"El planeta de los simios: (R)Evolución" o a qué le teme Hollywood en estos días

Por Bruno Rivas

La escena que hizo que "El planeta de los simios" (1968) se convirtiera en un ícono y en un franquicia que dura hasta nuestros días fue la final. En ella se podía ver al protagonista George Taylor (Charlton Heston) gritando y lamentándose en una playa tras haberse encontrado con la cabeza de una destruída Estatua de la Libertad. Al grito de "!Finalmente lo hicieron!" el personaje le hacía entender a la audiencia que una nueva guerra mundial había provocado la aniquilación de la humanidad. Ese brillante final se tornó legendario porque reproducía perfectamente el temor que tenía el mundo en ese entonces: que estallara la Guerra Fría y que provocara el fin de los tiempos. El año pasado se estrenó una nueva precuela "El planeta de los simios (R)Evolución" que puede ponerse a la altura de la cinta original porque también logra poner en evidencia el temor que pasa actualmente por las cabezas de Hollywood, y quizás hasta de Washington, en estos días.

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La historia que se cuenta parece ser obvia y sin grandes sorpresas. Veremos como gracias a un experimento realizado por el científico Will Rodman (James Franco) los simios logran desarrollar inteligencia superior e independizarse de los humanos. A través de la relación entre Rodman y César, el chimpancé que se transforma en líder de los "rebeldes", podremos ver el proceso de liberación de los simios. Pero el gran acierto de los realizadores es no solo mostrar esa relación tutelar entre el científico y el simio sino la búsqueda de los humanos de mantener siempre su hegemonía sobre los animales. Una ambición de la cuál no se libra ni el bientencionado Will.

Para que haya hegemonía es necesario que la élite mantenga siempre en un nivel inferior al subalterno. El dominador justificará siempre su dominación en el hecho de que está "civilizando" al dominado. Sin embargo, nunca permitirá que el subalterno alcance a civilizarse porque eso significaría perder su supremacía. Si el dominado logra ponerse al nivel del dominador no habrían razones para sostener esa dominación. Entonces el gran temor por el que pasa el que tiene el poder no es que el Otro nunca se "cilivice" sino que logre hacerlo.

La cinta muestra como Will busca en todo momento sostener su dominación sobre César. A pesar de que colabora con el desarrollo de su inteligencia enseñándole lenguajes, juegos y conductas propias de los seres humanos, el científico dejará en claro quien es el que tiene el poder. Aunque el chimpancé es considerado parte de la familia de Will cada vez que sale de la casa de los Rodman debe llevar un collar en el cuello y seguir las órdenes del científico. Luego cuando César se da cuenta de su condición de mascota y reclama por eso, Will le dice que es el su padre. En otras palabras, el científico justifica su dominación e impide que el animal-humano logre la libertad que merece todo ser civilizado. Lo interesante del caso es que el científico es el bueno de la película.

Detrás de las buenas intenciones de Will, en realidad con sus experimentos busca curar el Alzheimer y siempre intenta darle un trato "digno" a César, lo que hay es todo un aparato corporativo que busca aprovecharse de la situación. Rodman trabaja para una compañía farmaceútica que busca ganar millones gracias a la vacuna y el jefe del científico, Steven Jacobs (David Oleyowo), no tiene escrúpulos en experimentar con los simios y matarlos cuando no le sirven. Su único temor es que desarrollen cierto grado de inteligencia que los haga una amenaza para el status quo. Este personaje será el que guiará a las fuerzas armadas cuando los simios se levantan en busca de su libertad. Jacobs termina siendo el representante de la élite que busca a la fuerza mantener su hegemonía. Ahora tras ver lo superficial iremos un poco más profundo en el análisis.

Es curioso que esta película se haya estrenado en un año tan movido como el 2011. Los meses pasados estuvieron repletos de levantamientos. El Medio Oriente y el norte de África vivió su Primávera Árabe mientras que Europa y EE.UU. tuvo a sus 'indignados' y al movimiento Occupy Wall Street. Tan revuelta estuvo la calle que la revista "Time" eligió al "manifestante" como el personaje del año. Fue pues el año de los que estaban en desacuerdo con el sistema político o económico que se da en su país. ¿Habrán pensado en esos manifestantes los guionistas de la (R)evolución de los simios? Al menos podríamos plantear que inconscientemente sí.

Hemos visto como Will y Jacobs representan al poder hegemónico. Mientras uno intenta mantener su poder de una manera más suave y velada el otro lo hace de forma obvia y a través de la fuerza. Will representaría a los progresistas que buscan mantener el status quo pero realizando pequeños cambios y Jacobs a los conservadores a los que no les interesa mover ni un ápice el sistema. Otra manera de ver a estos dos personajes es como la academia y la política corporativa. Rodman representa a los intelectuales que buscan mejorar la humanidad mientras que su jefe a los políticos que están unidos con las corporaciones. Estos dos grupos terminan trabajando juntos, aunque la política corporativa se coloca un peldaño por encima de la academia, para defender el sistema económico. No parece casual que Jacobs sea de la misma raza que el actual presidente estadounidense al que muchos progresistas acusan de no haber cumplido con las promesas de cambio y haber protegido a las corporaciones durante la crisis económica.

¿Y a quiénes representarían los simios? Pues serían los indignados y los Occupy Wall Street. Tampoco sería casualidad que los rebeldes se levanten en San Francisco, una ciudad caracterizada por su rebeldía y por acoger a los beatniks y hippies. Pareciera que lo que predijo Hollywood sin darse cuenta fue la arremetida de aquellos que están cansados de que se mantenga un sistema en el que están obligados a ser usados como experimentos o a llevar un collar, en el mejor de los casos. Pues el gran temor de la meca del cine, que debe llegar hasta Washington, sería que las manifestaciones de los disconformes termine como la de los simios. Que terminen mirando la ciudad con furia y dispuestos a tomarla en el futuro. No querrían terminar gritando como Heston: "!Finalmente lo hicimos!".


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