La historiografía en San Marcos, ¿recuento o balance bibliográfico?

Hace un par de semanas atrás, un joven historiador amigo mío, en el transcurso de un diálogo a tres bandas en Twitter, comentaba que la reseña que había escrito de un libro en una revista especializada le había granjeado tantos problemas que tuvo que decidir salir a estudiar fuera antes de lo que pensaba. Poco antes de empezar a escribir estas apostillas a la conferencia de Juan José Pacheco Ibarra sobre la historiografía sanmarquina, recordé tanto el comentario de mi amigo como el que hace Juan Pablo Castel, el personaje de la novela “El túnel” de Ernesto Sabato, sobre los críticos y que pueden resumirse en tres palabras: son una plaga.

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No he podido dejar de pensar en ello mientras oía a Pacheco reseñar la producción historiográfica de la cuatricentenaria universidad en la última década por una sencilla razón: pese a no conocerlo personalmente, siento un sincero aprecio por él y su labor de recolección de fuentes para la historia de nuestra historia. Es, desde mi punto de vista, uno de los pocos jóvenes historiadores egresados de San Marcos dotado con el talento necesario para dedicarse a las tareas propias de un polígrafo en una época en que Internet parece abarcarlo todo. El trabajo de recopilación y reseña que hace mensualmente desde hace años con la publicación de su “Agenda Histórica” es la mejor prueba que tengo para sostener mi afirmación.

Sin embargo, he de decir que he quedado poco menos que decepcionado de la ponencia que presentó en la Semana de Historia de San Marcos el pasado 28 de noviembre y que tenía por título “La historiografía sanmarquina 2001-2011. Balance historiográfico de la última década en San Marcos”.

Pacheco empieza ofreciendo una definición de lo que él entiende por ‘historiografía sanmarquina’, pero en honor a la verdad su definición, más que ‘operativa’ es un homenaje a la obviedad y la redundancia que bien pudo habérnoslo ahorrado. Mejor hubiera sido que estableciera si en esa década se puede hablar ya de una nueva o nuevas generaciones de historiadores y de los grupos de estudio e investigación predominantes en ella y las grandes líneas de trabajo que desarrollan. Por supuesto, no lo hace.

Seguidamente afirma que “la historiografía sanmarquina de los últimos años ha sido más una historiografía de artículos más que de libros” y estoy de acuerdo en ello, pero tampoco es del todo cierto que nuestra historiografía sea básicamente de artículos (más adelante, refiriéndose a la historia económica, dice que no va a mencionar todos los libros porque son demasiados ¡¿En qué quedamos?¡). Comparada con años anteriores, estos han sido muy buenos en lo que se refiere a la publicación de libros de Historia. Pero por supuesto, falta mejorar mucho más. En México, por ejemplo, solo en Historia se publican al año cerca de 5.000 títulos. Acá, difícilmente llegamos al centenar. En ese sentido, la ley de libro sigue siendo todavía una quimera para los historiadores. Y más para los de San Marcos.

Cuando habla de la historia económica que se hace en nuestra alma máter, Pacheco incurre en una serie de Galimatías que aun estoy tratando de descifrar. Habla de ‘generaciones intermedias’, confunde tema con especialidad y nombra autores y asuntos que no son precisamente predominantes en el periodo sobre el que diserta. Más aún, menciona a Miguel Maticorena que no se dedica a esta especialidad y que no ha publicado nada en estos diez años (el único reproche que todas las generaciones de alumnos que tuvo y que le apreciamos entrañablemente le hacemos).

Respecto a la historia política menciona apenas tres libros que, si mal no recuerdo no fueron publicados en estos últimos diez años, sino en la década anterior. Pero más que mencionar libros del periodo anterior, está peor dejar de mencionar títulos importantes del mismo. Tal vez porque esas investigaciones no fueron hechas por samarquinos y ese es un hecho digno a resaltar y comentar. Por supuesto, tampoco lo hace.

Pacheco se da tiempo para nombrar a los historiadores formados en nuestras aulas que salieron a estudiar al extranjero y han vuelto. Pero no dice una sola palabra de los métodos de trabajo, las corrientes historiográficas o los temas que han traído después de su periplo por aulas extranjeras, ni mucho menos menciona las tesis o trabajos de investigación que realizaron. Si no fuera porque conozco a muchos de ellos, cualquiera pensaría que fueron a hacer turismo. Yo les aseguro que no fue así.

Cuando menciona los dos volúmenes que publicaron Chaupi y Rosado, solo atina a decir que son unos trabajos que actualizaron un poco otros publicados en la década de los 80. No dice en qué consiste esa actualización y porque es ‘poco’ lo que han hecho.

Cuando se refiere a la proliferación de revistas no explica las razones y motivos de esa proliferación ni las condiciones de esa apertura editorial cuando en el mundo se apuesta muy fuerte por la edición electrónica. Lo suyo es solo una relación de títulos. Nada más.

La primera pista de que Pacheco equivocó el rumbo de su disertación la da quien compartió mesa con él, Wilfredo Kapsoli, y quien tuvo que cambiar (todo parece indicar que así fue) el contenido de la suya, “El historiador frente a los retos del Siglo XXI”, por una que transformó en un recuento de su propia labor historiográfica, muy meritoria por cierto. Pero, ¿no es que debía de hablar a esos jóvenes historiadores que lo escuchaban de los retos que le esperan en un mundo donde el pensamiento y la historiografía progresista sufren la amenaza de la intolerancia y en donde cualquier forma de esta, va condenada al ostracismo más duro por el mero hecho de intentarla? Tal pareciera ser que hoy, viejos y jóvenes, maestros y discípulos, entendieran por balance historiográfico el ejercicio cómodo (y la excusa perfecta) para animar los egos.

Si Pacheco decidió convertir el balance de una década de investigaciones históricas en un recuento bibliográfico (que habrá inflamado el pecho de muchos), hubiera podido salvar la circunstancia acompañando al mismo con algunas ideas.

Porque uno puede estar de acuerdo o no con lo que afirma un autor en su libro o artículo, pero referirse a su contenido como ‘interesante’ solo pone en evidencia que del mismo se conoce lo que escasamente ha puesto el editor en la contraportada. Y ya sabemos que escribir portadas es todo un arte y una especialidad en el mundo editorial. Así que de ‘interesante’ un libro tiene todo lo que el editor quiere que entendamos por eso. Un ejemplo en contrario lo constituye la introducción que Alex Loayza firma para el reciente “Trabajos de historia. Religión, política y cultura en el Perú, siglos XVII-XX”, que reúne una serie de artículos basados en las tesis de licenciatura presentadas en San Marcos entre 1999 y 2009, el mismo periodo que abarca Pacheco, y que tiene la virtud, precisamente, de aportar ideas que invitan al diálogo, al debate.

Podría seguir señalando más inexactitudes (“Pablo Macera, que ahora está en el SHRA” ¿No que se había jubilado?) e imprecisiones (“el trabajo de Luis Arana es un trabajo de primera” ¿Qué trabajo?) en la intervención de Pacheco, pero la finalidad de estas líneas creo que ha quedado bastante bien expuesta: falta (urgentemente) hacer ese balance que Pacheco nos ofreció. Y falta porque se trata de una época decisiva para el mundo y para la historiografía. Diez años en que la predominancia de un discurso ideológico y político ha transformado completamente nuestra forma de entender y ver el mundo; y diez años en el que el trabajo del historiador cambió radicalmente con la revolución tecnológica (¿nos hemos beneficiado de ella? ¿Se ha hecho algún trabajo aprovechando las innumerables herramientas con que ahora contamos?).

Quiero creer, y estoy convencido de ello, que las graves deficiencias que he anotado en estas breves líneas se deben a una sala causa: la premura. Vivimos en una época y nos desenvolvemos en un medio que nos exige que publiquemos más rápido de lo que escribimos. E incluso a veces de lo que pensamos. No hacerlo nos condena al olvido más duro en una época en que ganarse el pan es cada vez más difícil para un historiador. Pacheco es hábil y muy inteligente, pero cometió el error de apresurarse en presentar su ponencia. Lo suyo ha sido, ante todo, una relación de títulos y autores. Muchos nombres, muchas fotografías, un power point muy bonito y nada más. Cero ideas.

Ojalá que ahora que ha decidido publicarla corrija, amplíe y precise muchas cosas que ni siquiera asomaron en su intervención. Es la deuda que tiene contraída con todos. Sobre todo con quienes verdaderamente apreciamos su trabajo y entre los que me incluyo.


3 comentarios :: La historiografía en San Marcos, ¿recuento o balance bibliográfico?

  1. La ponencia presentada por Juan José Pacheco Ibarra fue una petición de los estudiantes de Historia de San Marcos que conformaron la comisión académica del Centro de Estudiantes de Historia de la UNMSM para la Semana de Historia 2011, si bien el profesor Pacheco ha comentado que sus investigaciones y prioridades no están relacionadas a la ponencia presentada, tuvo la diligencia de afrontar dicho reto. Si bien ha presentado limitaciones referidas a la premura ha cumplido con esa labor que se hace necesaria en nuestra casa de estudios y poco se ha realizado en estos últimos años.

    Juan Tito Melgar
    Estudiante de Historia - UNMSM

  2. Concuerdo con las críticas de Jorge respecto a la ponencia de Pacheco. Yo rescato el hecho de que ha recopilado mucha información. Sin embargo, como sabemos, recopilar información sin procesarla es hacer el trabajo a medias… Yo quiero comentar y discutir algunas conclusiones que Pacheco señala en los minutos finales de su ponencia:
    1. El que se haga tesis es importante pero no es primordial para el historiador.
    2. Que las publicaciones reseñadas se caracterizan por su buen uso de fuentes y perspectiva teórica.
    3. Faltan maestros.
    Como bien muestra Pacheco hay una gran producción sanmarquina en forma de artículos y libros de estudiantes y egresados. Tal vez por ello señala que no es tan importante hacer tesis para producir. Sin embargo, pregunto ¿ello es signo de profesionalización? Yo creo que las tesis son importantes porque señalan como una institución produce profesionales que siguen y completan determinados requisitos académicos mínimos. Además, es un indicador para medir el éxito de las instituciones universitarias a nivel mundial. De otra parte, por lo general, para postular a una beca en el extranjero y seguir un doctorado es necesario demostrar que se ha investigado y lo mínimo que se pide es precisamente una tesis. Y esa es la situación de una buena parte de sanmarquinos estudiando en el extranjero en los últimos años.
    Lo que acabo de mencionar tiene relación con la segunda conclusión. Yo creo que la afirmación de que la producción historiográfica sanmarquina se caracteriza por su buen uso de fuentes y perspectiva teórica es ser demasiado condescendiente y poco autocrítico. Mucho de lo producido en revistas son avances de investigación o propuestas. De otra parte, es innegable que hay varios “libros” que son transcripciones de fuentes o artículos largos con extensos anexos documentales…
    Sobre el tercer punto, en realidad ¿faltan maestros? en la escuela de historia de San Marcos. Yo supongo que Pacheco no querrá que vuelvan las épocas de las tertulias de Porras o Macera con todo lo bueno y malo que tenía ese tipo de relación personal y clientelar de antiguo régimen... Más que maestros es necesario, lo vuelvo a decir, profesionalizar la carrera, la escuela. A ver, según un artículo en de un estudiante de San Marcos (http://annalicemoshist8ria.blogspot.com/2011/10/el-diciembre-de-ese-enero_23.html) de 28 profesores en la EAP de historia, 8 son doctores, 5 con grado de magíster y 15 con título de licenciado. De estos últimos hay que decir que por lo menos la mitad lo es por examen. Entonces yo pregunto a Pacheco, ¿realmente necesitamos maestros? Las cifras mostradas hablan por sí solas de las falencias de la escuela.
    Finalmente, no dudo que tras la “década perdida” de 1980, fue muy importante en las siguientes décadas, sobre todo por la iniciativa de los estudiantes, la investigación histórica publicada en revistas de estudiantes y libros autogestionados. Ello dice mucho de la iniciativa de los sanmarquinos. Sin embargo, tengo la impresión de que ya es hora de pasar a otra etapa más profesional. De que ello es posible no tengo dudas. Tenemos buenos recursos humanos, pero para avanzar debemos plantearnos metas más ambiciosas, no ser indulgentes y empezar a debatir más.
    Alex Loayza Pérez

  3. Totalmente de acuerdo con las criticas vertidas. Agregaria que le realizado por Pacheco forma parte de un trabajo de relaciones publicas con infulas de historiografia. Pacheco debe continuar con su fuerte que es la etnohistoria. Sea su trabajo hecho por encargo, sea por vocacion de elaborar una historia de la historiografia de San Marcos, la ponencia deja mucho que desear. Con las disculpas previas pues nos conocemos desde larga data, estamos ante un trabajo que hace alarde de sosfisticados conocimientos informaticos, ya senalados en la critica hecha por el bloger. Como que Juanjo quizo quedar bien con todo el mundo y no lo pudo y en temas de historiografia es necesario haber leido la produccion y no solo contarla, loando a tiros y troyanos. En historia no se puede ser un equilibrista, se debe tomar posicion y no quedar bien con todos. La critica, es directa como directa es la amistad entre ambos.


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