Por Fernando Garcés Historiador.
Conocer los cambios climáticos que han sucedido a lo largo de los siglos nos ayuda a entender mejor cómo el clima puede llegar a afectar a las sociedades humanas, y cuáles son las lecciones que deberíamos aprender. El antropólogo británico Brian Fagan nos habla de sequías e inundaciones, de corrientes y tormentas... y cómo éstas cambiaron la historia. AÑO 1588. EN UNA ESTANCIA DE EL ESCORIAL, Felipe II recibe la noticia de que una tempestad ha destruido la "Armada Invencible" en las costas inglesas. Dicen que el monarca comentó: "Yo no mandé mis naves a luchar contra los elementos". Hoy sabemos que el rey español nunca pronunció esta frase (véase CLIO, n 2 12), pero el contexto de esta escena ilustra dos temas muy actuales. Por un lado, los efectos del clima en las sociedades humanas, un fenómeno que siempre nos ha acompañado desde sus orígenes; y por otro, el margen de respuesta de los líderes de una sociedad para sobreponerse a dichos efectos o sucumbir ante ellos, como podría ocurrimos ante el evidente cambio climático que empezamos a padecer. ¿En ningún momento, Felipe II y sus capitanes pudieron cambiar de estrategia para adaptarse mejor a esas circunstancias adversas? ¿Podría servirnos de algo la experiencia que afrontó la "Armada Invencible"?...
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ÉCHALE LA CULPA A "EL NIÑO"
A principios del pasado octubre, Brian Fagan recaló en Barcelona, invitado por la entidad financiera CatalunyaCaixa y habló para CLÍO en el gaudiniano edificio de La Pedrera. Fagan, británico de nacimiento, fue conservador del Livingstone Museum de Zambia y profesor de antropología en la Universidad de Illinois. Actualmente es profesor emérito de la Universidad de California en Santa Barbara y acaba de publicar, en castellano, "La corriente de El Niño y el destino de las civilizaciones" (Gedisa, 2010). Aunque es un reputado especialista en la historia del clima, este antropólogo también ha escrito mucho sobre el liderazgo en las sociedades tribales y sobre arqueología
Al final de su libro, Fagan explica cómo después de los desastres causados en California por las tormentas de 1997-1998, la expresión "échale la culpa a 'El Niño'" se convirtió en un chiste popular, pues desde entonces se le ha responsabilizó de casi todo: desde los embotellamientos de tráfico hasta las demoras en los torneos de golf. Como Felipe II en el siglo XVI, los californianos de hoy parecen decir: "Yo no construí mis ciudades para luchar contra los elementos". En ambos casos, resulta más cómodo echarle la culpa al clima... "Sin embargo, es muy poco lo que la opinión pública sabe realmente del clima -nos comenta Fagan-, tanto en el pasado como en la actualidad. Algunos incluso consideran exageradas las conclusiones alarmistas de los agoreros ecologistas. Como nuestros antepasados, aún juzgamos los cambios súbitos del clima global con la estrechez de miras de la memoria humana y la experiencia de unas pocas generaciones. Y no es sorprendente que así sea. Hasta hace poco, carecíamos de los instrumentos científicos que nos permitieran apreciar hasta qué punto el cambio climático de corto plazo ha afectado el ascenso y caída de las civilizaciones".
Sin embargo, hoy es posible hacerlo, y el clima, ese viejo desconocido, comienza a revelarnos su verdadera dimensión. Sin duda, los libros de Fagan (además de este último tiene publicados en castellano otros tres alusivos a los efectos en la historia de los cambios climáticos) han contribuido en gran manera a ello. Pero, en el debate actual, además de los avances científicos en climatología, Fagan -formado como antropólogo- aporta un elemento nuevo: el factor humano. La historia depende tanto de los cambios del clima como de las estrategias sociales para prevenir -o paliar- su efecto.
A este respecto, Fagan Probablemente, la agricultura llegó a Centroeuropa cuando el mar Mediterráneo inundó la cuenca del mar Muerto y provocó una emigración. Es muy claro en sus respuestas: "La causa de que muchos soldados murieran en las trincheras en la Primera Guerra Mundial, no fue por frío sino por la estupidez de los políticos que los llevaron hasta allí". Sin embargo, Fagan no es un profeta apocalíptico, y concluye su libro con un mensaje de esperanza: "Las crisis pueden hacer brotar cualidades inesperadas en los gobernantes y los gobernados". Ahora bien, Fagan no se engaña: "Los políticos sólo piensan en las elecciones y en soluciones a corto plazo. Y mienstras tanto... ¿qué podemos hacer?. Para escapar de esa trampa en la que estamos inmersos, habremos de buscar soluciones extraordinarias que trasciendan la política, la religión y los intereses personales".
¿HUBO UN "BUEN SALVAJE" ECOLÓGICO?
¿Cómo debemos afrontar el cambio climático que se nos viene encima? ¿La historia nos ofrece alguna lección? ¿La solución podría pasar por recuperar el mito del hombre salvaje, aquel que vivía acorde con su medio natural tal como nos contaban los ilustrados del siglo XVIII? Fagan escucha atentamente la avalancha de preguntas..., y tras un silencio nos responde recordando que hacia el 5600 a. de C , las aguas del Mediterráneo se elevaron, e inundaron algunas regiones anexas y provocaron, por ejemplo, la profunda cuenca del lago Euxine, formando el mar Muerto, y dispersando a la población que habitaba esa región. Tal vez fue uno de los movimientos migratorios más importantes de la humanidad. Fue entonces, y gracias a estas migraciones, cuando, probablemente, la agricultura llegó a los valles de los principales ríos de Centroeuropa, como el Danubio y el Diepper, dando lugar a la "cultura de la cerámica de bandas".
Y nos añade: "¿Podemos considerarlo un éxito evolutivo? En parte sí, pero los recién llegados no sólo desplazaron a los cazadores recolectores nativos que vivían allí, sino que transformaron radicalmente el entorno original. En efecto, ha sido la mano del hombre la que ha cambiado el paisaje de Europa. Los grandes robles que cubrían los densos bosques de aquella época cayeron víctimas de la insaciable demanda de tierras cultivables, y de leña y carbón para la fundición del hierro, así como de la técnica de caza consistente en quemar el sotobosque para capturar a los animales atraídos por los nuevos brotes".
Según el antropólogo esa temprana deforestación despojó la tierra de su cobertura natural, aumentando la vulnerabilidad de las siguientes poblaciones humanas ante los ciclos de intensas lluvias. Fagan nos cuenta otro ejemplo más concreto: "En la isla de Pascua fueron los propios isleños quienes deforestaron completamente su entorno y una vez enfrentados al aumento de población y la falta de recursos, en el siglo XVI, se mataron entre ellos en una cruenta guerra".
"Históricamente -enfatiza Fagan-, muchas sociedades han podido sobrevivir en el pasado gracias a la existencia de nuevas tierras adonde desplazarse ante un cataclismo, como les pasó a los indios Pueblo, en el sudeste de los Estados Unidos. Afortunadamente para ellos, había tierras no ocupadas a su alrededor. Por el contrario, ¿se imagina desplazar a los millones de personas que viven en esa región hoy en día? ¿Qué sucederá cuando ' E l Niño' la convierta de nuevo en una trampa climática?"... La paradoja del estudio de Fagan es que cuanto más hemos crecido, más nos hemos vuelto vulnerables a los episodios de 'El Niño'. No sólo hemos tomado de la naturaleza mucho más de lo que le hemos dado a cambio, no sólo hemos aumentado la riqueza de unos pocos al precio de la pobreza de muchos, sino que, además, "una proporción cada vez mayor de la población del mundo ya no puede mudarse para alejarse de la sequía, la inundación o el hambre. De hecho, está aumentando".
LA CORRIENTE DE LOS TIEMPOS
Un viejo prejuicio sostiene que en los países fríos la gente es más inteligente y tiene más ingenio que los de los habitantes de zonas cálidas, porque ha de adoptar mejores estrategias de supervivencia ante una climatología más adversa. ¿Eso es así?, le preguntamos a un hombre que procede de las frías y lluviosas islas Británicas. Fagan lo rechaza taxativamente: "¿Dónde surgió el Homo sapiens?...¡En África! ¿Dónde estuvieron las grandes civilizaciones de la Antigüedad?... ¡En el Mediterráneo!, en Egipto, en Mesopotamia, en Grecia y Roma. Todas ellas fueron culturas y civilizaciones que nacieron en países cálidos. La inteligencia no depende del clima, sino de otros factores".
Brian Fagan nos pone a continuación otro ejemplo. "Ahora sabemos que las anomalías climáticas de corto plazo del pasado no fueron meras coincidencias ni aberraciones. Existe una firme correlación entre los cambios climáticos extraordinarios y los acontecimientos históricos excepcionales. Por ejemplo, hacia el año 2180 a. de C. hubo una gran sequía en África oriental, donde están las fuentes del Nilo, el río que sostenía la economía de los antiguos egipcios. Sin agua en el río no hay cosechas, y en consecuencia en Egipto se produjo una crisis social que provocó el hundimiento de la estructura política de entonces".
Hace un silencio... y continúa. "En aquella época ya se habían levantado las grandes Pirámides de Gizeh, señal de la superioridad tecnológica de los antiguos egipcios. No obstante, el dominio de la naturaleza requiere algo más que eso y, en medio del desastre, sucedió algo extraordinario. El mando del país fue asumido por los monarcas tebanos, líderes locales más cercanos al pueblo que los faraones anteriores. Estos lograron modificar no sólo las prácticas agrícolas sino sus creencias en torno a la divinidad del faraón y su infalible poder sobre la crecida del Nilo. La realeza del Imperio Medio, como consecuencia de estos cambios, se mostró más humilde que sus antecesores y no descuidó el interés por guardar grano para hacer frente a los años de crecidas insuficientes".
El viejo profesor nos pone otro ejemplo, esta vez de la historia de América. "Hubo, en cambio, otras civilizaciones que carecieron de la capacidad de adaptación de los políticos egipcios del Imperio Medio. Por ejemplo, el mundo maya de los siglos VIII y IX de nuestra era. El fenómeno de 'El Niño' provocó en eses período un tiempo de prolongadas sequías que, tras una gradual explosión demográfica y una sobreexplotación de tierras, provocó una gran conflictividad social. Los líderes mayas fueron incapaces de aprender de los errores y su civilización se colapso. El resultado final, no sólo fue la hambruna sino la falta de credibilidad en su liderazgo. A la cultura moche (preincaica), en Perú, le sucedió algo similar. De lo que deducimos que en general, los colapsos han sido una completa sorpresa para los gobernantes, y algunas élites que creían en la infalibilidad de sus dirigentes. Mientras el clima es benigno es fácil mantener la ilusión de que los reyes controlan los cielos, hasta que el clima empeora y..."
¿APRENDEREMOS LAS LECCIONES QUE NOS OFRECE LA HISTORIA?
La erudición de Fagan es extraordinaria, es un profesor de los de antes, capaz de enlazar diferentes periodos de la historia de la humanidad y diversas geografías para contextualizar sus puntos de vista. La humanidad puede ser diversa, pero el planeta en el que vivimos es único y todo cuanto sucede en él está interrelacionado, especialmente su clima. ¿Pero qué determina que una sociedad salga o no airosa de los obstáculos que les proponen su entorno y sus variaciones? le preguntamos. Y el profesor nos responde: "Hoy nos hemos dado cuenta de que los cambios repentinos del clima han sido un elemento decisivo en la historia de la humanidad, especialmente en civilizaciones que han experimentando importantes transformaciones en su ambiente natural, donde el crecimiento de la densidad de población ha sido incontrolado y en el que sus líderes han demostrado ser incapaces de encontrar soluciones. Hemos de aprender de ello". En este sentido, ¿Cuál sería su 'previsión meteorológica' para nuestro futuro? . La respuesta está en el agua. "El nuevo libro que estoy preparando habla del agua y la humanidad. Muchas culturas han sentido un gran respeto por el ella y han tenido poderosos dioses ligados al agua. Sabían que ésta era importante para el origen y la conservación de la vida. Hoy, en cambio, le hemos perdido este respeto. De no cambiar la situación, el agua podría llegar a ser más cara que la gasolina en muchos países. Hay un estudio realizado en Inglaterra que establece que, en 50 años, el 18 % de la humanidad vivirá en entornos de extrema sequía, en lugar del 3 % actual. Afortunadamente, en Europa cada vez más personas piensan en todos estos temas, mucho más que en América. En esta visita a su país, también he visto mucho interés, aquí".
¿Esperanza? ¿Soluciones?... "Creo que éstas llegarán de la mano de la colaboración local. Por ejemplo, durante el huracán Katrina en la ciudad de Nueva Orleans en 2005, se dieron muchos ejemplos de ayuda entre familias, asociaciones de ciudadanos, iglesias de barrio. Este es otro tipo de liderazgo. Otras respuestas podrán venir de las empresas y su capacidad de anticipación, pues actúan con mayor rapidez que los Estados. Por ejemplo, me han contado que unas conocidas bodegas de aquí (Torres) están ya plantando vides en los Pirineos porque saben que la sequía aumentará en las zonas bajas de Cataluña". "Es importante también aprender de las lecciones que nos ofrece la historia", tal nos indica el profesor Fagan. El lo tiene claro "como dijo el político alemán del siglo XIX, Otto von Bismark hace más de un siglo, tenemos que escuchar los pasos de la historia y aprender de ellos", w
La historia de la humanidad según Fagan
Brian Fagan, además de marino, es arqueólogo, antropólogo y autor de numerosos libros y artículos de divulgación histórica. También trabaja como conferenciante, profesor y consultor para varias organizaciones. La idea de escribir este último libro, "La corriente de El Niño y el destino de las civilizaciones" (Gedisa, 2010), nació durante una animosa conversación sobre la corriente de 'El Niño'. ¿Podría el cambio climático que actualmente vivimos ser severo y ser capaz de derribar incluso nuestra civilización moderna? Antes de 1997, 'El Niño' era un gran desconocido para la mayoría de la gente. "Como nuestros antepasados -observa Fagan-, aún juzgamos los cambios súbitos del clima global con la estrechez de miras de la memoria humana y la experiencia de unas pocas generaciones. Pero cuando 'El Niño', además de sus habituales sequías mortales en el Pacífico Sur, provocó grandes heladas en Europa e inundaciones en la costa oeste de Norteamérica, todos comenzamos a preocuparnos". Tal vez, Brian Fagan debería conocer aquel viejo refrán español que dice que "Nadie se acuerda de Santa Bárbara hasta que truena".
Fagan nos recuerda que el de 'El Niño' no es un fenómeno nuevo. En su libro, además de explicarnos de manera clara y te cuáles han sido algunos de los efectos en la historia de la humanidad de este fenómeno, profundiza en las reacciones sociales que se han vivido históricamente ante los cambios climáticos. En este sentido, el antropólogo británico es contundente: "La historia nos enseña que los mejores líderes fueron aquellos quienes estuvieron dispuestos a aprender de sus experiencias y de las lecciones que les dio el medioambiente", y añade: "Ningún fenómeno meteorológico, ninguna amenaza de superpoblación o ningún efecto de calentamiento del planeta considerados por sí mismos destruirá nuestra civilización, pero la combinación de los tres nos convierte en una presa fácil".
'El Niño', fragua de líderes y civilizaciones
La expresión 'El Niño' para definir el complejo fenómeno climático del Pacífico surgió entre los pescadores del puerto de Paita, al norte de Perú, que asociaron su formación con la época de Navidad y el niño Jesús. En la actualidad, también se le denomina ENSO, por sus siglas en inglés: El Niño-Southern Oscillatlon ("Oscilación del sur El Niño"), aunque en ocasiones se distingue entre 'El Niño' para hablar de los episodios cálidos y 'La Niña' para referirse a los fríos. Aun así, por lo general, la expresión 'El Niño' es la más utilizada.
¿Pero qué es en concreto 'El Niño'? Se trata de cambios a gran escala en los vientos y las corrientes sobre el Océano Pacífico ecuatorial que suelen afectar tanto a las costas americanas como a las asiáticas, y que a veces (por efecto dominó) repercuten en otras regiones del planeta. Provocan en algunas ocasiones prolongadas sequías, en otras lluvias torrenciales o incluso terribles heladas. No obstante, y con frecuencia, la falta de ayuda a las víctimas de las zonas afectadas, o la ineficacia de ésta, suele causar más víctimas que el propio latigazo de 'El Niño'.
Fagan, lo tiene muy claro: "Las pérdidas materiales producidas por 'El Niño' no son mayores que los peligros que afronta la propia humanidad. En sociedades ya muy abrumadas por la explotación imprudente del ambiente, un violento 'El Niño' puede destruir la fe de los pueblos en la legitimidad de sus líderes y en los fundamentos de su civilización. En ocasiones, los dirigentes caen, pero sus sucesores deben aprender de los errores anteriores, como se hizo en el Imperio Medio de Egipto. También puede suceder que algún acontecimiento extraordinario o una invención notable atempere las presiones, como el cultivo de patatas a gran escala que se realizó en la Europa de siglo XVIII. En cambio, en otras veces, el derrumbe es completo, como los casos de los moches y de los mayas".
* Publicado en la revista Clío, N° 111 (febrero de 2011).
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