La Historia por decreto

En el siglo XIV a.C. el faraón Tutankamón mandó destruir todas las efigies de su antecesor, Akhenatón, en un intento por borrar su nombre de la historia. Desde entonces, la historia se ha visto repleta de episodios en las que gobernantes y políticos se han obsesionado por cambiar la historia de manera cada vez más evidente y frecuente

Por Jorge Moreno Matos


Desde que se tiene memoria, el afán de los estados y los gobernantes por cambiar la historia o por escribir una con qué sentirse a gusto o quedar ‘correctamente’ retratados ha sido una constante. En un capítulo más de esta historia, hace unos días el gobierno de Salvador Piñera, a través del ministerio de Educación chileno, trató de hacer prosperar una reforma en la currícula de los textos escolares de educación básica que ha levantado una polvareda y devuelto al centro de la atención pública una cuestión que muchos políticos toman por un hecho posible y factible: cambiar la historia por decreto. La reforma en cuestión pretendía que los textos escolares se refirieran al gobierno del general Augusto Pinochet como ‘régimen militar’ y no utilizaran el término ‘dictadura’.

¿Es posible cambiar la historia a través de una ley o, como en el caso chileno, por una directiva educativa? ¿Se trata de una manifiesta intención de utilizar la historia con fines políticos? ¿O de una práctica todavía más deleznable como la de tergiversarla?

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Polémico diccionario

De esto, de querer tergiversar y manipular hechos históricos, además de ocultar otros, fue acusada la muy prestigiosa Real Academia de la Historia de España cuando en junio pasado presentó su “Diccionario biográfico español”, una obra magna de 50 volúmenes que tuvo una suerte que no esperaba. La razón fue la entrada dedicada a Francisco Franco, en donde el autor de la misma, el historiador Luis Suárez Fernández, escribió que Franco “montó un régimen autoritario, pero no totalitario”. La polémica que se generó, y las acusaciones de todo calibre que recibió la Academia la obligaron a detener la distribución de la obra y a anunciar que se rectificaría esa y otras entradas que muchos empezaron a detectar con lupa en la mano.

Aquí en América Latina, el gobierno de la presidenta Cristina Kirchner creó recientemente y mediante decreto un Instituto de Revisionismo Histórico que ha puesto los pelos de punta a la comunidad académica. En el texto de la ley de creación se dice, textualmente, que el Instituto se abocará a la “reivindicación de todas y todos aquellos que […] defendieron el ideario nacional y popular ante el embate liberal y extranjerizante de quienes han […] pretendido oscurecerlos y relegarlos de la memoria colectiva del pueblo argentino”. Huelga decir que entre estos personajes oscurecidos por la historiografía ‘liberal’ se encuentran Juan Domingo Perón y su esposa, Eva Duarte, Evita para todo el mundo. Lo curioso de este novedoso instituto de Historia es que la mandataria argentina ha puesto al frente del mismo a un escritor, Pacho O’Donell, y no a un historiador, y cuya historia de colaboraciones y acomodamientos con los gobiernos de turno ha sido tan sinuosa como escandalosa.

Para el historiador José Ragas, de la University of California Davis, lo que pretende el Gobierno argentino con ese instituto “es trasladar a las aulas un estilo de política que se pretende popular y que solo existe en la medida que se aleja y se opone a la clase alta, lo cual es absurdo y anti-histórico”.

En el caso de la pretendida reforma curricular chilena, el cambio de un término por otro no es nimio ni inocente. “La importancia de este cambio radica en que los textos escolares constituyen la principal fuente de legitimación del pasado que tiene el Estado frente a sus ciudadanos, dado que alcanza de manera masiva a quienes siguen estudios básicos”. “Una razón adicional por la que esta medida no es inocente es que se trata de una medida más entre varias destinadas a controlar o reducir el conocimiento del pasado”, precisa Ragas.

Tan absurdo como condenable

De la misma opinión son otros historiadores para quienes la sugerencia de cambiar un término por otro resulta absurdo. El historiador y Jefe del Archivo General de la Nación, Joseph Dager, es muy puntal cuando señala la futilidad de intentos como el del caso argentino o chileno. “Esa misma tendencia, la del revisionismo histórico va a hacer que se revise (en el futuro) esa misma interpretación que ahora ellos quieren imponer como verdadera”, declara a El Comercio.

El historiador Jorge Valdez Morgan, de la Universidad Católica, señala que en esto hay una “evidente intención de manipulación y tergiversación de la historia. Algo totalmente absurdo”, explica. Tan absurdo que el diputado de la oposición, Jorge Tarud, espera que el gobierno de Piñera se rectifique “porque esto le hace mucho daño a la imagen internacional del país”.

Mientras tanto, habrá que seguir soportando la terquedad de los políticos de turno por querer cambiar el pasado. O apropiarse de él, como ocurre en Venezuela, donde la utilización política de la figura del Libertador Simón Bolívar por parte del presidente Hugo Chávez resulta tan grosera y burda que seguirá hiriendo susceptibilidades tanto dentro como fuera de su país.


La dictadura del texto

La doctora Cristina Moyano Barahona, historiadora chilena especialista en historia contemporánea de su país, explicó a este Diario que la propuesta de reforma curricular propuesta por el gobierno de Chile en los textos escolares trata de ocultar a los protagonistas de una parte de la historia de Chile. “Lo que está detrás de esta cambio curricular, que obedece a una reforma en política pública, es claramente una intencionalidad del gobierno de ‘invisibilizar’ todo lo que conlleva la carga de experiencia que está detrás del concepto de ‘dictadura’ ”, nos explica.

Lo que pretende esta reforma, asegura Moyano, es ofrecer una visión distinta del pasado con una intención de posicionar a los protagonistas en una línea distinta de lo que fue la historia reciente de Chile. “Están tratando de bajar la cuota de represión, dolor, trauma que generó la dictadura con el uso del concepto de ‘régimen militar’.

Como respuesta a esta propuesta de reforma, un grupo de historiadores chilenos han salido a las calles a ‘dictar cátedra’ públicamente para combatirla. “Hay una posición ética de los historiadores chilenos que hemos salido a debatir públicamente contra este cambio curricular”. Así, los chilenos que ayer lucharon en las calles contra la dictadura de Pinochet, ahora lo hacen desde las aulas y foros públicos. Pero esta vez la lucha es contra la ‘dictadura del texto’ que se les quiere imponer.


LA FRASE
“La historia será amable conmigo, porque tengo intención de escribirla”
Winston Churchill
Político inglés


OPINIONES
“La dictadura de Pinochet fue eso, una dictadura y no deben buscarse eufemismos para nombrarla de otra manera”
Jorge Pizarro

“Eso significa tergiversar la historia porque lo de Pinochet fue una flagrante dictadura por donde se le mire”
Jorge Tarud

“Es un cambio con una clara intencionalidad política. El gobierno de Pinochet fue una de las dictaduras más crueles de América del Sur”
Joseph Dager

“Es una manipulación de la historia que no es un fenómeno moderno y donde triunfará quien tenga mayor poder político”
Héctor López Martínez

“Es un absurdo total pretender cambiar la historia por decreto. Hay que llamar a las cosas por su nombre y la de Pinochet fue una dictadura”
Cristina Mazzeo


Publicado en el diario El Comercio, de Lima, el domingo 15 de enero de 2012.


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