El 27 de este mes, dentro de dos días, se cumplen 47 años del fallecimiento de este ilustre peruano. Nadie debería ignorar la grandeza de Raúl Porras Barrenechea como historiador, maestro, escritor y jurista. Sin embargo, muchos desconocen su brillante trayectoria como abogado especializado en derecho internacional público (DIP). El dominio que tuvo del DIP, hace que se le considere uno de los más destacados diplomáticos e internacionalistas que registra nuestra historia, al lado de Alberto Ulloa Cisneros, Víctor M. Maúrtua, Mariano Hilario Cornejo Zenteno, Víctor Andrés Belaunde Diez Canseco y Alberto Ulloa Sotomayor, entre otros grandes. Creemos que es de justicia reivindicar a este paradigma de la peruanidad en su verdadera dimensión, como lo que, realmente, fue y lo seguirá siendo: un gigante de la cultura nacional. Concepto reconocido, tanto por quienes tuvimos el inmenso honor de conocerle y tratarle -aunque, en mi caso, muy fugazmente, dado mis escasos 13 años de edad, para entonces- como para quienes no tuvieron ese elevado privilegio, pero descubrieron su espíritu bondadoso y exigente con el inteligente. Ello, mediante el estudio de su fecunda y prodigiosa producción intelectual y honorable vida que aportó las mejores páginas que registra nuestro acervo cultural, elevando la grandeza y dignidad nacionales.
Por fortuna, los aportes de Porras en el derecho y política internacionales han sido extraordinariamente rescatados y difundidos por uno de sus más queridos discípulos, el embajador, historiador y abogado Félix Álvarez Brun, en su obra Raúl Porras diplomático e internacionalista / Raúl Porras en Costa Rica, Fondo Editorial de la UNMSM, Lima, 1997. No obstante la importancia de esta obra, en homenaje al maestro pretendemos escribir una biografía eminentemente jurídica, rescatando, en lo posible, sus aportes en los campos del derecho internacional y en la historia del Derecho.
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PRIMEROS AÑOS
Raúl Porras Barrenechea nació en Pisco el 23-03-1897 y falleció en Lima el 27-09-1960, a los 63 años, en su casa de Miraflores, calle Colina 398, donde vivió siempre, soltero y sin hijos; empero, con cientos de discípulos que le admiraban y querían como si lo fuesen.
Sus padres fueron Guillermo Porras Osores y Juana Barrenechea y Raygada. Siendo aún niño vino con su familia para radicar en Lima. Quedó huérfano de padre un día antes de cumplir 2 años, el 22-03-1899, como resultado de un fatídico duelo de su progenitor, efectuado en Barranco. Desgracia que le llevó a conocer la tristeza y acaso la pobreza, al decir de su íntimo amigo y más tarde abogado y egregio historiador Jorge Basadre Grohmann (Ver: “Abogados de ayer y hoy”, en Jurídica Nº 84, del 7-03-2006).
Raúl era, por lo tanto, sobrino carnal del ilustre jurista, diplomático y político Melitón F. Porras Osores, y, por la vía materna, nieto del no menos ilustre abogado y político José Antonio Barrenechea y Morales, y, en consecuencia, primo del egregio poeta y hombre de leyes José Gálvez Barrenechea.
EN LAUNIVERSIDAD
Porras concluyó sus estudios secundarios en el colegio La Recoleta (SS.CC), en 1911. Dada su notable inteligencia, y no obstante sus dificultades económicas, ingresó en la UNMSM (1912) para estudiar leyes y después letras. En 1914 ya estaba en la Facultad de Derecho. Perteneció a la llamada “Generación del Centenario” y, como tal, fue fundador del grupo Conversatorio Universitario (1919), integrado por un destacado grupo de estudiantes sanmarquinos y amigos: Víctor Raúl Haya de la Torre (V. Jurídica Nº 144, del 1-05-2007), Luis Alberto Sánchez Sánchez, Manuel G. Abastos, José Quesada Larrea y el propio Jorge Basadre Grohmann. También estuvieron Jorge Guillermo Leguía Iturregui, Ricardo Vegas García, Guillermo Luna Cartland, Carlos Moreyra y Paz Soldán, Pablo Abril de Vivero y José Luis Llosa Belaunde, entre otros.
En 1920, Porras representó a los estudiantes sanmarquinos en el Congreso Nacional realizado en Cusco -al cual también asistió el cadete de la Escuela Militar de Chorrillos Manuel Apolinario Odría Amoretti, años más tarde general golpista de 1948-1950 y presidente de la República en 1950-1956-, y delineó las bases para la fundación de la Federación Nacional de Estudiantes. Sin duda, esta rica y agitada experiencia avivó profundamente los sentimientos de Raúl Porras por San Marcos, lo cual fue in crescendo hasta su muerte. De ahí que le legó todos sus bienes, inclusive su casa, en Miraflores, donde funciona el instituto que lleva su nombre. Éste fue creado por iniciativa de su actual director, el destacado profesor, literato y abogado Jorge Puccinelli Converso, querido discípulo del siempre recordado Porras, y autor de una breve biografía que nos ha servido sobremanera para elaborar el presente trabajo. Empero, quien, además, en 1948, publicó una compilación con el título de Semblanza y antología de Raúl Porras. Sea dicho de paso, la Casa de Porras ha sido declarada monumento histórico y artístico nacional (octubre de 1980).
SU PRIMER TRABAJO
Para tratar de sostenerse y poder seguir estudiando, Raúl trabajó como amanuense en la Corte Suprema (1912). Luego hizo lo propio en la universidad, en las facultades de Letras (1913-14) y de Ciencias Políticas y Administrativas (1915-19), mientras continuaba estudiando derecho. En la primera hizo gran amistad con Luna Cartland, con quien editó las revistas Ni más ni menos y Alma Latina. Luego, su tío Porras Osores, a la sazón ministro de Relaciones Exteriores, le llevó a trabajar como su secretario en el ministerio (1919).
Raúl Porras, amigo íntimo de Haya de la Torre y del obrero textil Arturo Sabroso, enseñó en la Universidad Popular González Prada. El maestro Sánchez apunta: “Años después, Porras que tenía igual interés por el indigenismo que Haya, se diferenció de éste en la medida en que lo tradujo como antihispanismo”. Huelga subrayar que Raúl fue un hispanista consagrado bajo la influencia del ilustre historiador y jurista José de la Riva Agüero y Osma, con quien le unió una estrecha amistad. Dicho sea de paso, Porras fue uno de los últimos contertulios un día antes del fallecimiento de José de la Riva Agüero.
Después de que su tío dejó el ministerio, Raúl Porras obtuvo por sus méritos una vacante como auxiliar del Archivo de Límites en la Cancillería y en 1922 asumió el cargo de bibliotecario. En 1923 es profesor de historia del Perú en el colegio Anglo-Peruano. En 1924 asesoró a la comisión plebiscitaria de Tacna y Arica. Luego, ocupó la jefatura del Archivo y Biblioteca (1926), entonces, tuvo la oportunidad de iniciarse en la carrera diplomática.
Desde entonces, hasta por casi 41 años, se dedicó al estudio de la política internacional peruana. Toda su vida la consagró al Servicio Diplomático del Perú, hasta su muerte, con la satisfacción de haber llegado a la cúspide de su trayectoria como canciller de la República. Habiendo sido ya senador y presidente del Senado.
PORRAS, ABOGADO YDOCTOR EN LETRAS
En 1922, Porras Barrenechea se tituló de abogado. Pero, siguió estudiando letras -literatura e historia- que tanto le apasionaba.
En efecto, en 1928, el joven abogado logró los grados académicos de bachiller y doctor en Letras, por su alma máter. Para entonces, ya destacaba como profesor de Historia del Perú en los colegios Anglo-Peruano (1923-1934) y Antonio Raimondi (1932-1934). Con su doctorado regentó la cátedra de Historia de la Conquista y la Colonia y dirigió el Colegio Universitario establecido durante el rectorado del maestro y abogado José Antonio Encinas Franco. Sólo al ser clausurada la UNMSM por el dictador Luis Miguel Sánchez Cerro, enseñó “Fuentes Históricas Peruanas” en la PUCP, en 1932. Aunque, siguió en la cátedra hasta 1958.
EN LACANCILLERÍA
Álvarez Brun señala que “la huella dejada por Porras en la Cancillería se encuentra en sus libros, en sus enjundiosos informes, alegatos, memoranda y en cientos de documentos redactados por él en cumplimiento de las funciones que le tocó desempeñar”… “demostrando profunda versación histórica y jurídica”, con hermoso estilo, “limpieza y claridad de su prosa”.
Porras, en 1924, en calidad de asesor, integró la Comisión Jurídica de la Delegación Plebiscitaria Peruana para tratar sobre las provincias cautivas de Tacna y Arica, como consecuencia del Tratado de Paz de Ancón (23-10-1883), que puso término a la guerra contra Chile (1879-1883). También participaron en ella, Basadre Grohmann y el jefe de la misma, el conspicuo jurista Ángel Gustavo Cornejo Bouroncle, contribuyendo con la publicación de la revista Justicia que, en doce números, desde el 24-03 al 12-06-1926, sirvió de órgano de expresión y difusión de los alcances y logros de esta comisión. Por esta publicación se conoce la realidad de lo sucedido legal y políticamente con el frustrado plebiscito.
Según la Enciclopedia Ilustrada del Perú de Alberto Tauro del Pino, señala que, en 1926, Raúl Porras asumió la jefatura del Archivo de Límites, por D. Supremo de 14-01-1926, y, en tal función, le correspondió redactar la exposición presentada a la Comisión Especial de Límites sobre las fronteras norte y sur del territorio de Tacna y Arica (4 T., 3 v, 1926-27), para reivindicar el usurpado territorio de la provincia de Tarata. Años después, Porras comentó su propio documento con las siguientes palabras: “Al ideal de defensa territorial dediqué mis años mozos y mi ardor polémico para defender la intangibilidad de la provincia de Tarata, en un alegato que mereció el elogio de los adversarios y la opinión laudatoria de mi maestro Arturo García”.
Por otro lado, en relación con los problemas fronterizos con Colombia (Tratado Salomón-Lozano, de 24-03-1922, mediante el cual Perú cedió el trapecio amazónico y Leticia), Raúl Porras se esforzó por impedir su ratificación en 1927-1928, emitiendo opinión contraria a su aprobación por el gobierno del dictador Augusto Bernardino Leguía (1919-1930). Luego, tomó a su cargo la sucedánea Sección Límites (1930-1931).
En 1931 asumió la cátedra de Historia Diplomática del Perú. En 1935 viajó a España como ministro consejero e integró la delegación acreditada ante la Liga de las Naciones, como ministro plenipotenciario (1936-38). Concurrió a las conferencias peruano-ecuatorianas que se reunieron en Washington, con el fin de negociar el arreglo del litigio limítrofe (1938). En 1940 fue comisionado para investigar en los archivos de España. En ese entonces, inició la meticulosa búsqueda de documentos para corroborar o rectificar sus tesis sobre la delimitación peruana con Ecuador y, así también, de los trabajos hechos desde 1929 sobre Los cronistas del Perú y la recopilación documental de lo que posteriormente fueron los Cedularios.
En 1944 fue ascendido a embajador y se desempeñó como asesor de Relaciones Culturales hasta 1948, año en que se le nombró embajador del Perú ante España, permaneciendo en la península hasta 1950. Fue nombrado por el abogado y presidente José Luis Bustamante y Rivero. Estos dos años resultaron fecundos para él, habida cuenta que pudo profundizar y perfeccionar sus investigaciones en los archivos, a la par de construir profundas amistades con lo más representativo de la intelectualidad hispana, como José Ortega y Gasset, Dámaso Alonso, Azorín, seudónimo de José Martínez Ruiz, entre otros.
Un incidente con una autoridad española de Valencia que ultrajó nuestro escudo nacional originó una enérgica respuesta de “dignidad patriótica” por parte de Porras. El gobierno dictatorial de Odría no lo entendió así, por lo que el embajador, sin empacho alguno, pero con verdadero amor por la patria, se enfrentó al régimen. El depuesto presidente Bustamante y Rivero le hizo llegar su fraterna felicitación y apoyo. Era obvio que la respuesta del dictador no se haría esperar y Porras debió regresar al país (1950). Se le persiguió y obstaculizó su vida académica, impidiéndole su candidatura al rectorado de SanMarcos. Se reencontró entonces en la defensa por la democracia y la justicia con su primo, José Gálvez, y sus amigos de juventud: Haya y Sánchez, entre otros. En consecuencia, retornó al liberalismo y atemperó, entonces, su hispanismo, al decir de su discípulo e historiador Pablo Macera (1997).
El 5-04-1958, siendo senador de la República, se encargó del Ministerio de Relaciones Exteriores en el segundo gobierno de Manuel Prado Ugarteche (1956-1962), cargo que ejerció con brillantez y luz propia. Sin embargo, renunció irrevocablemente el 12-09-1960, quince días antes de morir. En su gestión como canciller de la República destacan las siguientes acciones:
1) Mediante D. Supremo Nº 437, de 16-06-1958, creó la Dirección de Relaciones Culturales, con igual categoría que las demás direcciones de Relaciones Exteriores, la cual reemplazó al Departamento de Relaciones Culturales, creado en 1942, a pedido de Porras, apunta Álvarez Brun.
2) Por R. Suprema Nº 540, de 2-08-1958 y D. Supremo Nº 587, de 10-07-1959, efectuó el proceso de reforma de la Academia Diplomática del Perú, dándole un nuevo impulso con moderna malla curricular para la formación de diplomáticos. En 1960 egresó la primera promoción que llevó su nombre. Como maestro por vocación, asumió otra vez la enseñanza de la Historia Diplomática del Perú, asignatura que siguió dictando hasta pocos días antes de su deceso.
3) Su requisitoria al Secretario de Estado de Estados Unidos de América, Foster Dulles (1958), señalando la responsabilidad de esa nación respecto a la miseria y explotación en que se encontraban los pueblos latinoamericanos sujetos a cuotas de producción de azúcar y otros productos agrícolas, etcétera.
4) Suscribió el convenio peruano-español de doble nacionalidad (1959).
5) Asistió y expuso su memorable discurso en la VII Reunión de Consulta de Ministros de Relaciones Exteriores, en San José de Costa Rica, el 23-08-1960, con la finalidad de coordinar la acción diplomática a tomarse frente al gobierno revolucionario cubano. En armonía con la tradición internacional del Perú, Porras defendió brillantemente los principios del DIP: i) De no intervención, de acuerdo con la Doctrina Drago -promovida en los años 1902 y 1903, por el jurista y diplomático argentino Luis María Drago-, y aceptada, con ligeras enmiendas, por la II Conferencia Internacional de la Paz de La Haya (1907), y, en consecuencia, asumida por la política internacional peruana. Más aún, cuando el artículo 15 de la Carta de la OEA consagra el derecho de no intervención. Y, ii) De la libre determinación de los pueblos, como manifestación del más profundo respeto por la libertad y soberanía de cada nación de escoger y labrar su propio destino. Con ello, Porras logró que Cuba no sea proscrita del sistema interamericano. Empero, como veremos más adelante, esta posición no fue cabalmente entendida por el presidente del Consejo de Ministros peruano, Pedro Beltrán Espantoso, ni por la prensa conservadora que le llamó “comunista”.
OBRAS DE DIP
Son muchos los libros, folletos y conferencias impresos de Porras. Debido a ello, sólo mencionaremos los más trascendentales para nuestro tema jurídico, de acuerdo con la bibliografía preparada por el historiador Oswaldo Holguín Gallo (Abril, 1986).
Estos son: Historia de los límites del Perú (1926 y 1930); El Congreso de Panamá, 1826 (1930); La ocupación de la provincia de El Oro por las fuerzas peruanas (1941); El litigio Perúecuatoriano ante los principios jurídicos americanos (1942); El Amazonas y el Perú. Peruanidad del descubrimiento del Amazonas (1942); Exposición amazónica (1943); El Perú en la Asamblea General de las Naciones Unidas (1958); La Primera Conferencia Interparlamentaria Americana (1959); Discurso del ministro de Relaciones Exteriores del Perú, en la VII Reunión de Consulta de Ministros de Relaciones Exteriores, en San José de Costa Rica (1960); etcétera.
HISTORIA DEL DERECHO
Cuando regresó al país en 1950, asumió la dirección del Instituto de Historia de la Facultad de Letras, con cuya cooperación organizó el I Congreso Internacional de Peruanistas (1951). A la par, también presidió el Instituto Peruano de Cultura Hispánica. Su aporte en esta disciplina la circunscribiremos en:
1) Los tres cronistas legistas: Juan Polo de Ondegardo (V. Jurídica Nº 81, de 14-02-06), Hernando de Santillán de la Cueva (V. Jurídica Nº 158, del 7-08-2007) y Juan de Matienzo, primigeniamente trabajados por el historiador inglés y peruanista sir Clements Markham. Aquí agregaremos la biografía del compilador de la legislación indiana Antonio de León Pinelo (1943) y la publicación del libro de éste, Paraíso en el nuevo mundo, con prólogo de Porras.
2) Su fecunda obra documental, Cedulario del Perú, siglos XVI, XVII y XVIII, preparada de 1944 a 1948 y que incluye la Colección de documentos inéditos para la historia del Perú I y II. Hay que resaltar los grandes homenajes tributados a su amigo De la Riva Agüero y al dominico y jurista fray Francisco de Vitoria en el Teatro Municipal (1946), y publica El pensamiento de Vitoria en el Perú.
3) Las biografías de ilustres juristas peruanos en el quehacer nacional, como la de su abuelo materno, José Antonio Barrenechea (1928). De igual manera: José Toribio Pacheco y Rivero y Manuel Lorenzo de Vidaurre y Encalada (V. Jurídica Nº 76, del 13-12-2005). Toribio Rodríguez de Mendoza Collantes (V. Jurídica Nº 79, de 31-01-2006). José Faustino Sánchez-Carrión Rodríguez (V. Jurídica Nº 82, de 21-02-2006). Luciano Benjamín Cisneros, abogado representativo del siglo XIX (1956). Dicho sea de paso, el jurista e historiador del derecho peruano Carlos Augusto Ramos Núñez afirma que el apellido paterno es Benjamín, y no Cisneros como muchos historiadores apuntaron en el pasado (2003).
4) Los perfiles biográficos históricos y jurídicos de los tres abogados delegados peruanos al “Congreso Anfictiónico de Panamá” (De Vidaurre, De Pando y Pérez de Tudela), tratados en su obra El Congreso de Panamá, 1826 (1930), antes mencionado.
5) Su libro Los ideólogos de la emancipación, publicado póstumamente en 1974.
6) Prólogo al libro del abogado e historiador Carlos Neuhaus Rizo Patrón, intitulado Destino libertad: biografía de Manuel Pérez de Tudela, abogado de insurgentes (1956).
7) Así también, gran variedad de artículos sueltos publicados en diversas revistas, como Alma Latina, Nº 4, Ab., 1916, y El Perú, del 25-01-1931, con los títulos de Pablo de Olavide y El criollo Olavide, respectivamente (V. Jurídica Nº 100, de 27-06-2006); Elogio y vejamen de la República (Monteagudo y Sánchez Carrión), en Mundial, Lima, 26-07-1933; Bustamante está obligado a ingresar al Senado, en Caretas, Lima, setiembre de 1956; etc. Asimismo, en periódicos como “Hoy cumple años el magistrado don Anselmo Barreto”, en La Prensa, Lima, 17-10-1945; “Manuel Vicente Villarán, un nombre que es leyenda de honestidad”, en La Prensa, 09-11-1945, artículo que después amplía en Caretas, Lima, marzo de 1958; “Homenaje a Luis Alberto Sánchez”, en La Tribuna, 01-11-1959; etcétera.
CONVERSATORIO
El antecedente más remoto del Conversatario sabatino de Porras lo hallamos en el Conversatorio Universitario de 1919. Con los años y los viajes del maestro, éste fue descontinuado. Luego, como docente en San Marcos, Porras inició la costumbre de tomar té en la panadería y cafetería Los Huérfanos, ubicada en la calle de igual nombre, en Lima. Ahí se reunía con sus alumnos y otros profesores sanmarquinos.
Todos, como una comparsa, se sumaban al diálogo y debate sobre temas históricos, jurídicos, literarios y culturales. Entre los abogados concurrentes más destacados, además de Gálvez Barrenechea, figuraban Sánchez Sánchez, Abastos, Álvarez Brun, Puccinelli Converso y Neuhaus Rizo Patrón, también José León Barandiarán (V. Jurídica Nº 72, del 15-11-2005), Raúl Ferrero Rebagliati, Domingo García Rada, Luis Eduardo Valcárcel Vizcarra, Ella Dunbar Temple, Guillermo Lohmann Villena, Hermann Buse de la Guerra, Jorge Luis Recavarren Gastañeta, Antenor Fernández Soler y Alejandro Hernández Robledo, entre otros.
También los literatos, historiadores y escritores como Tauro del Pino, Manuel Mujica Gallo, Luis Jaime Cisneros Vizquerra, María Rostworoski de Diez Canseco, Carlos Araníbar Zerpa, Miguel Marticorena Estrada, Pablo Macera Dall’Orso, Guillermo Arredondo Basso, Hugo Neyra Samanez, Wáshington Delgado Tresierra, Julio Ramón Ribeyro, Manuel Scorza y muchos más.
PORRAS, POLÍTICO Y JURISTA
En 1956 fue elegido senador por Lima, con 124,941 votos, en la lista del Frente Democrático Independiente, con el apoyo del APRA. Ejerció sucesivamente la primera vicepresidencia y la presidencia de su cámara, por la enfermedad del titular su primo José Gálvez Barrenechea. Entonces hizo gala de su dominio del derecho constitucional en sus enjundiosas intervenciones parlamentarias.
Aél le tomó el juramento para que asumiera la presidencia del Senado (Jul. 1956). Esa alegría y satisfacción fue perturbada, el 8-02-1957, cuando debió suceder en definitiva a su pariente. En tal condición, le correspondió despedir a Gálvez, con quien había entablado una gran amistad por encima del vínculo familiar y de la diferencia de edades.
En 1958 lo proclamaron Hijo predilecto de su natal Pisco.
CANCILLER
En abril de 1958, Porras fue designado ministro de Relaciones Exteriores en el gobierno de Prado, para integrar el gabinete del abogado Manuel Cisneros Sánchez. Para entonces, comenzó a sentir ciertos malestares cardiovasculares; sin embargo, decidió asumir sus funciones porque sentía la profunda satisfacción de haber llegado al cenit de su carrera diplomática. En una oportunidad, el maestro Sánchez le dijo: “No te mates por nadie”.
Meses después, cuando hubo cambio de gabinete (julio, 1958), Prado le ratificó su confianza; empero, éste no pudo ir a Palacio para jurar porque había sufrido otro ataque al corazón. Entonces, el mandatario decidió que el canciller juraría el cargo en su casa. Prado fue a la calle Colina, hecho que toda la vida agradeció y reconoció. Así integró el nuevo gabinete del ingeniero Luis Gallo Porras, a la sazón primer vicepresidente de la República. En tal condición, y no obstante sus males, en 1960, Porras acompañó a Prado en sus giras oficiales por diversos países de Europa y América.
El 23-08-1960, Porras participó en la VII Reunión de Consulta de Ministros de Relaciones Exteriores, en San José de Costa Rica, y que con la franqueza de su espíritu y la inteligencia de su alma defendió el principio de la libertad y de la dignidad tanto del hombre como de los pueblos. Lamentablemente no sería entendido ni comprendido En efecto, el presidente del Gabinete, Pedro Beltrán, conservador y pro Iñaki, rechazó el mensaje liberal y democrático del canciller. Como respuesta inmediata no se le ocurrió mejor salida que desautorizarlo públicamente, vía cable, manifestando que era una postura individual y personal del ministro y que no respondía a la política del Gobierno peruano. Ipso facto, Raúl Porras presentó su renuncia. Prado no la aceptó. Pero, esto le hirió de muerte y agravó su mal cardíaco. En verdad, no pudo restablecerse. Sánchez dice: “Prado no le aceptó la renuncia y don Raúl regresó al Perú físicamente deshecho con el corazón destrozado. Su agonía fue lenta y en pie”.
Prado seguía apoyándole, empero, frente a la congelada relación que “políticamente” debió continuar con Pedro Beltrán, empeoró su salud y la situación se hizo intolerable. El 12-09-1960, presentó su renuncia irrevocable, que fue aceptada. Se retiró de la Cancillería el 15-09-1960, doce días antes de morir. Su último acto oficial: juramentó a la primera promoción de 17 diplomáticos egresados de la Academia que él reformó.
SU MUERTE
Ante esta grave y dolorosa situación, Porras no se repuso. Bastó un mes y días para que la depresión, la tristeza y un paro cardíaco acabaran con este ilustre peruano. Días antes había enflaquecido terriblemente, ya no quería comer. No se afeitaba y su mentón afilado aparecía cubierto de vellos rubios. Sus ojos azules miraban con fijeza, tristes y penetrantes. Aunque sabio, orgulloso y patriota, murió de pena. Sucedió el 27-09-1960, casi a las 11 p.m.
Recuerda el maestro Sánchez: “Me había acostado temprano y leía un libro, cuando a eso de las 11:00 p.m. sonó el teléfono: Jorge Puccinelli me habló enronquecido: Disculpe, Luis Alberto, pero Raúl Porras acaba de morir” (1987). Sánchez fue de los primeros en llegar a la calle Colina. Luego llegarían el Presidente Prado y su esposa, ministros, diplomáticos y funcionarios en general, empero, también gente del pueblo, y porcientos.
Su entierro fue multitudinario y fuimos testigos de excepción de la devoción civil, laica, al ilustre maestro y excepcional amigo que se ganó el respeto de todos con el sentimiento de la admiración, ya que nunca fue temido. No sólo estuvieron sus amigos y discípulos que ya contaban cientos, sino también miles de ciudadanos de a pie, hombres comunes y corrientes que habían seguido la trayectoria del inigualable historiador, del agudo escritor -ensayista y periodista- e incisivo polemista que brilló e hizo destellar luminosamente al Senado de la República junto con Gálvez Barrenechea.
Comentamos, entonces, con nuestro cuñado historiador Arredondo Basso -discípulo, admirador y colaborador de Porras-, cómo una acción inconsecuente, interesada y política pudo empujar a este grande hombre a una profunda depresión. Quizá, sin buscar ese fin, le asesinaron moralmente. Él, cansado de tanto esfuerzo realizado por mejorar a nuestro querido Perú y decepcionado por no haber sido entendido ni reconocido, decidió ir al encuentro del descanso eterno al lado del Supremo Creador.
* Publicado en el suplemento Jurídica, del diario El Peruano, N° 165, el 25 de setiembre de 2007.
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Raúl Porras Barrenechea
Por Francisco José Del Solar Rojas






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