No cuentes tu secreto: el abuso sexual de menores

Como les he comentado anteriormente, este blog anda en plan de renovación y rediseño con miras a convertirlo, eventualmente, en una revista. Como parte de ese plan de renovación, estamos tratando de conseguir la colaboración de colegas y amigos de distintas disciplinas que enriquezcan la temática de la sección Firmas, tan descuidada en su actualización. Así, tratando de enmendar la plana y como prueba de lo dicho, presentamos el trabajo de Esther Lucich Rivera: "No cuentes tu secreto: el abuso sexual de menores". Ella es egresada de la Facultad de Psicología de la Universidad Nacional Federico Villarreal y su texto aborda la problemática de familias en donde las menores víctimas de violencia sexual, lo son de un padre agresor (JMM).

No cuentes tu secreto: el abuso sexual de menores (*)

Por Por Esther Lucich (**)

Mis intereses como investigadora se han centrado en temas de salud tales como el desarrollo de los menores de madres con hipertiroidismo y el hipotiroidismo, temas de violencia familiar, sexual y maltrato infantil. Al mismo tiempo el trabajo voluntario en organizaciones no gubernamentales me ha acercado cada vez más a los problemas que sufren los menores, llegando a concluir que los más comunes son el maltrato y la violencia sexual, siendo este ultimo el más cruel. El trabajo con las y los menores víctimas de violencia física, psicológica y sexual ha incrementado mi curiosidad para saber más sobre estos problemas sociales.
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Considero que el tema de la violencia sexual contra los menores es el más doloroso y más aún si el agresor es el padre, frente al tema de violencia sexual también está presente, de alguna manera, la violencia física o psicológica.

Mi motivación me impulsó a presentarme a la maestría de género, sexualidad y políticas públicas. Esta formación me invito a tener otra visión para abordar el tema, por ser muy complejo y susceptible por incluir muchas aristas tales como la educación, derechos humanos, derechos sexuales, derechos reproductivos, género, poder, leyes, políticas públicas y salud.

Deseo compartir con ustedes la grata y maravillosa experiencia que he tenido al realizar la investigación para optar el grado de Magister. Digo grata y maravillosa porque he llegado a comprender más este problema social, con el mismo nivel de importancia lo que he aprendido de cada una de estas menores a través de su fortaleza tan increíble que poseen y la luz que hay en ellas.

La investigación se realizó entre mediados del 2004 y mediados del 2006. He trabajado con 23 menores de 6 a 15 años, todas víctimas de violencia sexual, siendo su padre el agresor. Con ellas he compartido dos años, conversando ampliamente y formando parte de sus vidas.

Deseaba tener un primer acercamiento más directo son este problema social, sobre todo cuando ocurre dentro de las familias peruanas para abrir nuevos caminos en estudios que impliquen otras metodologías. Este estudio me dio luces para saber qué ocurre en las familias de las menores agredidas sexualmente, antes, durante y después del evento de la violencia sexual que han sufrido. Al igual que conocer cada uno de los integrantes de sus familias y cómo se da la dinámica entre ellos, sin olvidar de los espacios sociales, tales como la escuela y los medios de comunicación

Algunas personas me decían que este trabajo de investigación era como desenredar todo una madeja de lama que estaba muy enredada, que lo llevan desde su infancia,(en el caso de las adolescentes) y que deja huellas en sus vidas.

Me queda claro que todas las formas de violencia sexual contra las menores son crueles e injustificables, pero es más doloroso el saber que el agresor es su propio padre, quien está llamado a cuidar y proteger a las menores pero finalmente las agrede. (1) (2) (3)

Por otro lado, la sociedad sabe que la violencia sexual incestuoso contra menores siempre ha existido y es considerada como una de las formas de violencia donde se hace presente el poder. Presenta condicionantes tales como la coerción y la edad, la coerción es la fuerza física, presión o engaño. Debe ser por sí misma etiquetada como violencia sexual contra menores, no ocurriendo con frecuencia. El segundo, es la asimetría de edad, que impide la verdadera libertad de decisión y hace imposible una actividad sexual común puesto que los participantes tienen experiencias, grados de madurez biológica y expectativas muy diferentes, esta asimetría supone en sí misma un poder que bloquea toda posibilidad de relación igualitaria (4).

Muchos padres que son agresores sexuales de sus hijas no han logrado manejar las mentalidades que los anteceden, esas mentalidades que provienen de sus padres, de ese aprendizaje donde el padre es el dueño de los hijos. No solo parece corresponder a una situación de sociedades cerradas, sino también a psiquismos cerrados o estrechos, incapaces de asimilar al otro. En estos padres agresores parece no existir un componente psicosocial que ayude al proceso de humanización para verse uno diferente al resto (5).

He comprendido que para poder entender la violencia sexual incestuosa contra las menores es importante saber cómo la sociedad ubica a la menor, el papel que le asigna y la noción que nuestra cultura tiene sobre ellas. Si la menor no ocupa un lugar importante en su familia, tampoco lo hará fuera de ella (6).

Toda la investigación se baso escuchar a las menores, pero esto no ha sido sencillo porque he experimentado momentos que nos hacían creer que era difícil lograr esta investigación, uno de ellos es la naturaleza del tema por ser muy delicado, es muy difícil acceder a las víctimas, lo que nos obligo a manejar todos los cánones establecidos de la ética y confidencialidad con las víctimas, evitando la re victimización. Otro momento se presentó cuando se presentaban los mitos y restricciones que tenían las menores y las madres que ayudaron con la investigación.

Considero que la justificación de este estudio fue la necesidad de tener más información sobre este problema social para evitar las consecuencias traumáticas lamentables tales como las alteraciones mentales y el suicidio. No es solo actuar cuando el hecho se ha concretado, es ayudar a tener pistas para saber si el padre es un posible agresor, saber si dentro de muchas familias hay riego de producirse una agresión sexual contra las hijas. Nos ayudó a pensar en ello por las respuestas de las madres de las menores me han dado puesto que les costaba creer si era real lo que sus hijas les contaban, a veces no les creían y cuestionaron lo que ellas les decía e incluso las culparon.

Para el recojo de la muestra se establecieron dos metodologías. La primera fue de modo accidental, porque se deseaba captar a las participantes en los Departamentos de Psicología del Hospital del Niño y del Hospital Cayetano Heredia. Se observó que las madres no daban el consentimiento informado porque referían que era un problema familiar y que ellos no deseaban que las demás personas lo sepan, las madres decían que sus “hijas estaban pasando por una situación difícil y no querían que las demás personas sepan de su problema, o pensaban resolverlo dentro de la familia”. Es por ello que en esta primera etapa solo se ha obtenido la participación de tres menores.

Pase entonces a la segunda metodología donde tuve que ir a la muestra, es por ello que se construyo una muestra intencional, llegando al hogar de acogida donde se encontraban las menores que habían sido agredidas sexualmente, se pidió el consentimiento informado de la directora, ya que ella tenía la custodia de las menores y de 9 madres que si dieron el consentimiento informado para que su hija participe en la investigación.

La forma de trabajo con las menores que asistían a los hospitales se realizó inicialmente en el hospital. El primer contacto fue a través de los profesionales que trabajaban en dicho establecimiento de salud. Los profesionales sabían de la investigación y sabían del permiso de las autoridades y jefes de los servicios de psicología y psiquiatría. Ellos conversaban con la madre y con la menor para que invitar a participar en la investigación. El segundo paso fue la presentación de la investigadora por los profesionales de la institución, se dio otra cita para dar información detallada de la investigación, y firmar el consentimiento informado. El tercer paso fue iniciar las entrevistas. En principio se pensó terminar la investigación dentro del establecimiento de salud, pero se observó que a veces las madres y las menores no asistían a las citas, por ello se tuvo que ir a casa de las menores. Al realizar la visita domiciliaria se logró entrevistar a la madre y se completó la entrevista en un promedio de diez sesiones. Estas sesiones incluían una etapa de orientación a la menor y a la madre porque ellas lo solicitaban, siendo parte del compromiso de la investigadora, estas orientaciones fueron sobre los problemas de conducta, las consecuencias psicológicas de las menores, problemas e relación entre la madre y la menor, problemas de relación entre los hermanos, etc.

Para trabajar con las 20 menores que se encontraban en el hogar de acogida, se trabajo por etapas: la primera consistía en involucrarme con la institución a través de un voluntariado en el departamento de psicología, no me parecía pertinente el plantearle a la directora que solo quería tener información y luego retirarme porque sabía que eso no era ético, ya que esto habría ocasionado alejamiento y desconfianza, y las entrevistas no habrían sido tan ricos en información.

Esta oportunidad permitió estar cerca de las menores e incluso convivir dos o tres días a la semana. Todas las entrevistas se realizaron en el hogar, creando un espacio apropiado para la entrevista. Con este grupo se trabajó por un tiempo una estrategia de reconocimiento y de integración, es decir, la investigadora se ha interrelacionado con cada una de las niñas y adolescentes a través de las visitas, los juegos, los acompañamientos en las tareas o actividades de la casa.

La investigación no ha sido fácil porque se sabía que era, importante considerar que algunas de las menores recién habían ingresado al hogar de acogida mientras el proceso continuaba, no olvidemos que las menores ya habían sido entrevistadas por otras personas adultas (personal del Poder Judicial, MIMDES, INABIF, etc.), el riesgo que se presentaba era re victimizar a las menores, no siendo respetuoso para ellas.

La segunda etapa se dio por la primera, es así como se logro establecer un acercamiento necesario, de tal manera que la menor no estaba obligada a participar del estudio, no se ha sentido invadida ni acosada con las preguntas posteriores porque ya existía una relación previa con la investigadora. Se creó un espacio solo para ellas, donde las menores lograron sacar sus más íntimos temores sobre la agresión sexual que habían sufrido. Se realizaron preguntas y se pidió permiso para grabar las sesiones. Cada caso era especial porque existieron entrevistas que excedían del tiempo preestablecido, debido a las necesidades personales de las menores. Lo importante en este punto era no cortar la conversación para no generar sentimiento de ser “uso” y de quedarse con emociones de las que necesitaba hablar o nombrar, la menor sabía que ese era el momento para hacerlo.

Con otras menores fue más difícil porque solo querían conversar 15 minutos aproximadamente, pero se logró construir un espacio cómodo donde la información fluía, finalmente comprendí que la menor no necesitaba mucho tiempo para poder expresar lo que sentía o pensaba, porque tenía claro lo que quería.

En ambos grupos, se logró construir un raport y empatía fundamental para las entrevistas a profundidad, que se realizaron en esta etapa.

En ambos grupos la metodología de trabajo fue la misma. Primero se partía con los dibujos de las familias, de juegos sobre la familia, para luego en otra reunión pasar a las preguntas a profundidad sobre la familia. En ambos grupos se ha visto la necesidad de brindar asesoría en otros temas como los problemas de interrelación con las personas que convivían, problemas de violencia, trastornos alimenticios, etc. Eso ayudó en la construcción de un espacio para las entrevistas y otro para tocar temas más personales que se relacionaban con consecuencias psicológicas que presentaran.

Con las madres que ayudaron en la investigación, ocurrió algo muy particular, se observó que las madres requerían un espacio propio para hablar sobre sus emociones, sus problemas con la familia del padre-agresor o sus propias familias, los problemas de relación que tenían con sus hijas-víctimas y con sus hijos que no habían sido agredidos sexualmente. (7) (8). Lo que se ha encontrado y sigue siendo preocupante es que las madres han manifestado que ellas eran agredidas desde niñas, adolescentes y siendo adultas, es una historia que se puede repetir en las menores ya que en ellas está instalando el núcleo de la violencia como parte de su vida, lo que nos preocupa es que luego inicie una relación amorosa con un agresor y continúe siendo víctima de violencia sexual, porque esto lo han visto en la vida de sus madres y ellas han sido protagonistas de una historia de violencia. (9) (10)

La entrevista realizada a la madre, de la menor institucionalizada como de la menor que asistía al hospital, ha sido otra de las partes fundamentales de la investigación (se ha presentado en el camino, porque inicialmente no se había considerado, porque no era un objetivo de la investigación o su pertinencia, pero resulto siendo algo fundamental). Se observó la necesidad emocional que las madres tenían de hablar con alguien. Esto las empujó a buscar a la investigadora y se dio como consecuencia la creación de este espacio terapéutico y de investigación, en el que ambos aspectos fueron claramente delimitados.

Puedo concluir que si se desea trabar e investigar más sobre este problema social con sensibilidad y una debida atención a las víctimas quienes pueden sufrir graves consecuencias son las víctimas porque son re victimizadas.

De igual forma es importante que los profesionales - investigadores deben conducir bien las entrevistas, hacer un cierre adecuado de las entrevistas o dinámicas. Si no es manejado adecuadamente, las victimas pueden estar más vulnerables y sentirse emocionalmente mal.

Para los/las investigadores se puede producir el síndrome de agotamiento laboral, puesto que el trabajo con víctimas de violencia familiar carga emocionalmente y puede producirles fatiga, depresión, estrés, irritabilidad, dolores de cabeza, etc.

Se ha encontrado que la menor agredida sexualmente también podía serlo de forma física y psicológica. El padre la agredía más físicamente pero era más brutal al hacer. La madre la agredía más psicológicamente llegando a decirle que era una “cualquiera”.

Algunas de etas madres nos confesaron que ellas también habían sido agredidas sexualmente cuando eran niñas y lo cuentan por primera vez a la investigadora. Eso era lo que las ataba para continuar con el proceso terapéutico y ambas; madre y niña se habían quedado en ese evento de violencia y la madre no podía ayudar a su hija porque ella estaba viviendo su propio drama. Incluso las madres confesaron que el padre - agresor de su hija las había agredido de forma sexual incluso antes de la convivencia pero ellas minimizaban estos eventos porque habían sufrido violencia de niñas, asumían que era normal en la vida de las mujeres.

El control de su esposo, padre de su hija era muy marcado incluso llego a alejarse de su familia porque el señor le prohibía que visite a su madre o hermanos, ellos discutían y por ello la señora cedía.

Se sabe que muchos de estos padres que han agredido a sus hijas no han deseado el embarazo incluso le han pedido a la madre de la menor que aborte. Es claro que el padre no ha construido una relación afectiva desde el inicio de la concepción de la menor. Este padre siempre se ha mostrado tímido e inseguro hacia los grupos de sus pares pero con su familia se ha mostrado controlador, dominante. También ha sido agresivo con la madre de la menor y con la menor.

Considero que no hay una sola casusa, por el contrario hay como un caldo de cultivo donde intervienen múltiples factores.

Socialmente hay más espacios para poder denunciar el caso, pero el sistema aun no esta preparado para acoger a las víctimas y ayudarlas, hacer un seguimiento, o ayuda psicológica por un periodo de tiempo largo. De igual forma los profesionales que atienden los casos no están muy sensibilizados con el tema de la violencia y no tratan adecuadamente a las víctimas.

La manera de cómo se descubre el secreto fue de diferente maneras una de ellas es cuando la menor escuchaba la radio y la conductora dijo que los niños no son responsables si sus padres abusa de ellos, la menor grito “no soy culpable”. Otras menores le contaron a sus amiga y esta niña a su madre, luego se entera la profesora y cita a la madre de la víctima para hablar con ella, algunas madre encontraron infraganti al padre, en otros caso los vecinos escucharon los gritos de las menores llaman a la policía, la policía interviene y es allí cuando la menor cuenta todo lo ocurrido

Las menores tienen un espacio social importante que es la escuela, pero se ha observado problemas, uno de ellos es estigmatizan a las menores, es decir las menores eran llamadas “las niñas abusadas”. Los profesores no tenían manejo de información frente a las consecuencias de la violencia sexual, y cada problema de conducta que presentaba la menor lo atribuían a que era consecuencias de los problemas de violencia sexual, cuando era parte de su desarrollo psicológica o emocional. Un claro recuerdo me viene a la mente, una maestra me llama urgente para hablar de un problema grave, una de las menores de 12 años le había escrito una carta a otra amiga porque entre ellas habían peleado y ella solo quería decirle que la quería mucho y la extrañaba, que no era bueno pelear, la profesora encontró esta carta y pensaba que era una conducta homosexual definida y que según sus palabras esta menor “debería pasar terapia para manejar su sexualidad”. Con esto me di cuenta que los profesores tenía temores y mitos metidos en su cabeza que hace que no toquen o manejen temas de sexualidad, menos la currícula educativa plantea este tema con una metodología adecuada.

Todas las menores se encontraban estudiando cuando se tomo contacto con ellas, 15 de las menores estaban estudiando primaria y 8 secundaria, mientras que las niñas que vinieron de provincia habían dejado de estudiar uno o dos años, por falta de recursos económicos. El caso más resaltante fue de una menor que tenía 15 años pero que estaba en 4º de primaria y esto era porque su familia vivía en la sierra peruana y ella no asistía al colegio porque tenía que ayudar en la casa con los quehaceres domésticos, también hacia trabajo en el campo y ayudaba a cuidar el ganado de la familia. Todo esto nos invita a pensar que el mundo andino pone a las hijas mujeres a asumir roles de madre a edades tempranas, lo cual sería un tema muy interesante de investigar en relación a la violencia sexual contra menores. Este rol la hizo responsable de las actividades domésticas dentro de casa y abandonando la escuela, en algunos casos, mientras que en otros tenía que compartir su tiempo entre las responsabilidades de la casa y las responsabilidades de la escuela. Al igual que Mannarelli (11) consideramos que estas familias conllevaban sus propias formas culturales para organizar la unidad doméstica.

Las menores procedían del interior del país; de Apurímac, Cajamarca, Huancavelica, Loreto y Madre de Dios. El resto de menores provenían de distritos de Lima: Barranco, Comas, El Agustino, La Victoria, Lima Cercado (Barrios Altos), Rímac, San Juan de Lurigancho, San Juan de Miraflores, Surquillo, Villa el Salvador y Villa María del Triunfo. De nuestra muestra, el 60% de las víctimas eran de Lima y el 40% de provincia. Dentro de la familia, siete de las niñas eran hijas mayores, 12 eran hijas menores y 4 eran hijas únicas.

Las familias de las menores que ayudaron en la investigación presentaron algunas características socio demográficas, por ejemplo, algunas familias presentaron un bajo estatus económico, pobre condición en la casa, presentan una historia laboral que se caracteriza por tener empleos de corta duración, irresponsabilidad frente a ellos, presentan conflictos laborales o permanecían largos periodos sin empleo. Otras familias contaban con las necesidades básicas cubiertas.

En algunas familias existió propensión a conflictos entre el padre y la madre causados por la carencia económica y escasa instrucción, puesto que los padres y madres no habían terminado la secundaria. Además, tres familias que originalmente se formaron en la Selva y dos en la Sierra, con todas sus costumbres y mentalidades, luego migraron a Lima, insertándose en la cultura urbana, esto quiere decir que las familias al instalarse en Lima continuaban con las costumbres y mentalidades de sus tierras de origen e iban incorporando otras que eran propias de la cultura urbana de Lima.

La investigación mostró que las menores adoptan nuevas actitudes de la Costa; por ejemplo, en la forma de vestir o hablar, pero se mantenían los gustos, como escuchar huayno, y continúan hablando en quechua. En definitiva, no se perdía las costumbres, solo se encontraba en proceso de integración, generando crisis. Esta crisis fue un proceso normal que surge de la adaptación de cualquier persona a un medio distinto del de su origen.

Como se ha señalado, las familias de las menores estaban aisladas, no existía ajuste entre este grupo y su entorno, a causa de este problema de ajuste las relaciones fracasaron y se incrementó el riesgo de que el clima familiar se deteriore generando el maltrato infantil. El aislamiento social afectaba las relaciones de padres e hijos, porque al no darse la modulación por el entorno social ―vecinos, amigos, comunidad y cultura― existía una fragmentación dentro de la misma familia. Por ejemplo el padre no asistía a las reuniones del colegio ni tampoco deseaba que la madre asista, no permitía que la madre participara en el comedor o vaso de leche. Esto también se relaciona directamente con el dominio y control que tenía el padre con respecto a cada uno de los miembros de la familia.

En estas familias está presente el patriarcado y la jerárquica porque el padre se ubicaba sobre los demás miembros de la familia, siendo la cabeza de esta organización y da órdenes a la madre e hijos. El poder masculino sobre el control económico de estas familias, utiliza a la infancia como objeto de consumo sexual, con algunas de las justificaciones de protección (12) (Garza-Aguilar y Díaz-Michel, 1997:539). El acto de ver a las menores como objeto de consumo sexual también estaba involucrado con el hecho de exhibir a las niñas, de ofrecerlas con complacencia a la mirada del adulto seleccionador, seguido del adulto cliente y finalmente del adulto consumidor, fue provocar cierto tipo de relación adulto-niña cuya consecuencia era del todo incontrolable, particularmente de parte de los padres-agresores. La niña al ser abusada sexualmente detrás de los muros de silencio de su casa, por su padre, puede ser también una niña que la sociedad había transformado en una niña-muñeca, hija seductora, pequeña mujercita o princesa, niña dócil, siempre lista para complacer a los adultos, que se conforma con sus expectativas y con la realización de sus deseos. Esta actitud de ver a la menor como un objeto sexual era la réplica de ver a la mujer como un objeto sexual. El padre sólo pensaba en su propia satisfacción, no podía ver a su hija como un ser humano que necesitaba ser cuidada y respetada.

En esta familia se da prioridad a lo masculino, porque lo masculino significaba no trabajar en casa y el trabajo fuera del hogar era mejor valorado. Las menores daban más importancia al trabajo que realizaba su padre y no valoraban las actividades que realizaba la madre dentro de la casa como el cocinar, lavar las cosas, limpiar el hogar, cuidar a los hijos, etc.

Anderson (1993) (13) señaló que la mujer joven pasa de su rol de hija al rol de madre, porque desde pequeña se le ha enseñado a asumir responsabilidades como el cuidado de los demás miembros de la familia.


Referencias:

1. ABUHADBA, Eduardo
1989 “Las consecuencias psico-sociales en las familias numerosas”. Tesis de Licenciatura en Servicio Social. Lima: Pontificia Universidad Católica del Perú.

2. ÁVILA, Ignacio
1985 “Más sobre maltrato a niños”. Revista Mexicana de Pediatría, vol. 52, N° 2. México D F. Pag. 45

3. CAMACHO, Rosalía y Esther SERRANO
1996 El abuso sexual incestuoso: entre el dolor y la esperanza. San José de Costa Rica: ILANUD. Programa Mujer, Justicia y Género.

4. LÓPEZ, Félix
1997 Abuso sexual un problema desconocido. Barcelona: Editorial Días de Santos.

5. URETA DE CAPLANSKY, Matilde y María Julia OYAGUE
2003 Lo que necesitamos saber sobre la violencia sexual. Lima: Centro de Estudios de Derecho, Economía y Política (CEDEP).

6. AGUILAR, Ana
1997 “Violencia contra la mujer en Guatemala: una mirada propositiva”. En: Jornadas de reflexión sobre violencia hacia las mujeres: con ocasión de celebrar el 25 de noviembre, Día de la No Violencia hacia las Mujeres. Guatemala: Grupo Interagencial de Género, 1997. pp. 79-85.

7. AGUILAR, Ana
1997 “Violencia contra la mujer en Guatemala: una mirada propositiva”. En: Jornadas de reflexión sobre violencia hacia las mujeres: con ocasión de celebrar el 25 de noviembre, Día de la No Violencia hacia las Mujeres. Guatemala: Grupo Interagencial de Género, 1997. pp. 79-85.

8. BARDALES, Olga
2003 Estado de las investigaciones en violencia familiar y sexual en el Perú. Lima: Ministerio de la Mujer y Desarrollo Social (MIMDES).

9. BARUDY, Jorge
1998 El dolor invisible de la infancia: una lectura ecosistémica del maltrato infantil. Barcelona: Paidós.

10. BERMÚDEZ, Violeta
2006 “La violencia contra la mujer y los derechos sexuales y reproductivos: develando conexiones”. Documento de trabajo presentado en la Reunión de expertos sobre población, desigualdades y derechos humanos. La violencia contra la mujer y los derechos sexuales reproductivos: develando conexiones. 26 y 27 de octubre de 2006. Santiago de Chile: CELADE - División de Población de la CEPAL, Oficina Regional para América Latina y el Caribe del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Fondo de Población de las Naciones Unidas.

11. MANNARELLI, María Emma; Nina LAURIE; Patricia OLIART y Diane RICHARDSON
2008 Desarrollo rural y sexualidad. Reflexiones comparativas. Lima: Fondo Editorial de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos.

12. GARZA-AGUILAR, Javier de la y Enrique DÍAZ-MICHEL
1997 “Elementos para el estudio de la violación sexual”. Revista de Salud Pública de México, 39, pp. 539-545.

13. ANDERSON, Jeanine
1993 Desde niñas: género y postergación en el Perú. UNICEF- Consorcio Mujer. Lima.


* Especial para El Reportero de la Historia

** Esther Amelia Lucich Rivera, egresada de la Universidad Nacional Federico Villarreal de la facultad de psicología. Con estudios de post grado de la Maestría de Género, Sexualidad y Políticas Públicas de la Universidad Mayor de San Marcos, Facultad de Sociales y estudios de diplomado en Derecho de Familia y normas de Protección a la Niñez.


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