Francisco de Paula González Vigil

Por Francisco José Del Solar Rojas

Francisco de Paula González-Vigil Yáñez nació en Tacna el 13 de septiembre de 1792 y falleció en Lima el 9 de junio de 1875, a los 82 años. Sus padres fueron Joaquín González-Vigil y María Micaela Yáñez, quienes pertenecían a distinguidas y acomodadas familias. Eran propietarios del fundo Piedra Blanca, entre otros numerosos bienes raíces en el sur del país. La portada de esta Jurídica está ilustrada con su fotografía retocada, tomada por Manoury, de calle Palacio 71, Lima.

SUS ESTUDIOS

Ingresó en el Seminario Conciliar de San Jerónimo de Arequipa, que había sido reorganizado en 1791 por el obispo español de esa ciudad, Pedro José Chávez de la Rosa, de profunda convicción liberal. Ahí había estudiado el clérigo y abogado Francisco Xavier de Luna Pizarro Pacheco. En el claustro, González-Vigil conoció y tuvo como profesores y autoridades a sendos personajes.

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De ambos, más del primero que del segundo, bebió las primeras y sólidas enseñanzas del imperante liberalismo. Sin embargo, con el cura arequipeño inició una profunda amistad e intimidad, debido a la corta diferencia de edad.

Un día antes de cumplir 20 años, González-Vigil recibió el grado de doctor en Teología y su diploma de abogado eclesiástico por la Universidad San Antonio Abad de Cusco (12-9-1812). Luego pasó a ser profesor de Matemáticas y Teología en su alma máter arequipeña y más tarde ocupó el vicerrectorado.

Continuó sus estudios religiosos hasta 1819, año en el que fue ordenado presbítero. Empero, hay que recordar que cuatro años antes, en la víspera de su ordenación de subdiácono, se fugó intempestivamente del claustro, por muy poco tiempo (1815), como consecuencia de la duda hamletiana -ser o no ser- que se apoderó de él. De esta joven experiencia, el egregio escritor Manuel González-Prada Ulloa subrayó que el ilustre tacneño “ya intuía la trayectoria de su vida”.

Para concluir con su formación académica, después de algunos años y con una rica experiencia política, Francisco de Paula se interesó por la jurisprudencia y los problemas jurídicos. En 1831, optó el grado de doctor en Derecho por la Universidad San Agustín de Arequipa. Se especializó en Derecho natural.

SU ABIERTO REGALISMO

Su vida de clérigo, de absoluta obediencia al Episcopado, duró cinco escasos años (1823). A partir de entonces, no sólo fue un defensor de la secularización, sino que cuestionó la autoridad eclesiástica, tanto en la vida civil como en la política. Abrazó con pasión el regalismo. Por un lado, criticó que los sacerdotes, máxime los obispos y el Papa, utilizando la religión desean dirigir la vida política de los Estados, influyendo decididamente en los gobernantes. Afirmó que la religión no debe mezclarse con la política. Por otro lado, defendió las ideas liberales, entre ellas a la masonería, habida cuenta que no era ninguna religión ni se oponía a credo alguno. No obstante su enfrentamiento contra la máxima autoridad eclesiástica, no renunció a su credo y fe. No se apartó de la Iglesia, ni siquiera después de que fue excomulgado por el papa Pío IX, en 1851. Siguió utilizando el hábito y dio muestras de su profunda creencia cristiana hasta su muerte, tres meses antes de cumplir 83 años.

DIPUTADO EN 1826 Y DE LUNA PIZARRO

El Libertador y hermano masón Simón José Antonio de Bolívar y Palacios convocó a elecciones para el Congreso, en 1826. En ellas, González-Vigil salió elegido diputado por Tacna, mientras que De Luna Pizarro lo fue por Arequipa, a quien apoyó en su campaña como muestra de agradecimiento. Había sido su antiguo maestro y amigo en el Seminario.

Este Congreso fue frustrado por la influencia del Libertador, quien logró que se autodisolviera algunos días después de su inauguración en el local de la UMSM (29-3-1826). Tarea antirrepublicana que estuvo a cargo de Hipólito Unánue, presidente del Consejo de Gobierno.

La amistad entre profesor y ex discípulo se incrementó y consolidó en el crisol de la libertad y amor a la Patria. Por lo menos, así lo creyó González-Vigil en lo más íntimo de su corazón. Sentimiento verdadero que no fue tal para De Luna Pizarro. Éste aprovechó su larga y non sancta experiencia, así como su capacidad de convencimiento, de manipulación y seudo sentimientos liberales y masónicos para utilizar a su ex alumno, dejando de lado las diferencias que tenía con él respecto a la autoridad y obediencia ciega que se le debía guardar al Papa.

En efecto, De Luna Pizarro comenzó a aprovecharse de la buena voluntad de González-Vigil para el logro de sus ambiciones políticas e intereses personales. Para entonces, no tuvo en cuenta el regalismo y la secularización que su ex alumno ya comenzaba a defender con ardor. Años después, ello sería la razón para su enemistad y odio. En efecto, el cura arequipeño, en su condición de arzobispo de Lima, le repudió y fue quien solicitó del Santo Padre que le excomulgara, olvidando todo lo que habían hecho juntos en el pasado.

Empero, regresemos a 1826. Sendos diputados, maestro y discípulo juraron oponerse a la dictadura de De Bolívar, la cual debía consolidarse con su Constitución Vitalicia y que sería propuesta por el Consejo de Gobierno (Unánue), el 1-7-1826, ante los colegios electorales para su aprobación.

El Libertador desconfiaba del cura arequipeño no obstante la gran amistad que éste tenía con Unánue. En verdad, porque no le veía transparente y, además, por su desmedida ambición manifestada en su sinuosidad política, ya que había pasado con gran facilidad del liberalismo al absolutismo, luego a la monarquía constitucional y después al sistema republicano, queriendo moldear la república del Perú y disponiendo de su gobierno a su más amplio y absoluto antojo.

“VIGIL ES UN HOMBRE”

De Bolívar sabía del antiguo vínculo que De Luna Pizarro había tenido con Chávez de la Rosa, con las Cortes de Cádiz y con la masonería escocesa española en la que él también se había iniciado. Asimismo, conocía de su servilismo y cambio al absolutismo radical que encarnó el virrey José Fernando de Abascal. De su apego al vicesoberano sucesor de éste, Joaquín de la Pezuela, así como también al virrey José de La Serna. Luego, sin empacho alguno, su identificación con el general José Francisco de San Martín y Matorras y con el ministro Bernardo Monteagudo.

En tal condición, el Libertador le consideraba un oportunista y cobarde. Se había enterado de los desacuerdos con los patriotas, abogados y hermanos masones Toribio Rodríguez de Mendoza Collantes, José Faustino Sánchez-Carrión Rodríguez y Francisco Javier Mariátegui y Tellería, para lograr la presidencia del Congreso Constituyente de 1823, la manipulación de la Junta de Gobierno presidida por el mariscal José de La Mar y Cortázar y la imposibilidad y frustración que tuvo frente al general José de la Riva Agüero y Sánchez Boquete, quien dio el primer golpe de Estado en la naciente república de Perú (Motín de Balconcillo, 27-2-1823), haciéndose el primer presidente, ajustando al propio Congreso y amenazando a los congresistas, ante lo cual De Luna Pizarro decidió autoexiliarse en Chile.

Finalmente, De Bolívar sabía también que desde el país del Sur, el cura arequipeño había recibido el incondicional y total apoyo de González-Vigil para lograr su elección como diputado por Arequipa, en 1826.

Por todos estos hechos, el Libertador prefería tener lejos y controlado al flamante representante arequipeño, mientras que respetaba al iconoclasta tacneño, por su franqueza, valentía y coraje de expresar y suscribir sus panfletos atacando la política bolivariana. Empero, además, porque González-Vigil, al igual que él, (De Bolívar) era partidario de la república, decidido regalista, es decir, defensor del Estado frente a Roma y, así también, un ardiente integracionista compartiendo la visión de una Federación Americana, amén de respetar a la masonería. De ahí que el Libertador, en más de una oportunidad, dijo: “Vigil es un hombre, dejémosle que hable”.

AMISTAD INSEPARABLE

La autodisolución del Congreso de 1826 llevó a la dispersión de los diputados. Mientras González-Vigil se quedó viviendo en Lima, De Luna Pizarro se autoexilio en Chile, por segunda vez.

De Bolívar se vio obligado a viajar a la Gran Colombia (3-9-1826) y el camino quedó libre para los liberales, quienes expulsaron a las tropas grancolombianas. Francisco de Paula participó activamente en la constitución del nuevo gobierno para reconstruir la república. Fue entonces cuando conoció personalmente y entabló amistad con Mariátegui y Tellería. Asimismo, preparó el apoteósico recibimiento del que fue objeto el cura arequipeño a su retorno al país, como principal víctima de la dictadura bolivariana.

En este contexto, hubo un nuevo Congreso Constituyente (1827-28) y Tacna volvió a elegir diputado a González-Vigil, quien colaboró de nuevo y estrechamente con De Luna Pizarro, elegido por Arequipa. Al concluir las asambleas legislativas, Francisco de Paula viajó a Chile (16-6-1828) por indicación del cura arequipeño, en busca de mejor clima para combatir algunos males que a la vejez se centraron en tuberculosis. Regresó al país después de dos años y se estableció en Arequipa.

DOCTOR EN DERECHO

González-Vigil regresó al país en 1830 y se dedicó a estudiar su doctorado en Derecho, grado académico que le fue otorgado por la Universidad de San Agustín de Arequipa (1831). Ala par asumió el rectorado del colegio Independencia de esa ciudad, cargo que ejerció hasta 1834 con los intervalos de licencia que solicitó para viajar a Lima y ocupar su escaño de diputado por Tacna, en las legislaturas de 1832, 1833 y 1834.

Empero, desde diciembre de 1829 desempeñaba la presidencia de la República el mariscal Agustín Gamarra Messia, el traidor de Portete de Tarqui. Un gobierno autoritario, arbitrario, corrupto y militarista. González-Vigil levantó su voz de protesta desde que retornó de Chile.

“YO DEBO ACUSAR, YO ACUSO”

González-Vigil fue elegido ocho veces diputado y una vez senador. Su labor como legislador es descollante; su trayectoria, inmarcesible; su honradez, incólume; y su valentía y coraje, ejemplares; en todos los tiempos y espacios políticos.

Si Francisco de Paula se había opuesto al Libertador De Bolívar, por qué no lo haría ante el ambicioso y autoritario mariscal Gamarra, quien había traicionado al presidente De La Mar, en la guerra contra la Gran Colombia (Portete de Tarqui, 1828). Más aún, cuando el autoritario militar quería el poder omnímodo para él y su coqueta esposa Francisca Zubiaga y Bernales (Pancha Gamarra, La Mariscala), coludido con algunos equivocados hombres de derecho, como el dialéctico Manuel Lorenzo de Vidaurre y Encalada y el conservador y absolutista José María de Pando.

De Vidaurre fue nombrado ministro de Gobierno y Relaciones Exteriores en 1831 y ejerció el cargo hasta 1832, apoyando las arbitrariedades e ilicitudes de Gamarra y, en consonancia con él, aplicó una política dictatorial que se caracterizó por sus expresiones: “Libertad bajo ciertas condiciones” o “Callen las leyes para salvar las leyes”.

De ahí que González-Vigil levantó su voz candente y lapidaria contra el dictador en la histórica sesión del 7 de noviembre de 1832, dejando la presidencia de la Cámara de Diputados que ocupaba en su condición de vicepresidente, habida cuenta que el titular de la misma, el diputado De Pando, era ministro de Estado. Entonces, subió a su escaño y desde ahí denunció virilmente las ilegalidades cometidas por el “gobierno gamarrano”.

En efecto, como jurista exigió que el presidente se limite a cumplir sus funciones constitucionales toda vez que “la responsabilidad del jefe de la república no puede apoyarse en ningún punto que se halle fuera del círculo de sus atribuciones constitucionales”… “La dignidad misma es irresponsable y, por lo tanto, su respetabilidad es inmarcesible; el que se sobrepone a las leyes es el hombre y ese hombre es un tirano”... “Si se quiere virtudes patrióticas, la primera de ellas es el amor a la ley”... “La tiranía sólo puede ser evitada velando porque cada Poder conserve sus atribuciones frente a los otros dos”... “Si el presidente da el ejemplo, tendrá en el corazón de sus ciudadanos la más sólida base de su estabilidad y el afecto de su persona permanecerá más allá de la muerte”.

Concluyó su intervención con las famosas palabras de “Yo debo acusar, yo acuso”, las cuales resonaron solemnemente en todo el Palacio Legislativo peruano y también en otros del exterior. Dicho sea de paso, años después, el escritor francés Émile Zola utilizó la misma frase “J’ acusse!”, en 1898, para defender al capitán francés de origen judío Alfred Dreyfus, condenado en 1894 por espía, sin prueba alguna.

Empero, la acusación de González-Vigil recibió inmediata respuesta del ministro De Pando, quien en defensa del dictador y en contra de su propia formación jurídica escribió un ácido artículo periodístico en el que afirmó: “De ilusión en ilusión, de quimera en quimera, el señor Vigil se creyó llamado a salvar a la patria del abismo”.

AMOR A LA PATRIA Y A LA LEY

A pesar de todo, Gamarra concluyó su gobierno el 20-12-1833 y entregó el poder al general Luis José de Orbegoso y Moncada, militar demócrata y liberal. A los 14 días de asumir el mando, el general Pedro Bermúdez se sublevó con el apoyo de su compadre y jefe Gamarra (4-1-1834). Ambos se apoderaron del mando supremo y persiguieron a González-Vigil, mientras que el presidente constitucional con el apoyo del pueblo les combatió. El traidor de Tarqui huyó a la sierra del Sur y Orbegoso montó su cuartel en Arequipa. Francisco de Paula fue un activo gestor de esta primera revolución popular y democrática en la historia nacional.

De Orbegoso nombró a González-Vigil director de la Biblioteca Nacional en diciembre de 1836, fundada por el Protector del Perú, general De San Martín, el 8-8-1821. Por ello, se le tomó como partidario de la Confederación Perú- Boliviana, no obstante que renunció al cargo en 1838, al ver la desmedida ambición de De Santa Cruz, a quien criticó abiertamente y se ganó la deportación a Chile.

Al término de este frustrado proyecto integracionista (1836-39) por acción del gobierno y ejército chilenos, en el que participaron algunos militares peruanos como Gamarra, éste volvió a asumir la presidencia de la República y regresó a sus andanzas de tirano, por lo que fue, nuevamente, enfrentado por el ilustre tacneño defensor de la libertad y la ley, a su regreso del país del Sur. Como buen jurista y luchador por la democracia, González-Vigil solía decir: “Yo no tengo otro partido que la patria”... “El que sostiene la causa de la libertad, defiende la del género humano y es, por eso, ciudadano de todos los pueblos”... “Sin orden político no puede haber orden en los demás”... “La verdadera gloria es inseparable de la justicia o del derecho, y éste no procede del crimen ni del error”. Dicho sea de paso, hoy todos los códigos prescriben que el error no genera o crea derecho.

En 1845, el general y presidente de la República Ramón Castilla y Marquesado le vuelve a nombrar director de la Biblioteca Nacional, cargo que mantuvo por 30 años, hasta tres días antes de su fallecimiento. Ahí se dedicó a investigar, estudiar y producir la mayor parte de sus obras, tanto jurídicas como patrióticas, regalistas y pro-masónicas, a la par de fomentar la cultura y prodigar la más generosa ayuda a los pobres. Ahí fue donde cobijó a la guayaquileña Rosa Campusano, otrora famosa gestora de la lucha por la independencia que se convirtió en protectora y compañera del Protector del Perú, y que a la sazón era una triste, inválida y menesterosa anciana. Ahí y así la conoció el célebre tradicionista Ricardo Palma Soriano, condiscípulo del hijo de ésta.

Esta larga narración obedece a que la vida del insigne tacneño estuvo íntimamente ligada a la de su antiguo maestro, hasta que éste decidió dedicarse única y exclusivamente a sus funciones religiosas.

TÉRMINO DE LA AMISTAD

Se produjo cuando De Luna Pizarro dio la espalda al liberalismo, a la masonería y a sus antiguos camaradas y amigos en estos afanes. Todos ellos representados, principalmente, por González-Vigil Yáñez y Mariátegui y Tellería. Este último, ilustre abogado, ejemplar magistrado y promotor de la masonería peruana en el siglo XIX. A los dos, el cura arequipeño persiguió y perjudicó grandemente con todo el poder de la Iglesia católica, en su calidad de arzobispo de Lima, hasta el último día de su vida.

En este contexto, De Luna Pizarro, antes asolapado incendiario y a la sazón bombero, asumió con febril celo la defensa tanto del Papado como de la Iglesia, inclusive contra los intereses del Estado-Nación. Para ello, afloró su más profunda y real convicción conservadora y totalitaria, uniéndose con el más preclaro representante de estos ideales, el clérigo y abogado Bartolomé Herrera Vélez, rector del Convictorio de San Carlos, quien también llegó a polemizar con Francisco de Paula.

AMIGO DE LA MASONERÍA

González-Vigil no fue masón, empero, pensaba como tal y fue muy amigo de los más connotados miembros de la escuadra y el compás de su tiempo. En verdad, sus primeras inquietudes por la masonería fueron absueltas favorablemente por De Luna Pizarro, quien se había aprovechado muchas veces de la fraternidad masónica para satisfacer sus ambiciones personales.

Empero, sin duda, la masonería de esa época era mucho más que lo que representaba el cura arequipeño. No en vano los más destacados peruanos del siglo XVIII habían sido hermanos masones, como los abogados Pablo Antonio Joseph de Olavide y Jáuregui, José Javier Leandro Baquíjano y Carrillo, Vicente Morales y Duárez, Rodríguez de Mendoza, Sánchez-Carrión, entre otros. El masón De San Martín se había preocupado por el reconocimiento oficial de las logias lautarianas y el desarrollo de la Orden en el país, propugnando la integración de los dos ritos (York y Escocés).

Sin iniciarse en logia alguna, González-Vigil Yáñez profundizó en la filosofía y amor masónicos. Su guía en este camino fue, fundamentalmente, Mariátegui, entre otros. Expresó, entonces: “Gracias a Dios que se me han caído las cataratas de los ojos”. Solía decir: “La verdad es luz y la luz se defiende; ella es el fruto de la meditación y de la experiencia”.

Cuajado en las “tenidas blancas”, en las que participó muchas veces como orador, afirmó una vez: “El trabajo de los filósofos que descubren verdades y ayudan a encontrarlas está reducido a esparcir la luz que sea menester, para que los demás caigan en cuenta de lo que era y no veían”.

Más convencido que nunca de la existencia del G:.A:.D:.U:., sentenció: “No estoy de acuerdo con lo que Fitche dice: “La religión no es asunto que existe por que sí y para sí, que pueda ejercitarse a la vez que las demás ocupaciones, en ciertas horas o en determinados días”... “La religión es el alma de los pueblos que comenzó con nuestra existencia y terminará con nuestro fin”. En este contexto, no entendió ni justificó la razón que tuvo el papa italiano Clemente XII (Lorenzo Corsini) al dictar la primera constitución contra la masonería en 1738, nombrándola por su nombre y condenándola por ser una organización secreta. De ahí que el ilustre historiador Jorge Guillermo Leguía Iturregui, en su conferencia en la Logia “Virtud y Unión N° 3”, expresó: “Vigil no perteneció formalmente a vuestras logias, pero fue un masón nato” (9-1-1932).

EXCOMULGADO

La defensa del Estado, del liberalismo y su permanente discurso de que la Iglesia debe estar separada del Estado y viceversa, y su amistad e identificación con la masonería le llevaron a enemistarse con su antiguo maestro De Luna Pizarro, quien ya había renegado de la Orden.

Su obra Defensa de la autoridad de los gobiernos contra las pretensiones de la Curia Romana, en seis volúmenes, con 2,400 páginas, publicada en 1849, sustentó el regalismo de entonces y, sin duda, rebasó el vaso y colmó la paciencia y tolerancia del clero limeño. Las duras consecuencias no se hicieron esperar.

Desde el 27-4-1846, De Luna Pizarro era el vigésimo arzobispo de Lima y había radicalizado su clericalismo, declarándose enemigo de todo aquello que cuestionara la autoridad del Papa, de los obispos y de Roma. Así también, atacó a los masones y, en especial, a González-Vigil y a Mariátegui. En tal condición, solicitó a Pío IX (Giovanni María Mastai Ferreti) la excomunión papal contra Francisco de Paula, aprovechando que el Sumo Pontífice había sentenciado contra la tolerancia religiosa y dispuesto la persecución de la masonería.

La bula papal de excomunión fue expedida en base a la opinión de la Congregación General de la Santa Inquisición, el 10-6-1851. Al conocerla, González-Vigil optó por escribirle al Santo Padre: “En presencia de Jesucristo y al pie de su cruz, donde mejor que en ninguna otra parte se aprende a conocer la pequeñez, la nada de las grandezas humanas, está ahí, Beatísimo Padre, mi tribunal y el vuestro. Meditad. Sed Pedro, nada más que Pedro y veréis en torno vuestro a todas las gentes”. Esta carta le costó a Francisco de Paula una segunda bula de condenación (2-3-1853).

Más aún, la Iglesia nombró al Rvdo. Padre Guardián, Fray Pedro Gual, natural de Cataluña, para que rebatiera la tesis regalista de González-Vigil. Al no poder hacerlo con la brillantez que esperaba el ilustre tacneño, éste se limitó a reafirmar su tesis dejando sentado que él había ofrecido retractarse si le demostraban lo contrario. He ahí su nueva obra Ojeada al equilibrio entre las dos Potestades, que, sin duda, irritó aún más a De Luna Pizarro. Más todavía cuando el propio Herrera, ex rector del Convictorio, no pudo destruir la tesis del tacneño negando la infalibilidad del Sumo Pontífice. Ello originó una tercera bula de excomunión (8-12-1854).

Las tres excomuniones no fueron óbice para que el pueblo tacneño vea en Francisco de Paula a su más digno representante, por lo que volvió a elegirle para las legislaturas de 1851 y 1853 y para la Convención Nacional de 1855-57.

VIDA EJEMPLAR

González-Vigil era un estoico por excelencia; un cristiano que seguía con devoción las enseñanzas de Cristo y buscaba la perfección con el ejemplo y la acción. Era generoso en el elogio sincero y merecido.

Una anécdota recogida por la historia es cuando el general arequipeño Ignacio Álvarez Thomas, ex jefe supremo de las Provincias del Plata, retornó al país perseguido por el tirano argentino Rosas. González-Vigil expresó: “Tengo a la vista a un respetable veterano de la revolución americana, a una de las columnas levantadas para dar testimonio de la realidad de un pensamiento sublime, a un ciudadano honrado y constante en la defensa de la causa que juró defender”.

SUS OBRAS

Escribió Defensa de la autoridad de los gobiernos contra las pretensiones de la Curia romana (1849); Defensa de la autoridad de los obispos contra las pretensiones de la Curia romana (1856); Paz perpetua en América o Federación Americana (1856); Catecismo Patriótico (1858); Los jesuitas presentados en cuadros históricos (1863); Manual de Derecho Público y Eclesiástico (1863); Autobiografía (1867); Ojeada al equilibrio entre las dos Potestades (1871); Bosquejo histórico sobre Bartolomé de las Casas (1874); Defensa de Fenelón (1874) y muchos más. Jorge Guillermo Leguía ha anotado una buena bibliografía de González-Vigil.

La UNMSM, en marzo de 2007 anunció que había encontrado un histórico manuscrito de Francisco de Paula que “contrasta con la visión monolítica que se suele tener del siglo XIX... en el cual había mucho más apertura y que no era tan cerrado el mundo intelectual de aquella época”, según el historiador Cristóbal Aljovín. (El Comercio, 25-3-2007, pág. C22).

SU MUERTE

Antes de fallecer dejó el siguiente encargo: “Si la Curia no permitiera que me hagan los honores fúnebres en el Templo y llegara hasta a negarme la sepultura en el cementerio, pido que mis restos se entierren en la isla de San Lorenzo: colocado entre el mar y la tierra, mi cuerpo no será profanado”.

Pues bien, gracias a la influencia y presión que puso su amigo Mariátegui y otros, la Iglesia católica sólo pudo desairar el cuerpo inanimado de González-Vigil, que encontró feliz sepultura en el cementerio de Lima con la asistencia de masones, hombres libres y de buena voluntad, aunque sin oraciones ni sacerdote que las dirigiera.

Mediante la Ley N° 13241, del 19-6-1959, se dispuso que los restos mortales de Francisco de Paula González-Vigil Yáñez fueran inhumados y trasladados a Tacna para ser depositados en un mausoleo.

Entre sus biógrafos debemos mencionar a los tacneños Fortunato Zora Carvajal y Néstor Zora- Carvajal Flores, padre e hijo. Este último abogado se inició en la magistratura como juez de primera instancia en Tarata. Su obra Francisco de Paula González Vigil, el político, el religioso y el filósofo fue publicada en Tacna, en 1968.

Su ilustre coterráneo historiador y abogado Jorge Basadre Grohmann también ha escrito sobre la vida de Francisco de Paula, así como el ya mencionado Leguía y otros. Por último, debemos señalar que la biografía escrita por el historiador jesuita Rubén Vargas Ugarte desmerece y subestima a la figura que realmente representó este ilustre pensador, político, cura reformista, amigo de los masones y hombre a carta cabal.


* Publicado en el suplemento Jurídica, del diario El Peruano, N° 148, el 29 de mayo de 2007.


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