José Faustino Sánchez Carrión

Por Francisco José Del Solar Rojas

José Faustino Sánchez-Carrión Rodríguez fue el más importante abogado y periodista de la transición política del virreinato a la república. Con su obra y ejemplo comenzó a forjarse una nueva patria que quedó inconclusa o frustrada, primero, por su repentina muerte y, luego, tanto por la continuidad de la dictadura del Libertador Simón José Antonio de Bolívar y Palacios (1823-26) como la estéril discusión entre liberales y conservadores aprovechada sagazmente por la moribunda aristocracia que se abrazó al rampante militarismo como única tabla de salvación.

En efecto, la muerte del Tribuno de la República como jurista y político o del Solitario de Sayán como periodista, desarticuló el programa de acción política y jurídica que se había cuajado desde tres décadas atrás en el Real Convictorio de San Carlos, bajo el extenso rectorado del ilustre maestro y jurista Toribio Rodríguez de Mendoza Collantes, quien falleció ocho días después de su amado y predilecto ex alumno. Tal como ya lo hemos consignado en la biografía del ilustre rector del Real Convictorio de San Carlos, cuna de peruanidad y cordón umbilical entre este gran prócer de la Independencia y los cientos de alumnos que recibieron sus sabias y libertarias enseñanzas. El más preclaro, probo, desinteresado en los asuntos personales y el más furibundo republicano y radical demócrata nacionalista fue Sánchez-Carrión Rodríguez.

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José Faustino nació en Huamachuco (La Libertad), el 13 de febrero de 1787, y falleció en Lurín (Lima), el 3 de junio de 1825, en la Casa Hacienda de la Congregación de San Felipe Neri, como consecuencia de la rotura de un aneurisma en el hígado. Fue hijo de Agustín Sánchez Carrión y de doña Teresa Rodríguez, a quien perdió siendo aún niño, por lo que su hermana mayor, Fermina, le crió. Su maestro de infancia, en su tierra natal, fue el cura Joseph Carrión. A la edad de 15 años pasó al Seminario de San Carlos y San Marcelo, de Trujillo, dirigido por el padre Tomás González de Rivero, donde recibió una esmerada formación religiosa y humanista que, más adelante, le sirvió para sobresalir entre los integrantes de su generación, según Augusto Tamayo Vargas.

Sánchez-Carrión Rodríguez se trasladó a Lima y, en 1805, ingresó en el Convictorio de San Carlos, regentado, entonces, por el cura liberal y abogado eclesiástico Rodríguez de Mendoza, quien había revolucionado la enseñanza en este colegio mayor de la Universidad Mayor de San Marcos (UMSM). Tuvo por profesores a los jóvenes juristas y maestros liberales Manuel Lorenzo de Vidaurre y Encalada y José Joaquín Olmedo Marurí, y también al conservador Manuel Pérez de Tudela Vilches, a los cuales sustituyó prontamente como docente, primero, en el prestigioso instituto carolino y, luego, en la propia universidad, encargándosele las cátedras de Leyes, Cánones y Digesto Viejo.

En su condición de excelente alumno, José Faustino fue escogido por el rector carolino para que dirigiera el homenaje al ilustre jurista y maestro sanmarquino José Baquíjano y Carrillo, conde de Vista Florida, quien había sido nombrado Consejero de Estado (20-11-1812). No fue un simple discurso académico, sino una encendida pieza oratoria que movió hasta los cimientos del viejo claustro carolino, exigiendo un mejor y más justo gobierno de la metrópoli para la colonia.Ahí, la vena lírica de Sánchez Carrión retumba en el Convictorio y puso de manifiesto sus ideas patrióticas, perfilando la aún distante libertad: “Atado estaba el continente nuevo/ trescientos años con servil cadena,/ a cuyo ronco con su acerba pena/ su eterna esclavitud llorar solía,/ en triste desventura.// Desde que el padre de la luz salía/ hasta el dulce nacer del alba pura”.

Era una nueva y mejorada edición del discurso que el propio Baquíjano había pronunciado tres décadas atrás en el homenaje que la UMSM le rindió al virrey de entonces,Agustín de Jáuregui. Frases que llegaron a los oídos del implacable virrey José Fernando de Abascal y Sousa, marqués de la Concordia, quien decidió seguir, paso a paso, lo que se hacía en el Convictorio y auscultar las intenciones de su rector Rodríguez de Mendoza y de la brillante pléyade de alumnos que le seguían con devoción y plena admiración.

En 1813, José Faustino fue nuevamente elegido por el rector para rendir homenaje a la Constitución de Cádiz, con motivo de su primer aniversario. A la ceremonia asistió el virrey Abascal y tuvo que tragarse los sapos del irreverente joven que ya se proyectaba como el grandilocuente Tribuno de la República, al decir del ilustre historiador y abogado Raúl Porras Barrenechea, quien apunta: “Esa arenga es una luminosa síntesis de libertades. No parece que el orador fuera un colegial de la colonia ni que se dirigiera al más autoritario de los virreyes, sino que hablara un defensor de los derechos del hombre de una república libre”. Sobre el particular, Susana Llontop Sánchez Carrión, biógrafa y descendiente del prócer, afirma: “El virrey Abascal, disgustado, sin duda, por la osadía del carolino, recomendó que en el futuro no se le volviera a nombrar para hablar en representación del Convictorio”. Igual había sucedido con Baquíjano.

Este hecho confirmó la desconfianza del marqués de la Concordia y disgustado dispuso una investigación a San Carlos, la misma que no se concretó por la renuncia del virrey y su inmediato viaje a España. Sin embargo, las autoridades coloniales iniciaron una abierta pugna contra el instituto, arguyendo que en él se enseñaba, leía y discutía a Voltaire, Montesquieu, Rousseau y la Enciclopedia. Es por eso que, en 1816, el virrey Joaquín de la Pezuela, marqués de Viluma, dispuso que se realizara la “visita” o inspección dispuesta por su antecesor. No obstante que no se encontró prueba alguna, ni confesión o declaración de profesor o alumno que confirmara la sospecha, el Convictorio fue clausurado por cuatro meses, a partir del 31 de mayo de 1817, como consecuencia del informe administrativo realizado por el comisionado Manuel Pardo y Rivadeneira.

La drástica medida tenía por finalidad “depurar el cuadro de profesores y alumnos”.A la sazón, Sánchez-Carrión Rodríguez ya era profesor y, a ciencia cierta, se desconoce si fue expulsado o él renunció poco antes de esta decisión. Sobre el particular hay contradicción entre Porras y el contemporáneo y amigo del prócer: José Joaquín Larriva. En la famosa necrología, Larriva afirma: “El virrey Abascal le amenazó varias veces, y Pezuela llegó al extremo de botarle del colegio. Esto sucedió, por fortuna, cuando ya el colegio necesitaba más de él, que él del colegio”.

El 8 de agosto de 1818, Sánchez-Carrión rindió examen ante la Real Audiencia de Lima para recibirse de abogado. En noviembre del mismo año se incorporó al Colegio de Abogados de Lima. Su discurso de agradecimiento trató sobre el Derecho Indiano y subrayó la injusticia del mismo para con los criollos, mestizos e indios y la arbitrariedad del rey Fernando VII al haber desconocido, en 1814, la Constitución de Cádiz (1812), que constitituía un buen augurio para los indígenas al haber suprimido la mita.

Es, entonces, cuando comienza a ejercer la noble profesión de abogar y Larriva le recuerda así, en la ceremonia funeral: “En las grandes contiendas judiciales tenía casi siempre que intervenir… El poderoso, que le fiaba la suerte de su fortuna, descansaba tranquilo sin el temor de aventurarla; y el desvalido que contaba con la justicia de su parte, no necesita contar, para que él defendiera su derecho, con poderle prestar, por sus tareas, las recompensa de estilo, Carrión era el abogado de las causas más célebres y el generoso protector del huérfano y la viuda que estaban injustamente perseguidos en juicio”.

En 1819 contrae matrimonio con doña María Josefa Dueñas y un año después nace su primera hija, a quien bautizó como Juana Rosa. En 1820 viajó a su tierra natal ante la grave enfermedad de su padre y ahí se enteró del desembarco del Libertador del Sur, general José de San Martín y Matorras, en Paracas (9-9-1820).Anunciada la proclamación de la Independencia en Trujillo, para el 29 de diciembre, viaja a esa ciudad. Luego retorna a Huamachuco, donde permanece hasta el fallecimiento de su progenitor (Dic., 1821). Ello le impidió participar activa y personalmente en las acciones para jurar y proclamar la independencia nacional, en las que sí participaron Rodríguez de Mendoza y sus compañeros carolinos, como su íntimo amigo y colega Francisco Javier Mariátegui Tellería.

En diciembre de 1821, José Faustino se reincorpora a la vida pública y aboga por las ideas republicanas, demócratas, y se enfrenta abiertamente a las ideas monárquicas de San Martín, aupadas por algunos aristócratas (Torre Tagle, Riva Agüero y Berindoaga, entre otros) y defendidas radicalmente por el ministro Bernardo Monteagudo, con quien tuvo fuertes discrepancias que acabaron en inaceptables amenazas. Sánchez Carrión no pudo, entonces, constituir partido, empero, advirtió del peligro político y jurídico que significaba la adopción de las ideas que acremente rechazaba. Su viejo maestro y los carolinos liberales las habían aceptado como mal menor y único camino para expulsar a los godos, y así acabar con el absolutismo. En todo caso, concebían a la monarquía constitucional como una transición, algo temporal que después remediarían mediante la aprobación de la Constitución.

Ante esta realidad política y militar, José Faustino decidió continuar con su lucha. En todo caso, en ello ya era baquiano. Se había enfrentado a los virreyes Abascal y Pezuela. ¿Por qué no hacerlo contra San Martín? Solo tenía que ponerse a buen recaudo para asegurar su libertad. De ahí que se trasladó al pueblo de Sayán, al noreste de Huacho, y de donde escribió las célebres cartas de contenido político-jurídico con espíritu republicano, las mismas que firmó bajo el seudónimo de El Solitario de Sayán, oponiéndose a la monarquía constitucional.

En efecto, el irreverente abogado Sánchez-Carrión envió desde ese alejado pueblo norteño tres cartas a la Sociedad Patriótica (Marzo, 1822), en las que defendía con lucidez y valentía las bondades jurídicas de la forma de gobierno republicano adoptado por Estados Unidos de América, Colombia y en camino de aprobarse en otros pueblos. Refutaba el sistema monárquico, el cual consolidaba la situación de súbditos para los peruanos, quienes fervientemente deseaban la libertad y la condición de ciudadanos. En una primera oportunidad se impidió que éstas fueran leídas, empero, formuladas las exigencias del caso por su antiguo maestro Rodríguez de Mendoza, a la sazón Presidente de la Junta Conservadora de la Libertad de Imprenta, el propio San Martín autorizó su lectura el 12 de abril. Sin duda alguna, ellas contribuyeron al triunfo de las ideas republicanas como forma de gobierno para nuestra naciente república.

En honor a la verdad histórica, debemos precisar que desde Paracas, el egregio general argentino tuvo desconfianza sobre el éxito de su campaña en Perú. No obstante el abierto respaldo que recibió del pueblo -del hombre común y corriente- a la causa de la independencia, el dudoso apoyo de la clase dominante le llevó a buscar una entrevista con el virrey José de La Serna (2-6-1821). Sin resultados positivos para ambos lados, San Martín decidió continuar con la gesta libertadora y declaró la independencia nacional, en Lima (28-7-1821). Entre tanto, los aristócratas peruanos le estimularon sus ideas monárquicas constitucionales, a las cuales tenía gran apego por conocer, en vivo y directo, el sistema de gobierno británico. Las primeras medidas de gobierno -legislación de transición- hacía del protectorado el ineludible camino hacia la adopción de un nuevo príncipe. A ello se opuso tenazmente Sánchez-Carrión, quien quedó estupefacto al saber que su viejo ex rector carolino estaba apoyando semejante plan y su radicalismo republicano le cegó para no entender que, por el momento, no había otra alternativa para expulsar y vencer a los españoles.

Pasaba el tiempo y San Martín veía con mayor claridad su inminente fracaso político y militar. Ante los peruanos divididos, sin metas precisas y con gran mezquindad por parte de la oligarquía en su colaboración con la causa independentista, el Protector decidió solicitar apoyo al general Libertador del Norte, Simón José Antonio de Bolívar y Palacios, para lo cual viajó a Guayaquil. Sería una reunión entre hermanos masones, por lo tanto secreta, no obstante que él era de rito York (azul) mientras que el ilustre caraqueño era Escocés (rojo). Empero, los caracteres, personalidades, ideas y concepciones políticas de sendos libertadores también eran antípodas. El 26 de julio de 1822, se abrazaron y conversaron entre “la escuadra y el compás”, al pie del río Guayas.

San Martín regresó decepcionado a Lima y se encontró que la ciudad estaba en caos. Su ministro Monteagudo había sido expulsado y los republicanos liberales habían influido en la nación para rechazar de plano los ideales monárquicos. Fue el triunfo de Sánchez-Carrión. En este contexto, en agosto de 1822, aparece la Abeja Republicana, bajo la dirección de José Faustino y Mariátegui, quien ya se había alejado de los planes sanmartinianos. Ahí aparecen publicadas las cartas de El Solitario de Sayán, que habían sido leídas anteriormente. San Martín decide abandonar el país y entrega el poder al Primer Congreso Constituyente, el 20 de setiembre de 1822. En esta magna asamblea van a brillar profesores y ex alumnos carolinos como Rodríguez de Mendoza, Sánchez-Carrión, Mariátegui, Olmedo, Pérez de Tudela, Manuel Tellería y Vicuña, José María Galdeano y Mendoza y Justo Figuerola Estrada, entre otros. Empero, el clérigo liberal y abogado Francisco Xavier de Luna Pizarro y Pacheco, egresado de la Universidad de San Antonio Abad de Cusco, por su inteligencia, vehemencia y capacidad de negociación obtuvo la presidencia de este histórico Congreso, cuyas juntas preparatorias fueron presididas por el anciano ex rector carolino.

Sánchez-Carrión fue elegido secretario de la Primera Mesa Directiva del Congreso. Al decir de Porras, “por su ciencia jurídica y social, su culto a los tratadistas de derecho franceses y sajones, el ejemplo doceañista siempre vivo en él y la fluidez de su pluma” le sirvió para que se le nombre integrante de la Comisión encargada de elaborar la Constitución, de la cual será el principal artífice. Él es partidario del sistema federal, defensor del regionalismo, de los jurados en los juicios de imprenta,... Para difundir sus ideas publica El Tribuno de la República, periódico que apareció desde el 28-11 al 26-12 del mismo año, con un total de 9 números y 146 páginas. Fue costeado íntegramente por él.

En junio de 1823 el Congreso aprueba nombrar una comisión que viaje a Quito para invitar a Bolívar a venir al Perú, con la finalidad de continuar con la guerra emancipadora y consolidar la república. El gestor y defensor de la moción fue Sánchez-Carrión con la sugestión del general venezolano Antonio José de Sucre y de Alcalá. José Faustino y su ex profesor y poeta guayaquileño Olmedo fueron quienes se entrevistaron con el Libertador. El ilustre caraqueño llegó a Lima el 1 de setiembre, acompañado por los dos constituyentes.Al día siguiente, el propio Congreso le otorgó plenos y absolutos poderes, le nombró dictador.

Bolívar en el poder, de inmediato llamó a su lado al radical republicano -igual a él-, para que sea su principal colaborador. En la persona de Sanchez Carrión reúnió los tres ministerios que establecía la Constitución de 1823: Guerra y Marina, Gobierno y Relaciones Exteriores, y Hacienda. En octubre de 1824 le nombra ministro general de los negocios de Perú, habida cuenta el concepto que el Libertador tenía de José Faustino: “Carrión tiene talento, probidad y un patriotismo sin límites”. Año de intensa actividad que su biógrafo y jurista Luis Antonio Eguiguren Escudero resume así: “intransigencia con el deber de ir al sacrificio por los grandes intereses del Perú”.

José Faustino está presente en todo, en los preparativos para la guerra y creando instituciones republicanas que vayan consolidando la independencia nacional, como su vehemente preocupación por instalar la Corte de Justicia en Trujillo (Abril, 1824), sugiriendo al Libertador que invite a instalarla a su ex maestro De Vidaurre. Y así fue como Bolívar conoció y ganó un nuevo adepto, cuya biografía jurídica la hemos tratado anteriormente. Sánchez-Carrión, al lado del Libertador, firma los decretos creando la Universidad de Trujillo (10.5.1824); la Corte Suprema de Justicia (19.12.1824), la Contaduría Mayor de la Nación, la Escuela Normal, etcétera.

Todo ello con minuciosidad y transparencia increíbles: “Asombra ver como en un estado de guerra, podía llevarse esa escrupulosidad con tanto orden” apunta Eguiguren. Bolívar entiende que hay que facilitar la gestión de nuestro ilustre jurista y nombra en la cartera de Guerra y Marina a su compatriota general Tomás de Heres y en Hacienda al médico Hipólito Unanue. Deja Gobierno y Relaciones Exteriores para Sánchez-Carrión, quien en tal condición suscribió junto con el Libertador la convocatoria al Congreso Anfictiónico de Panamá (7.12.1824), dos días antes del extraordinario triunfo en Ayacucho. Para que este lugar quede registrado en la historia y en homenaje a la victoria, el 15 de febrero de 1825 firmó el decreto creando el departamento con este nombre, denominado antes Huamanga.

El Libertador nombra a Sánchez-Carrión miembro del Consejo de Gobierno mientras él decide viajar a los departamentos del Sur, y también como vocal de la Corte Suprema de Justicia, cargo al que juró el 18 de febrero de 1825. En esa ocasión, subrayó en su discurso la independencia y autonomía del Poder Judicial respecto a los otros poderes, como fiel seguidor y asiduo lector del Espíritu de las leyes del célebre Montesquieu, leído y releído en las aulas carolinas. Dijo, entonces, José Faustino: “Con este poder queda levantado un muro entre la potestad directiva del Estado y lo que se va a pronunciar sobre los desagravios de la justicia. Ciertamente, señores, sancionada la voluntad de los pueblos, mejor diré, dirigida la voz de la naturaleza por el sendero de la conveniencia pública, la ley es un ente que, para asegurar su imperio sobre la conducta social de los hombres, requiere un brazo independiente del resto de la administración, brazo que naciendo desde el juez de paz, y terminando en el primer jefe de este cuerpo, forman un orden progresivo de ministros”.

Buscando su indepedencia económica y retiro de la política, Sánchez-Carrión quiso comprar una hacienda y le solicitó ayuda financiera al Libertador, en una carta llena de humildad y sinceridad. Le escribió así: “Aseguro a V.E. que sólo la pobreza suma en que me hallo, la larga familia que me rodea, pudieran obligarme a pasar por el vergonzoso conflicto de pedir, y mucho más cuando mis servicios han sido ningunos…” Bolívar se encontraba en Cusco y no pudo contestar ni ayudar a tiempo a José Faustino, quien falleció a los 38 años de edad y a los pocos días de enviar la misiva. Enterado de esta irreparable pérdida, el ilustre caraqueño expresó: “Ha fallecido el fiel compañero del Libertador… Anteayer he tenido el dolor de saber que mi más respetable, mi más querido amigo, el digno Carrión, ha dejado huérfana a su patria y a su familia... ”.

Finalmente, Raúl Porras sentencia: “José Faustino Sánchez-Carrión, caudillo sin armas, colaborador civil del más grande capitán de América y el primer peruano de la República”. Agregamos, nosotros, quiso Dios llevarse a su lado a tan preclaro y honesto servidor de esta patria, antes de sufrir la decepción de conocer la prórroga de la dictadura de Bolívar, el planteamiento de su Constitución Vitalicia (1826) y su declaratoria de guerra contra Perú, en 1828, a la par de estimular la traición del general Agustín Gamarra Messia para que abandone al presidente José de La Mar Cortázar, a su suerte, en la batalla de Portete de Tarqui.


* Publicado en el suplemento Jurídica, del diario El Peruano, N° 82, el 21 de febrero de 2006.


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