Como crece la sombra cuando el sol declina….

Para mi viejo, por todo su apoyo

Amo a mi padre.

He procurado que cada acto de mi vida sea un motivo de orgullo para él.

Tal vez nunca lo haya conseguido del todo, pero nadie me quitará el mérito de haberlo intentado. Y vaya que lo he intentado.

Recuerdo, por ejemplo, que en cierta ocasión, para hacerlo feliz, no me quedó más remedio que recurrir al embuste con tal de complacerlo. Y no solo lo logré, sino que hasta el día de hoy guarda un buen recuerdo de aquel suceso. Pero como él no lee lo que escribo, es muy poco probable que se entere lo que les cuento. ¿O tal vez sí? No importa. Le diré que es un cuento lo que escribí y se sentirá otra vez orgullo de eso. Mi viejo, siempre tan bueno.

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Por aquel tiempo todavía era creyente, apostólico y romano, como se dice. Y como todos los varones de mi familia, incluidos cuñados, yernos y sobrinos, era hermano del Señor de los Milagros. En octubre, la familia acudía en masa a la procesión, donde todos cargábamos en la Novena cuadrilla de la Hermandad del Señor de los Milagros de Barranco. Ese año era el último como capataz general de la hermandad del mejor amigo de mi padre, por quien él sentía verdadero aprecio y cariño, casi de hermano. Ya era muy entrada la noche y nosotros teníamos que entregar el anda a la cuadrilla siguiente, que era precisamente la del amigo de mi padre, que ya estaba formada a los lados, como se estila, para el cambio de cuadrilla. Mientras nos retirábamos, se me acercó mi padre y me dijo: “Ahí está Huamán. Despídete de él, porque es su último año como capataz. Dile algo amable, hijo, para que se sienta mejor porque está muy triste. Tú sabes cómo”. Amo a mi padre, pero hay veces en que en verdad me dan ganas de apretarle el pescuezo. ¡Me pone en cada aprieto! Pero como a mí me agrada darle gusto, me tomó cinco segundos encontrar la solución a lo que me pedía. No recuerdo muy bien por qué razón, pero por aquellos días había leído hasta la saciedad la arenga de Domingo Choquehuanca a Bolívar cuando éste pasó por Cusco y me la sabía de memoria, palabra por palabra. Así que, ni tonto ni perezoso, me acerqué resuelto hasta él, que estaba flanqueado por su yerno y su consuegro, y le dije:

"Solo quería decirle, Don Félix, que quiso Dios de esta gente formar una gran fraternidad y creó la Hermandad del Señor de los Milagros de Barranco; pero pecó su raza con tanto trago y lanzó a Pizarro. Después de varios años sin rumbo ha tenido piedad de nosotros y nos ha enviado a usted. Es usted un hombre nacido para un designio providencial. Nada de lo hecho hasta ahora se asemejará a lo que usted ha logrado durante su mandato, y para que alguno pueda imitarlo en el futuro, será preciso que haya una nueva hermandad que fundar. Ha refundado una hermandad que en el inmenso desarrollo a que está llamada, elevará su nombre a donde ninguno ha llegado. Con los años crecerá su gloria como crece la sombra cuando el sol declina".

Apenas acabé de pronunciar la última palabra, el pobre hombre se llevó una mano a la cara para ocultar el llanto que lo inundaba, mientras que a su lado su consuegro no paraba de repetir ¡Bravo! ¡Bravo! Le di la mano y me fui. Pronto se corrió la voz de aquel breve discurso por todo Barranco porque no hubo hermano, cuadrilla o sacristán que no quisiera aquella noche tomarse un trago conmigo para oír la ‘arenga’, que, por cierto, yo estaba muy dispuesto, eufórico, a repetir.

Solo recuerdo que, mientras me retiraba, alcance a escuchar que su yerno le preguntaba a su padre: “¿Qué tiene que ver Pizarro con mi suegro?”.


2 comentarios :: Como crece la sombra cuando el sol declina….

  1. Vaya que con esas palabras de aliento, hasta el mas triste se anima.

  2. Esa expresión:"Su goria crecerá comol sommbre cuando el sol declina" es de adrede ambivalente,Aparentemette, un elogio a Bolívar pero a la vez un escondido agravio de alguienque quizás no queria en absolto a Bolívar, pues es una gloria que se realiza plenamente cuando se está en la más absoluta oscuridad,