El filósofo y escritor Fernando Savater responde a una serie de preguntas con la Constitución de 1812 como telón de fondo en una entrevista publicada en el 'Clarín de los Bicentenarios', revista trimestral editada por la Universidad de Cádiz. “La influencia de la ignorancia es el mayor peligro de todas las democracias”, nos ha recordado en más de una ocasión.
Fernando Savater ha mantenido siempre un compromiso con temas claves como la educación, la ética o la implicación política; valores todos ellos presentes en nuestro primer texto constitucional y legado del ideario ilustrado que tanto le gusta reivindicar.
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Efectivamente, la convicción, mantenida tanto por los ilustrados como por los doceañistas de que la educación era la base para el desarrollo personal y el progreso social, forma parte también del ideario de Savater. De ahí libros como Ética para Amador o Política para Amador, que tanto han leído los alumnos de Secundaria y Bachillerato y que tanto enseñan sobre la necesidad de reflexionar, sobre valores como la tolerancia, la racionalidad, la humanidad, y la universalidad.
A los libros mencionados habría que añadir La tarea del héroe, Sobre vivir, Contra las patrias, Ética y ciudadanía, El valor de educar, Despierta y lee, La Filosofía como anhelo de revolución, La infancia recuperada, El valor de elegir, La aventura de pensar, y tantos otros. Porque, Savater, es un escritor prolífico que, además de ser autor de ensayos y un sinnúmero de artículos periodísticos, ha cultivado también el teatro, como en la ilustrada y utópica Vente a Sinapia; y la novela, con obras como El jardín de las dudas, donde recrea precisamente el diferente ambiente cultural y social que vivían los parisinos y españoles en el XVIII, a través de la mirada imaginada de Voltaire.
Aprovechando la ocasión que brindaba su presencia en la apertura de la 62 edición de los Cursos de Verano de la UCA, se le plantearon una serie de preguntas.
- La ciudadanía que impulsó en Cádiz la Constitución de 1812 generó un documento que aportaba conceptos utópicos hasta entonces como la libertad de imprenta o el poder del pueblo. Usted mencionó en su conferencia que la ciudadanía tuvo “un impulso” hace 200 años y que ahora “sólo la indignación y el pataleo nos mueve”...
Pasa en general que basta con decir “yo estoy en contra”. Pero eso puede ser un primer momento; lo importante es que luego digas cómo ves las cosas, qué propones, no solamente expresar qué es lo que no te gusta. Sabemos que el mundo está lleno de cosas que no nos gustan, pero si no hay manera de cambiarlas…La conclusión es que si no haces nada, tendrás que aguantarlas hasta que vengan otros.
- ¿Qué ha sucedido con la sociedad? ¿Qué motivos cree que son los que hacen que ese ‘impulso’ falle?
No es tanto que falle, lo que ocurre es que hoy las cosas son, digamos, más complejas. Para mucha gente se ha hecho más fácil la idea de que ya estamos cansados y simplemente se preocupan de salir adelante en sus negocios. El espíritu cívico se pierde entonces, ya que las personas sólo piensan en su provecho personal.
En aquella época, el grupo de los doceañistas tenía mucho espíritu de colectividad, de que había que hacer cosas por la colectividad. Hoy en cambio, la gente lo que quiere es sacar adelante su negocio. Ese es quizás uno de los defectos.
- ¿Vivimos entonces en una sociedad individualista?
Bueno, vivir en una sociedad individualista no tiene nada de malo, siempre que el individuo sepa que está conectado con todo lo demás. Uno puede ser muy individualista en el sentido de tener sus propios proyectos de vida, pero sabiendo que esos proyectos están enmarcados en una sociedad, que uno no corre por fuera de la pista sino dentro de la pista con los demás.
- ¿Qué otros factores además del ‘impulso’ deberíamos tomar de aquella ciudadanía que luchó hasta conseguir su utopía?
Eso mismo; yo creo que muchas veces en política se dice que el coraje o el valor son factores importantes, por ejemplo en el caso del País Vasco, pero creo que una característica muy importante a tener en cuenta es la paciencia, porque casi nada se consigue de un día para otro.
En política lo difícil es seguir manteniendo la postura. Hay que seguir, e incluso convencer a otros, y muchas veces uno se queda a medio camino y debe continuar la tarea otro. Esa paciencia es lo más importante porque, sino, “un día todos somos héroes pero al día siguiente…”. No vale aburrirse de la tarea, porque sino ¿qué?
Lo importante es mantenerse
- ¿Qué opinión le merece el movimiento de los indignados o 15-M?
Que en un país donde hay 5.000.000 de parados, muchos de ellos jóvenes, la gente salga de su apatía y se plantee pensar sobre lo que está sucediendo y no deje simplemente que vengan otros, sino que diga “esto me concierne a mí”. Que se reúnan, que en vez de matar la tarde viendo Sálvame o el partido de fútbol, salgan a la calle a discutir sobre el estado de las cosas, me parece muy positivo.
Lo que me parece negativo es que esa reflexión política vaya acompañada de una especie de desdén o de superioridad, en el sentido de opinar si “los políticos son buenos o malos”, “los partidos políticos no sirven para nada”, el “debate de los políticos en la televisión es malo, sin embargo el que tengo yo aquí con mi prima es estupendo”. Ese tipo de suficiencia, es un poco risible, aunque uno puede decir con benevolencia que todos a ciertas edades hemos sido petulantes.
Pero no hay que alabar eso, sino el hecho de que haya personas que estén dedicando su tiempo a hablar, a discutir, a razonar. No el hecho de que esas personas hagan parecer que en el mundo sólo hay un grupo de puros e ilustrados y otros que están al servicio de poderes inconfesables. Yo creo que las mismas cosas inconfesables se harían tanto entre los indignados como en la cámara de los políticos, eso seguro.
- La democracia entonces no es un concepto aislado, sino que debe ser construida por los propios ciudadanos…
Exacto, la democracia en sí misma es como si tú te compras un libro de cocina y lo dejas encima de la mesa de la cocina al lado del fuego esperando que haga platos. Es decir, tienes el medio para hacer muchos platos pero como no te pongas un mandil y compres la comida y empieces a partir huevos, pues no se hace un plato.
La democracia es lo mismo. En el libro puede salir todo perfecto y ser perfecto, pero cuando te pones a hacerlo, te das cuenta de las dificultades que tiene hacer el plato bien.
- ¿Podría definir la palabra democracia en el siglo XXI?
Bueno, la democracia es siempre un medio, digamos, de repartir el poder en una sociedad en la que todos formamos parte del ejecutivo político. Es decir, en la democracia lo característico es que no hay gobernantes y gobernados, definitivamente; no hay gente que ha nacido para mandar y gente que ha nacido para obedecer, sino que todo el mundo ha nacido para desempeñar puestos de acuerdo con sus capacidades, que unas veces son unas, otras veces son otras.
Entonces, la forma de organizar un sistema de igualdad y libertad, de igualdad de derechos y garantías, y de libertad para ejercer proyectos, eso es la democracia.
- ¿Cree usted que es necesaria una nueva Ilustración en este país?
Yo me conformaría con que volviera la vieja (risas), la nueva ya sería mucho pedir. Que tuviéramos de nuevo la que hubo, que ya se ha olvidado en muchos aspectos.
- ¿Qué rebobináramos un poco, quizás?
Sí, un poquito.
- En su conferencia inaugural ha insistido en la educación como camino a la democracia ¿Podría aportar un consejo a las instituciones gaditanas de cara a la conmemoración del Bicentenario de la Constitución de 1812?
Bueno, más que un consejo, yo les diría que hay que insistir en la importancia que tuvo la educación para los doceañistas; eso sí que me parece interesante. Es decir, los ilustrados en aquellos años no veían la educación como una cosa más, sino que le daban a la educación un papel esencial, central.
Que en estas conmemoraciones que están teniendo y tendrán lugar se saque la lección de que para los ilustrados, el país tenía que pasar primero por la revolución de la educación. No se trataba de cortar la cabeza al rey y ponerla en una pica, sino que la primera y verdadera revolución fue la de educar.
Fuente: Revista Clarín de los Bicentenarios, N° 3
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Fernando Savater: "Los doceañistas tenían un espíritu de colectividad que hoy no existe"
Posteado por
JMM
martes, enero 10, 2012
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