuerza avasalladora que llegaba de España. Aunque derrotados, a Bingham le atraía la historia de estos incas y, sobre todo, el halo misterioso que rodeaba este territorio desconocido.
A menos de un año de celebrarse el centenario de la llegada de Hiram Bingham a Machu Picchu se reaviva un viejo debate: la devolución por parte del Museo Peabody de la Universidad de Yale de la colección de piezas que el arqueólogo norteamericano extrajo de la ciudadela inca. Revisemos esta historia.
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SUS EXPEDICIONES
Animado por la información que empezó a recoger, decide regresar a Cuzco a buscar lo que para él era la ciudad perdida de los incas. Era entonces profesor de Yale y, como tal, logró reunir algunos fondos. Se encamina entonces hacia el este de la ciudad del Cuzco. El 24 de julio de 1911, la primera expedición de Bingham llega a Machu Picchu. La ciudadela no estaba deshabitada, es Bingham quien se da cuenta de la importancia histórica de este espacio e inicia los pedidos necesarios para organizar los trabajos arqueológicos. En 1912, la segunda expedición, formada por un equipo auspiciado por la Universidad de Yale y National Geographic, ya trabajaba en la zona con todos los permisos necesarios.
La tercera expedición de Bingham ocurre en 1914. Aunque no realiza excavaciones en Machu Picchu, lo hace en Patallacta, a unos pocos kilómetros de la ciudadela, y en Vitcos. “El primer grupo de piezas sale del Perú en 1912 de manera totalmente legal, gracias a un decreto que le daba a la expedición de Bingham los permisos necesarios para hacerlo”, nos cuenta el doctor José Carlos de la Puente, historiador egresado de la Católica y profesor en la Texas State University. “Este decreto se dio como una excepción a uno que data de 1911 y que prohibía la exportación de piezas arqueológicas. No obstante, el mismo decreto de excepción decía que las piezas seguían perteneciendo al Perú y comprometía a las dos instituciones a devolver lo encontrado cuando el Estado lo demandase”.
Algo parecido sucedió con el segundo grupo de piezas que se embarca en 1916: se permitió su salida, pero se daba un plazo de 18 meses para su devolución, plazo que Yale no cumplió. En 1918, meses después de vencido el plazo, se da el primer reclamo por parte del Estado peruano haciendo referencia a los decretos de 1912 y de 1916. En 1921, Yale responde enviando recién solo algunas de las cajas que tenía en su poder. Contrariado en parte por las trabas que sintió de parte del Estado peruano, Bingham abandona los estudios arqueológicos e inicia una vida política que lo lleva al Senado de los Estados Unidos.
Como lo demuestra en las cartas que envió al director de National Geographic, Hiram Bingham estaba seguro de que las piezas que él extrajo, producto de su trabajo arqueológico en Machu Picchu y sus zonas aledañas, no le pertenecían ni a él, ni a Yale ni a National Geographic. Eran propiedad del Estado peruano y poco más había que decir sobre ello.
LOTES EN DISPUTA
El Estado peruano afirma que las piezas le pertenecen y por lo tanto las reclama sin condición alguna por parte de Yale. La Universidad de Yale, por su parte, propone entregar un grupo del total de las piezas, las que puedan ser “museables”, y quedarse con aquellas con las que se están realizando trabajos de investigación. Además, propone abrir un museo en Cuzco a su cargo. Sobre su valor, De la Puente apunta que las piezas son variadas. “Según el inventario de Yale, estamos hablando de 3,502 lotes de piezas de cerámica, 1,038 lotes de huesos de animales, 6,232 lotes de objetos de piedra, 115 lotes de objetos metálicos y 128 lotes de huesos humanos”, enumera con las cifras en mano. “Además hay 329 piezas denominadas con calidad de ser exhibidas en museo; es decir, que están completas y pueden mostrarse. Esas son las 5,744 piezas que def iende Yale”, agrega.
Estas piezas son las que envió Bingham en dos bloques, producto de sus tres expediciones. Pero hay más. “Según una reciente investigación de Christopher Heaney, el propio Bingham y algunos miembros de su equipo compraron a un coleccionista cuzqueño un lote de 360 piezas por un valor de 150 mil dólares. Estas piezas estarían entre las que tiene Yale”, comenta De la Puente.
Se ha hablado mucho sobre estas piezas. En varias publicaciones norteamericanas se menciona que se trata de piezas que no son especialmente vistosas o piezas únicas que corresponden a un tesoro. Sin embargo, su valor supera ampliamente su valor museográfico. Para María Eugenia Ulfe, doctora en Antropología y docente de la Escuela de Posgrado de la Universidad, “esas piezas no pueden valorarse únicamente por el material con que están hechas. Existe un simbolismo que nos ha tocado como peruanos. Hay en nuestra sociedad una valoración especial por los objetos que construyen nuestra identidad”. Asimismo, apunta que “el patrimonio es el acervo cultural y, si se habla de sentido de identidad nacional, se puede decir que estos se construyen mediante acervos”.
EL IMPASSE
Si bien Yale devolvió algunas piezas en 1921, fue poco lo que hizo el Estado peruano por reclamar lo que es suyo hasta 1960, un año antes de celebrar los 50 años de la llegada de Bingham. Es allí donde se hacen los primeros intentos por saber qué sucedió con lo extraído de Machu Picchu. En esa época algunos intelectuales cuzqueños, encabezados por Albert Giesecke y Luis E. Valcárcel, se acercaron a los descendientes de Bingham para pedirles información sobre los restos. Todo lo tenía Yale.
El pedido no se hizo oficial hasta la llegada del gobierno de Alejandro Toledo, en el año 2001, en el que se inician las conversaciones que, poco a poco, se fueron haciendo más tensas hasta que, en el 2006, la primera dama Eliane Karp anuncia a la prensa que enjuiciarán a Yale. Este anuncio se hace efectivo en diciembre del 2008 con una denuncia en los tribunales de EEUU.
Con las recientes declaraciones del presidente Alan García, en las que anunciaba una campaña para lograr la devolución de las piezas, el tema ha renovado aires. A esto se sumó el anuncio de una nueva demanda de parte del Estado peruano contra la institución universitaria.
Sin duda, el nuevo ímpetu del gobierno peruano en esta disputa tiene mucho que ver con la cercanía del centenario del descubrimiento de Machu Picchu. Vale la pena preguntarse si este es un impasse que tiene más que ver con los símbolos que construimos como nación que con objetos físicos. Por lo pronto, hay un juicio entre la Universidad de Yale y el Estado peruano por estas piezas. Esperemos que se decida con responsabilidad su futuro.
ENTREVISTA
“Sin apasionamientos podremos tomar mejores decisiones”
José Carlos de la Puente
Profesor de Historia Latinoamericana de la Texas State University, egresado de la PUCP
El impasse entre Yale y el Estado peruano es sobre un grupo de piezas extraídas a partir de 1912. ¿De qué tipo son?
La colección proviene de varias excavaciones realizadas en Machu Picchu, en sitios ubicados en el Camino Inca y de la zona de Vitcos y Vilcabamba en la actual provincia de La Convención en Cuzco. En el inventario preparado por la Universidad de Yale los objetos caben en cinco categorías según el material: cerámica, objetos de metal (principalmente bronce y plata), objetos de piedra (morteros, pulidores, martillos) y restos óseos (humanos y animales). Además, hay un grupo de objetos que Yale ha denominado con “Calidad de Museo”; son aquellos que los especialistas de Yale consideran que, debido a su valor estético y estado de conservación, podrían ser exhibidos.
Se ha hablado de cifras muy diferentes en cuanto a las piezas. El Estado peruano dice 45 mil y Yale 5 mil.
Depende de cómo las cuentes. Las piezas han sido ordenadas en términos de lotes o ítems. Por ejemplo, un lote está formado por partes de un cuerpo que comprobadamente provienen de un mismo individuo. Es el caso de los fragmentos identificados de un mismo ceramio. Así, una pieza que está fragmentada es considerada un solo lote. Las más de 40 mil piezas del INC son producto de un conteo diferente basado en piezas y fragmentos individuales.
En un reciente artículo del New York Times, de Arthur Lubow, se dice que se trata de piezas sin mayor vistosidad. ¿Cuál es el valor de estas piezas?
El valor más evidente de las piezas es que fueron encontradas en Machu Picchu. Si bien para algunos su valor estético es inferior al de otras piezas incaicas y preincaicas, los estudios sobre Machu Picchu, basados en la colección, nos han dado información valiosa sobre las características de sus habitantes. Desde el punto de vista histórico y arqueológico son de gran importancia.
¿A quién pertenecen las piezas?
La propiedad legal de las piezas es, en mi opinión, indiscutible: pertenecen al estado peruano en tanto custodio del patrimonio cultural de la Nación. Ahora, eso no significa que la mejor vía sea necesariamente el pedido irrestricto y radical de que todas las piezas vuelvan al Perú inmediatamente. Éste es un problema que demanda salidas más creativas.
¿Yale quiere quedarse con nuestro patrimonio?
No veo una intención de Yale de quedarse con los objetos o de ocultar las colecciones; el inventario está en línea. El principal problema del inventario es que todo está mezclado y es difícil distinguir la proveniencia específica, así como la fecha de excavación, de los objetos. Por ejemplo, además de aquello que Bingham extrajo legalmente, forman parte de esta colección algunos objetos más que—según los hallazgos recientes de Christopher Heaney— fueron comprados de manera irregular por él y miembros de su equipo durante la expedición de 1914-1915. La naturaleza de la colección es muy compleja y mucha información contextual se ha perdido.
¿Cuál podría ser la solución a esta situación?
Pienso que el gobierno podría negociar otras formas con Yale que no impliquen que se meta todo inmediatamente en cajas y se devuelva hoy, sin tener un plan previo de qué hacer con esas piezas cuando lleguen. Se pueden hacer intercambios científicos o museos que beneficien a la comunidad académica, nacional e internacional. Lo que los peruanos deberíamos estar discutiendo realmente es qué hacer con la colección. Sin apasionamientos podremos tomar mejores decisiones.
CIFRAS
5,415
lotes de objetos y fragmentos (entre cerámicos, restos óseos, objetos de piedra y metal) son los que inventarió el Museo Peabody de la Universidad de Yale.
46,332
piezas son las que contabilizó el INC y las que se han convertido en la cifra oficial del pedido.
329
piezas restauradas y reensambladas son las que ofrece Yale para ser exhibidas.
1948
es el año de inauguración de la carretera Hiram Bingham que unía aguas Calientes con Machu Picchu.
0
piezas de oro fueron encontradas, según Hiram Bingham, en su primera expedición.
1’200,000
personas asistieron a la exhibición itinerante que organizó la Universidad de Yale con los objetos de Machu Picchu en el 2003.
150 mil
dólares habría gastado el equipo de Bingham en comprar piezas de manera irregular.
FECHAS IMPORATNTES:
Abril, 1913
Publicación del primer artículo ilustrado sobre Machu Picchu en National Geographic Magazine.
28 de noviembre, 1916
Bingham dirige una carta al director y editor de National Geographic Magazine en la cual reconoce la propiedad del Estado peruano sobre los objetos.
1948
Bingham regresa al Perú invitado por Albert Giesecke (ex rector de la Universidad del Cusco). Se inaugura la carretera Hiram Bingham.
25 de enero, 2003
Se inaugura la exhibición itinerante de la colección Machu Picchu, organizada por Yale.
5 de diciembre, 2008
Perú inicia demanda a Yale ante la Corte del distrito de Columbia en los Estados Unidos.
* Publicado en PuntoEdu, N° 196, el 2 de noviembre de 2010.








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