Traficantes de bienes tras campaña de desprestigio (*)

. miércoles 4 de febrero de 2009
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Ley de Patrimonio Cultural crea problemas a mafias, asevera
Se inició revisión de archivos para saber si se han perdido títulos


Ernesto Carlín Gereda

Hugo Neira, director de la Biblioteca Nacional del Perú (BNP), indicó que su institución ha sido víctima de un "psicosocial de la mafia de bienes culturales" con el escándalo originado por presuntas pérdidas de libros al interior de ella. El funcionario explicó que en junio debe entrar en vigencia la Ley 28296 (de Patrimonio Cultural de la Nación), que obliga a los poseedores de bienes de interés cultural a declararlos ante las instituciones correspondientes. Éstas serán la BNP en caso de los libros, el Archivo General de la Nación para los documentos y el Instituto Nacional de Cultura para los bienes inmuebles.

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Según la explicación de Neira, la proximidad de la implementación de esta ley ha originado campañas de desprestigio contra estos tres organismos. Dentro de estas campañas se encontraría la denuncia de un presunto tráfico de libros antiguos de la BNP, hecha por un medio local. Como se recordará, una información dio cuenta de un coleccionista que había comprado cuatro ejemplares que se suponía pertenecían a la BNP para devolverlos a esta institución. La semana pasada se hizo entrega formal de dicho material bibliográfico.

Sin embargo, Neira precisó que de este lote de los libros sindicado como perdido, uno de ellos, Instrucción de confesores y penitentes, se encuentra a buen recaudo en una caja fuerte de su institución. "Ahora tenemos dos ejemplares", bromeó.

Del resto comenta que sólo uno tiene sello de la BNP, por lo que aparenta ser de su colección. Los otros dos aún son objeto de peritaje para saber si pertenecen al patrimonio bibliotecario.

Revisión necesaria

Hugo Neira indicó que se ha iniciado la revisión de los archivos de la BNP para saber si se han perdido estos títulos o están refundidos y mal clasificados en su bodega. Por otra parte, se quejó de que en la denuncia no se haya cotejado información con la BNP antes de publicarla. Puso como ejemplo que el precio de lo que se aseguraba eran los tesoros de la BNP en el mercado negro no es en miles de dólares, sino entre 200 y 600 dólares.

El director de la BNP agradeció la entrega de estos volúmenes, pero recalcó que la manera de combatir el tráfico ilícito de libros antiguos es "no comprándolos".

En su opinión, tanto el medio que se hizo eco de la denuncia como el anónimo benefactor han sido sorprendidos por una mafia que buscaba deshacerse de una "papa caliente". No obstante, el funcionario reconoció que su institución, al igual que cualquier entidad, puede ser víctima de robos. Por ello, señaló la necesidad de contar con más sensores y cámaras de circuito cerrado.


* Publicado en El Peruano, el 3 de febrero de 2009.

La historia según Hollywood (*)

. lunes 2 de febrero de 2009
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Por José María Carrascal

Me encantan las películas norteamericanas, siempre que no sean históricas. Hollywood no hace «History», hace «stories», cuentos, relatos de buenos y malos. Acabamos de tener dos ejemplos. En «La guerra de Mr. Wilson» se cuenta cómo un congresista tejano convenció a sus colegas de que apoyasen a los guerrilleros afganos en su lucha contra los ocupantes soviéticos, hasta conseguir expulsarlos. Con Tom Hank como protagonista, el éxito estaba asegurado. Pero se olvidaron de lo fundamental: que esos guerrilleros eran nada menos que los talibanes, que en cuanto ocuparon el poder convirtieron su país en nido de fundamentalistas islámicos, y los Estados Unidos no tuvieron más remedio que invadirlo ante los terroristas que les enviaban desde allí. Y allí siguen guerreando. Seguimos, mejor dicho. Pero de eso no dice nada la película, porque estropeaba el guión.

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La otra cinta de que les hablaba es «Valkiria», recién estrenada, con Tom Cruise en el papel del coronel Von Stauffernberg, que llevó en su cartera la bomba contra Hitler. Acción meritoria sin duda, como la de todos los demás conspiradores, que acabarían fusilados tras fallar el golpe. Pero, como en el caso de Mr. Wilson, la película se olvida de algo fundamental: que los militares alemanes necesitaron esperar al 20 de julio de 1944 para darse cuenta de que aquel loco asesino que tenían como jefe estaba deshaciendo su país y Europa. Hasta entonces, ninguno de ellos había levantado ninguna objeción a sus planes, pese a que tener que saber que la estrategia del «cabo austriaco», como le había llamado Hindenburg, no podía conducir más que al desastre. Sólo cuando los aliados habían desembarcado en Normandía y los ejércitos soviéticos se acercaban a las fronteras alemanas decidieron que era necesario frenarle. La causa de esta ceguera profesional y debilidad moral nos la da Sebastián Haffner en su ensayo sobre la histórica fecha del atentado: «Hitler corrompió no sólo a la de por sí lábil y seducible burguesía alemana, sino también al estamento militar prusiano, la mejor clase social que había producido el país». Y cuando quiso reaccionar, era demasiado tarde, aparte de que, estratégicamente, el atentado fue una auténtica chapuza. Y es que los militares prusianos estaban acostumbrados a librar batallas, no a preparar atentados.

En la reseña de la película en ABC, Anton Weinrichter advierte agudamente que nada se dice en ella del exterminio judío. Haffner nos lo cuenta, apoyado en testimonios de testigos presenciales: «El 25 de enero de 1944, se reunieron en el teatro de Posen 250 generales y almirantes. Hablaron Goebels y Himmler. Este dijo que todos los judíos, incluidos mujeres y niños, serían eliminados. Sólo cinco de los asistentes no aplaudieron». Aunque bastantes de ellos estarían, seis meses más tarde, en la conspiración contra Hitler.

Nunca es tarde para intentar recuperar el honor, aunque se pierda la vida. Pero es una lástima que Hollywood no tenga sentido de la Historia. Esperemos que Clint Eastwood, que ha hecho películas como Tucídides las escribía, «contando lo que pasó», lo subsane.


* Publicado en ABC, de España, el 1/2/2009.

Misión del Historiador

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"La misión, el trabajo del historiador, es establecer un diálogo entre el pasado, el presente y el futuro; dar a la generación actual una larga perspectiva sobre por qué estamos así y por qué hemos llegado a este punto. Mostrar sencillamente que, en cualquier momento de la Historia, hubo opciones y caminos que no se tomaron , tratando de explicar por que no fueron elegidos cuando había posibilidades para hacerlo".


John H. Elliott
2003

A escuchar "Letras en el tiempo"

. sábado 31 de enero de 2009
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Le he pedido encarecidamente a Rodrigo, mi hijo de doce años, que lea este blog, Letras en el Tiempo, de la periodista Patricia del Río, dedicado a la literatura universal, porque ahora que por fin he logrado que se aleje un rato de su play station y de la raqueta de tenis para leer un poco, ahora que por fin le ha cogido el gusto por la lectura (¡Alabado sea Dios!), me pregunta una y otra vez: ¿y ahora qué leo, papá? Y es que hay tantos libros, autores, temas y más libros, autores y temas, que no sé por dónde decirle que empiece. Así que, sabiamente, le he dejado esa tarea a la colega de RPP que ha sabido convertir ese espacio radial en una auténtica guía para profesores, y un deleite para quienes, como Rodrigo, descubren un poco tarde la literatura.

Letras en el Tiempo se transmite los sábados a las 11:30 a.m. y en su blog podemos encontrar el archivo de los programas emitidos, precedidos cada uno de ellos por un texto introductorio que permite situar al lector en el tema que cada semana un ivitado distinto aborda de manera sencilla, coloquial e inteligente, lo que le asegura el éxito que merecidamente está teniendo.

De la historia general a la historia del derecho peruano (*)

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A propósito del libro "Comentarios reales de los incas" de Garcilaso de la Vega

Por Luis Cervantes Liñán
Rector de la Universidad Inca Garcilaso de la Vega


Con profunda emoción y en mi condición de ex garcilasino, escribo este articulo con el fin de dar cuenta de una nueva edición de la obra cumbre del Inca Garcilaso de la Vega (1539-1616), intitulada Comentarios reales de los incas (Fondo Editorial de la Universidad Inca Garcilaso de la Vega, Lima, 2007, LXXIV + 885. Antecede Prólogo de Ricardo González-Vigil). Para la publicación de este importante libro de dimensión universal, se ha tenido a la vista la edición que en 1959 publicó la Librería Internacional del Perú, con un prólogo minuciosamente detallado del reconocido intelectual Aurelio Miró Quesada Sosa.

GARCILASO Y SU OBRA

La obra en mención, conforme lo anota con bastante elocuencia el prologuista González-Vigil, constituye el mayor “texto de cultura del Perú”, y como tal: “Nos interesa ayudar a difundir una visión integral, adecuada a la complejidad y hondura de su mensaje, al cual consideramos trascendental para todos, dado su peruanismo, americanismo y dimensión universal”.

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Debe destacarse singularmente que, sobre las bases de estas reflexiones, nos permitimos sostener que los aportes vitales que logró Garcilaso de la Vega han ido en línea ascendente -como contribución cultural de primer orden- desde la historia general para arribar a la historia del derecho peruano. Detengámonos brevemente para apostillar nuestra posición.

HISTORIA DEL DERECHO

En primer término, interesa poner de relieve que hay que ver a los Comentarios reales de los incas en su contexto histórico. Y es ahí que se ubica la historia general que tiene como objeto de estudio a las instituciones y el resultado de los hechos episódicos más importantes que se han dado en el mundo de la cultura -“sucesiones de culturas”, nos dice el maestro Jorge Basadre Grohmann- y que deben ser contrastados con las fuentes históricas documentales. En esa mira, los Comentarios reales de los incas se pueden interpretar desde diferentes prismas: económico, filosofía de la historia, identidad hispanoamericana, historia de la geografía del Perú, literatura peruana, etcétera.

En segundo lugar, contribuyen a una mejor comprensión de la historia del derecho peruano, disciplina académica que está en pleno desarrollo, sin que por ello se obvien los aportes vitales de los colegas del área. De ahí que las contribuciones de Garcilaso de la Vega al estudio de las instituciones prejurídicas en la época prehispánica, en su condición de cronista mestizo autóctono, sentaron las bases para dar nacimiento a la historia del derecho peruano. Esto es, el conjunto de costumbres y normas que regularon la vida social y económica entre los incas y los pueblos anexados y conquistados bajo los patrones de la reciprocidad, tanto simétrica como asimétrica, de la redistribución de excedentes, uso técnico de los pisos ecológicos, formas de trabajo, etcétera.

CONCLUSIÓN

En suma, luego de esta ojeada retrospectiva, la presente edición de los Comentarios reales de los incas, a la que se añaden una cronología y una bibliografía de primera mano, adquiere una relevante significación en el ambiente cultural, por cuanto Garcilaso de la Vega sigue constituyendo un digno representante que ha prestado servicio considerable a nuestra identidad nacional. Tal es su alcance y dimensión en el mundo de los saberes culturales, que merece ser conocida y comprendida en todo su valor.


* Publicado en Jurídica, Nº 171, Suplemento del diario El Peruano, el 6/11/2007


De Herrera a Cipriani (*)

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Por Juan Vicente Ugarte del Pino (**)

El sermón del 28 de julio de 1846, pronunciado por Bartolomé Herrera Vélez, durante el tedéum, fue una pieza de gran connotación política y base de una célebre polémica entre las grandes figuras de la intelectualidad peruana de la época y con enormes repercusiones internacionales. Ya Bartolomé Herrera había pronunciado otro sermón importante en la historia de la República, con motivo de las exequias del general Agustín Gamarra Messia, y que se conoce como el "Llamado al orden". Era una época de verdadera anarquía política, donde la voz del sacerdote, testigo imparcial de las contiendas, podía imponer la autoridad moral y espiritual pertinente, dado que por la cercanía del tiempo, nadie dudaba del papel importante que el clero había tenido en la gesta de la emancipación, no solo peruana, sino de toda Hispanoamérica.

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Los nombres de los curas Hidalgo y Morelos y del peruano Melchor de Talamantes -cura mercedario- en México, del Dean Funes en Argentina y de Toribio Rodríguez de Mendoza y Collantes y la pléyade de religiosos que brillaron en el Perú, eran el mejor testimonio de la deuda que el Perú tenía con la Iglesia, a la que se le empezaba a atacar, siguiendo el camino del liberalismo decimonónico, ateo y anticlerical. Todo ello unido al caos político y social en que el Perú vivía después de la derrota de la Confederación Perú-Boliviana (1836-1839), ideada por Santa Cruz y combatida a muerte por Chile. Ni el "Directorio" de Manuel Ignacio de Vivanco Iturralde pudo resistir a la subordinación entronizada. Domingo Elías Carbajo y su primer gobierno civil y la "Semana Magna" fueron solo un esbozo civil inmaduro. Es la época en que surge la polémica entre los defensores del orden y el liberalismo.

Herrera fue una figura providencial. Limeño de nacimiento (1808), fue alumno del Convictorio de San Carlos. En 1829 recibió las órdenes religiosas. Fue profesor en Huánuco en 1831 y fue llamado como regente en Teología al Convictorio en 1844. Luego fue director de la Biblioteca Nacional. A raíz de su sermón "Llamado al orden", fue elegido en 1849 diputado por Lima y la Cámara, a su vez, lo eligió como su presidente. Se opuso a la prórroga del mandato de Castilla. Durante el gobierno de José Rufino Echenique Benavente (1851-1855) fue nombrado embajador del Perú ante el Vaticano, en plena revolución por la Unidad italiana. El conde Cavour y el rey de Cerdeña y luego de Italia, Víctor Manuel II, le depararon gran admiración, no obstante sus discrepancias ideológicas. El Vaticano y el Sacro Colegio Cardenalicio vieron en él al primer Cardenal de las Américas en el siglo XIX, pero su temprana muerte el 10 de agosto de 1864 y las intrigas políticas en el país lo impidieron. Su mayor contribución a la Historia Constitucional fue su Constitución de 1860, la que más larga duración ha tenido en el Perú. Pero sus ideas y sus discípulos siguieron combatiendo por una nueva sociedad, producto de una nueva generación salida de San Carlos.

En los debates que siguieron y en el intento de dotar al Perú de una Constitución, los demócratas liberales proclamaron en Lima al general Mariano Ignacio Prado Ochoa dictador en 1865 y éste llamó a José María Químper, José Toribio Pacheco, José Gabriel Gálvez Egúsquiza, Manuel Pardo y Lavalle, entre otros, y convocaron a la Constituyente de 1867, cuya Constitución fue repudiada por todas las provincias y quemada en la plaza de Armas de Arequipa. Su principal impulsor fue el diputado por Huaraz, Celso Bambarén, que se declaró "enemigo personal de Jesucristo", según narra el gran historiador de la República, Jorge Basadre Grohmann. Creemos que el cardenal Cipriani, en la misma línea que Herrera, está cumpliendo igualmente su papel pastoral frente a la historia.


(*) Publicado en Jurídica, Nª 212, Suplemento del diario El Peruano, el 19/08/2008.

(**) Catedrático de Historia del Derecho Peruano. Ex decano de la Facultad de Derecho de la UNMSM y del Ilustre Colegio de Abogados de Lima. Ex presidente del Poder Judicial del Perú y de la Corte Suprema de Justicia de la República. Ex presidente del Tribunal Andino de Justicia.


La forma de gobierno y su relación con el Poder Legislativo en el Perú del siglo XIX (*)

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Por José Francisco Gálvez Montero (**)

Luego de su independencia, el Estado peruano demostró hallarse en un proceso de institucionalidad, para lo cual optó por importar el modelo político francés, el cual se conjugaba con la representatividad, forma de gobierno y el manejo institucional que derivaba en colocar al Congreso de la República como primer poder del Estado y bajo su entorno construir el principio de autoridad nacional.

Sin embargo, en el transcurrir del siglo XIX, el orden formulado a través de las diversas Constituciones, al cual se incorporaron los temas de debate así como las experiencias de los golpes de Estado, sirvió para crear un modelo en el que los legisladores adoptaron indistintamente elementos tanto de “la forma de gobierno presidencialista” como del “parlamentarismo”, donde el Congreso conservaba el liderazgo político, pese a que la idiosincrasia de entonces estaba más orientada a seguir a un individuo que a una corporación.

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Si bien podríamos sostener que el debate ideológico entre monarquía y república concluyó con las sesiones de la Sociedad Patriótica a raíz de la publicación de las Cartas del Solitario de Sayán, en cuyos argumentos José Faustino Sánchez-Carrión Rodríguez opta por la república en contraposición de los esgrimidos por Bernardo Monteagudo, defensor de la monarquía constitucional, no menos cierto es que el tema se orientó más adelante por distinguir entre un Ejecutivo fuerte o débil, cuyo poder respondería a las inquietudes parlamentarias.

CARACTERÍSTICAS DE LAS RELACIONES ENTRE LOS PODERES POLÍTICOS

Para ello, hemos identificado cinco características de cómo las relaciones entre los poderes políticos rompieron con los moldes occidentales de las formas de gobierno creando uno propio en el Perú, yendo desde la necesidad del respaldo legislativo hasta el desarrollo de los mecanismos de fiscalización, pasando por la necesidad de elección de cargos de presidente y vicepresidente de la República, el rol de los ministros en el gobierno y la relación pragmática entre los poderes políticos, las cuales se hallan sustentadas en las Constituciones, la legislación, la doctrina filosófica y constitucional así como por los sucesos que han calado en nuestra tradición política.

1. La forma de gobierno y su representatividad: la Constitución de 1828 precisó a la República como forma de gobierno con un diseño espacial de naturaleza unitaria, pero que no negaba la descentralización a través de las Juntas Departamentales y de la figura del prefecto. Sin embargo, los regímenes de entonces no compartían este afán por compartir las funciones del gobierno central con las juntas. Fue así que desde entonces primó más la conveniencia y la inmediatez del Ejecutivo, lo cual daría a entender su fortaleza, hecho que no es del todo cierto porque a lo largo del siglo XIX los regímenes autoritarios de los diferentes golpes de Estado requerían de legitimidad, que solo el Congreso podía irradiar. De ahí nuestra primera característica, la necesidad de las convocatorias a congresos para respaldar a los mandatarios de facto.

2. La elección de los presidentes: la segunda característica está relacionada con la elección de los cargos de presidente y vicepresidentes de la República, proceso que originalmente realizaba el Congreso según la Constitución de 1823, dentro de un proceso electoral de elección indirecta supervisado por este colegiado hasta la dación de la ley Bentín en 1896 que estableció el Jurado Electoral Nacional con la participación del Poder Judicial durante las elecciones y cuyos vocales superiores en los departamentos conformaban los Jurados Especiales. Ello no significó que el Congreso se desentendiera de su relación con el Ejecutivo, pues si el proceso se desarrollaba con dificultad entonces el Poder Legislativo designaba al nuevo mandatario como ocurrió con Guillermo Billinghurst. Hecho que no se aparta años después de la coyuntura que costó la vida al general Luis Miguel Sánchez Cerro, presidente de la República elegido y ante lo cual la Constitución de 1920 preveía que el Congreso estaba autorizado a convocar a un ciudadano para que termine el mandato, lo cual fue solicitado al general Óscar Raimundo Benavides Larrea.

3. Los ministros de Estado: como corolario de lo señalado, la siguiente característica está relacionada con el papel de los ministros de Estado. Desde el Protectorado, avizoramos su presencia y el llamado refrendo ministerial, que en el régimen parlamentario implicaba el traslado de poder del monarca a sus ministros, lo cual se entendía en la frase francesa (1828) que el rey reina pero no gobierna. Ello implicaba la ideología liberal del control político que antes frenaba los excesos del poder del absolutismo ya en adelante se dirigía a los ministros. Con la ley respectiva de 1856, se creaba el cargo de presidente del Consejo de Ministros, figura propia del parlamentarismo, y que en el Perú se entendería como colaborador permanente del presidente de la República, pero que la Constitución de 1933 plasmó como su controlador, ya que el primero no podía solicitar la renuncia de su ministro sino contaba con el aval del segundo. Lo que nos lleva a reflexionar sobre las figuras del jefe de Estado y el jefe de Gobierno, cuyas competencias concurren en la del presidente de la República, que por un lado denota estabilidad y el pragmatismo que oscila en el accionar de las coyunturas. Tema que en su momento solucionó el Libertador Simón José Antonio de la Santísima Trinidad de Bolívar y Palacios al derivar la jefatura de Estado en el presidente vitalicio y la de gobierno en el vicepresidente, de acuerdo con la Constitución de 1826.

4. Congresistas y ministros: la cuarta característica a considerar se halla en la relación entre los poderes, permitiéndose que los congresistas fuesen ministros de Estado. En los inicios los legisladores influidos por las doctrinas, sobre todo la norteamericana, no aceptaban la posibilidad de esta mixtura, debido a la rigidez que la impide. Pasado mediados del siglo XIX, Manuel Pardo y Lavalle, flamante presidente de la República, señalaba en su Mensaje a la Nación que la idoneidad de los políticos superaba todo escollo en beneficio del país. Argumento que más tarde durante el gobierno de Andrés A. Cáceres Dorregaray (1888) prosperó modificando la Constitución de 1860 y haciendo compatible que excepcionalmente el congresista, previa licencia de su Cámara, pueda desempeñarse como ministro. Rasgo de un gobierno parlamentarista.

5. La ley y el control político: la quinta característica en esta relación de poderes estriba en los mecanismos de la dación de la ley y la fiscalización. Originalmente la iniciativa de ley solo era competencia de los congresistas, incluso ni el presidente ni sus ministros se hallaban facultados a asistir al recinto parlamentario para los debates, ya que la ley, según la ideología, respondía a quienes representaban la voluntad general, o sea la asamblea. Poco a poco, la tradición constitucional hizo posible incluso que los encargados de las carteras ministeriales expongan sus planes. Resultado de ello fue que la primera moción de censura generada contra el entonces ministro de Hacienda, Manuel del Río, en 1849, se dio por una coyuntura más por que las reglas así lo establecieran. Fiscalización que ha ido incorporando, de esta manera, nuevos supuestos en la mira de controlar el manejo del poder político.

CONCLUSIÓN

Podemos concluir que si bien la forma de gobierno, sin lugar a dudas, es republicana, conviene por una cuestión funcional detenerse para apreciar que no responde al modelo norteamericano en estricto y que nuestros legisladores, por otorgar el liderazgo político al Congreso, crearon una mixtura o híbrido en el desarrollo de la correlación de nuestras. Características cuyo debate vuelve a ser materia de debate en el siglo XXI en la búsqueda de una forma de gobierno acorde con nuestra realidad e idiosincrasia, que no reitere los errores pretéritos sino, por lo contrario, genere aportes constructivos.


(*) Publicado en Jurídica, Nª 232, suplemento del diario El Peruano, el 06/01/2009.

(**) Abogado por la PUCP. Doctor en Historia por la U. Complutense de Madrid. Área: Historia del Derecho (1996). Profesor universitario.

El otro saqueo de la Biblioteca Nacional

. jueves 29 de enero de 2009
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En las páginas de El Comercio, en 1970, Luis Durand Florez escribía sobre la descapitalización documental peruana. Y hace unos días el mismo diario denunciaba, otra vez, el robo de auténticas joyas bibliográficas de la Biblioteca Nacional, patrimonio histórico y espiritual de todos los peruanos. Entre una y otra fecha lo que ha permitido semejante latrocinio propio de naciones bárbaras es lo mismo que permitió, en 1943, el incendio de la misma: la falta de recursos que en aquella ocasión condenó Raúl Porras: “Mientras se gastan millones en sostener otras grandes empresas burocráticas, la Biblioteca carece de fondos para libros, para estanterías y para guardianes”. Han pasado 66 años de estas palabras y la situación no ha hecho sino empeorar.

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Resulta increíble de creer, pero hay quienes creen que la Biblioteca Nacional sólo requiere de dinero para comprar libros, olvidando las otras tareas a las que está obligada, por ley, como depósito y guardián de nuestra memoria histórica e intelectual. Tal vez a este “desdén que los analfabetos tienen por los libros”, como apuntaba Ricardo Palma, se deba que ella no cuente con más personal calificado y probo que requiere para cumplir a cabalidad con sus funciones, que éste mismo disponga de sueldos dignos que alejen cualquier tentación dolosa con el acervo que custodian, y, sobre todo, con equipos de seguridad mínimos con el que sí cuentan, por ejemplo, muchas bibliotecas de universidades privadas para salvaguardar su patrimonio bibliográfico.

En circunstancias como esta, resulta un lugar común repetir que la falta de dinero impide no sólo investigar sino conservar ese mismo patrimonio que hoy subsiste amenazado por la desidia oficial y la angurria comercial de salvajes. Que este se oferte impunemente por ‘delivery’, como un pedazo de carne, sólo puede dar otra medida de qué tan honda es la crisis moral en la que hemos caído. Hemos llegado a perder el respeto por el más sagrado objeto de la cultura y hemos echado al olvido absoluto y a la indiferencia total el templo donde se le honra.

Y como si esto fuese poco, como si semejante acto de incultura no bastase para avergonzar a los hijos de nuestros hijos, que algún día preguntarán dónde estábamos cuando todo esto sucedía y a los que heredaremos poco o nada de lo mucho que nosotros heredamos de los que nos precedieron, somos testigos también del robo impune de cientos de cajas de documentos de un organismo oficial del Estado a plena luz del día. Lo que en buena cuenta significa que al abandono del Estado, debemos sumarle también la negligencia propia de los irresponsables. Una negligencia que ha permitido, a lo largo de nuestra historia, que cientos de documentos y libros valiosos se pierdan para siempre en incendios, robos, saqueos y más robos. Tantos que con todos ellos podría armarse otro Archivo Nacional completo o una nueva Biblioteca Nacional. O ambos. ¿Hasta cuándo?


Convocatoria a Doctorado en Ciencias Sociales 2009-2013

. miércoles 28 de enero de 2009
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La Sede Ecuador de FLACSO ofrece un Doctorado transdisciplinario en Ciencias Sociales con especialización en Estudios Políticos, que se ejecutará en Quito durante los años 2009 al 2013. Se trata de un espacio de docencia, investigación y reflexión sobre la política desde campos transversales y disciplinas como la Sociología, la Ciencia Política, la Antropología, la Historia, los Estudios de Género, así como desde varias perspectivas metodológicas y epistemológicas.

FLACSO está interesada no sólo en integrar distintos campos de saber relacionados con el tema sino en generar nuevas investigaciones y reflexiones sobre América Latina. Para el cumplimiento de estas metas FLACSO asume el reto de atraer a un grupo de estudiantes destacados del continente y generar una formación de postgrado del más alto nivel en la región.

Fecha de Inicio del Doctorado: octubre 2009

Solicitudes de admisión: www.flacso.org.ec
Informes: [email protected]


Vía: H-México

¿Quién gritó Viva la Pepa? (*)

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Historiadores gaditanos discuten el origen del popular grito asociado a la Constitución de 1812

Por PEDRO ESPINOSA
Cádiz


El historiador Alberto Ramos Santana, junto al logotipo del bicentenario de la Constitución de 1812. (EL País / Eduardo Ruiz)La Pepa es nombre de mujer. También de un restaurante en Cádiz, un futuro puente y el logotipo del principal organismo para la conmemoración del bicentenario de la Constitución de 1812. Sobre la Pepa gira ahora también el último debate histórico que afecta a esa Carta Magna. Historiadores gaditanos discuten el origen del popular grito ¡Viva la Pepa!, desde hace años asociado a la alegría que supusieron los derechos liberales recogidos en aquel texto. El profesor José María García León abría el debate al asegurar que no existen pruebas históricas que demuestren que esa exclamación fuese utilizada en el siglo XIX. El experto constitucionalista Alberto Ramos Santana rechaza esta teoría con referencias literales más o menos directas. En lo que ambos coinciden es en que el ¡Viva la Pepa!, a pesar de lo que algunos creen, no se pronunció el día de la promulgación de la Constitución.

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El 19 de marzo de 1812 llovía en Cádiz. Pero, aun así, las crónicas periodísticas narran que el pueblo salió a la calle a festejar que aquel día España tenía su primera Constitución. En algunos recientes libros de Historia y en multitud de referencias en Internet se atribuye a la gracia gaditana el atrevimiento de apodar la Carta Magna con nombre de mujer. Esos mismos textos apuntan que la algarabía popular hizo nacer aquel día de San José el famoso ¡Viva la Pepa!

García León ha desmontado el mito. El profesor gaditano ha indagado entre periódicos, actas, cancioneros populares, novelas y cuadernos de poesía del siglo XIX alguna referencia a La Pepa. Y no la ha encontrado. “No está ni en los periódicos más liberales. Se habla de una alegría generalizada, de gritos de ¡Viva la Nación! pero podemos decir a boca llena que el ¡Viva la Pepa! es falso”, argumenta. Según García León, de aquella exclamación sólo empezó a hablarse bien avanzado el siglo XX.

Ramos Santana niega la mayor. Y lo hace con citas de referencias recogidas de la primera mitad del siglo XIX. En 1822, el periódico El Zurriago ya identificaba la Constitución de 1812 como La Pepa. Ramos Santana reconoce que las referencias periodísticas y literarias al ¡Viva la Pepa! son escasas y lo justifica en que ese grito fue siempre subversivo. Dos años después de aprobarse la Constitución Fernando VII anuló el texto y también prohibió que se hiciera mención a ella. Por eso, según este historiador, nació el ¡Viva la Pepa!: para burlar la prohibición del rey y ensalzar la Constitución.

Eso sí, nadie puede demostrar que el ¡Viva la Pepa! naciera aquel 19 de marzo de 1812. Incluso Ramos Santana ve “bastante improbable” que se pronunciara aquel día. Detrás, el trasfondo político que hay en el empeño del PSOE para denominar con el mismo nombre de mujer a infraestructuras, actividades y lemas del bicentenario. A pesar de los documentos que le contradicen, García León se congratula de haber abierto un debate público sobre Historia. 200 años después La Pepa vuelve a vivir.


* Publicado en El País (Cádiz, España), el 25 de enero de 2009.

Historia económica (*)

. martes 27 de enero de 2009
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Por Antonio Zapata

El Banco Central de Reserva y el Instituto de Estudios Peruanos acaban de publicar el primer tomo de un compendio de historia económica pensado en cinco volúmenes. Solo en momentos singulares aparecen este tipo de compendios. El anterior esfuerzo se remonta a la Historia del Perú editada por Juan Mejía Baca al comenzar los años ochenta. En aquella ocasión la amplitud de la obra fue superior, no se limitó a un área del conocimiento sino que tuvo intención enciclopédica. Mejía Baca buscó especialistas que incursionen en política, literatura, arquitectura etc. Mientras que la obra actual es más especializada y refleja el signo de los tiempos actuales que privilegian la focalización.

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El primer tomo trata sobre el Perú prehispánico y se abre con un ensayo de Luis Guillermo Lumbreras que aborda el tránsito de la sociedad de cazadores a la agricultura y la domesticación de animales. Lumbreras resuelve este primer problema que plantea la antigüedad peruana; explica que antes los bienes estaban sueltos en la naturaleza y que luego fueron fruto del trabajo; pasaron a ser producto de canales de riego y de superficies sembradas. Esa revolución fue la más trascendente que afrontaron los tiempos prehistóricos, cambiando profundamente la vida humana.

Luego, Peter Kaulicke desarrolla un clásico: la aparición de la cerámica y el surgimiento de Chavín. En el Perú siempre se había pensado que ahí comenzaba la civilización, hasta los últimos estudios de Ruth Shady que sitúan ese momento en Caral. En este capítulo se presenta la gran transformación que significó la aparición de ollas y platos, junto a dioses y sacerdotes poderosos, que definieron una nueva forma de organizar la sociedad.

Por su parte, Julián Santillana y Waldemar Espinoza, en sendos ensayos, desarrollan el tercer gran problema económico que plantea el Perú antiguo. Analizan una economía sin mercado, donde la circulación de los bienes se daba a través del poder político. Ese sistema operaba gracias a grupos étnicos que tenían a su población asentada en diferentes pisos ecológicos produciendo bienes distintos. Luego se reunían en festividades y los productos se redistribuían a través del curaca y los sacerdotes para obtener una dieta variada.

Esta imagen proviene de los estudios del antropólogo rumano John Murra que condensó su tesis en un famoso libro sobre la economía del mundo andino, sustentando que el eje se hallaba en la circulación de bienes sin presencia del mercado. Pero, en los últimos treinta años la investigación ha encontrado numerosas evidencias de comercio prehispánico. A partir de un célebre artículo de María Rostworowski, se descubrió que los chinchas eran un señorío de mercaderes, que disponían de tres mil balsas y practicaban un comercio de larga distancia.

Desde el año mil en adelante, Tumbes fue un puerto libre donde los andinos enviaban caravanas de llamas y balsas. Ahí se encontraban con mercaderes llegados de Panamá y del norte de Sudamérica. Cambiaban una serie de productos provenientes de aguas cálidas por bienes andinos, especialmente telas y metales. En este comercio había aparecido una forma arcaica de moneda, pues circulaban hachillas de cobre que se atesoraban de veinte en veinte y servían para facilitar los intercambios.

Estos nuevos descubrimientos son trabajados por Santillana y Espinoza planteando un gran problema histórico. ¿Cómo pudo organizarse una sociedad donde coexistía el comercio con la circulación sin mercado? Esa aparente paradoja aún no ha sido resuelta por la ciencia y se plantea como un reto a futuro.

Ahí se halla el principal valor de los compendios. Plantear preguntas que estimulen la investigación y signifiquen desafíos intelectuales. Le debemos a su editor, Carlos Contreras, haber concebido una obra trascendente que ha de orientar los estudios de historia económica por muchos años. Por su parte, le debemos a la alianza institucional entre el BCR y el IEP una actitud dinámica que estimula la investigación y la producción de nuevo conocimiento.

Solo cabe llamar a los economistas a entender su ciencia como parte de los estudios sobre la sociedad. En este sentido, sería útil que participen de estos debates y aborden el pasado económico del país. Así, podrían entender mejor el pantanoso escenario de la economía contemporánea.



* Publicado en La República, el 14/01/2009.

San Marcos errante (*)

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Por Manuel Burga

El año 1999, en una suerte de acto simbólico, cuando era presidenta del Congreso Martha Hildebrandt, la Universidad de San Marcos, representada por su rector, en un surrealista acto público, recibió un sol por la venta del local que ahora ocupa el Congreso de la República. Se saneaba así, en términos bastante amigables, una situación ilícita creada por la ocupación de facto del local de la Universidad ordenada por Bernardo Monteagudo el 15 de junio de 1822. Eran los agitados años de la Independencia y todo se puso lógicamente al servicio de la nueva era que se iniciaba. El primer Congreso Constituyente inició sus sesiones en este local, allí aprobó la Constitución de 1823 y nunca más lo desocupó.

Esta noticia, cuando el fujimorismo se sentía eterno, casi pasó inadvertida en la comunidad universitaria sanmarquina. ¿Qué se podía hacer? ¿Reclamar un pago? ¿Acaso San Marcos no había recibido los fundos Concha, Aramburú y Rosario, en 1950, para que construya su anhelado campus universitario? Finalmente una morada propia. Se le asignó un terreno de 59 ha con un enorme estadio dentro, que fue pensado como el estadio de la ciudad de Lima, pero que por razones técnicas se dejó de lado y se entregó a San Marcos como regalo, o presente griego, por su cuarto centenario, el 12 de mayo de 1551.

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Sin embargo, ahora que he leído de nuevo un documento del siglo XIX, me animo a transcribirlo porque nos revela el desinterés y trato injusto que siempre ha recibido la Universidad de parte del Estado, desde el inicio mismo de la República y contra los principios enunciados en la Constitución de 1823 y todas las demás. Un desinterés y trato injusto denunciado por los mismos liberales de entonces. Es un documento breve, publicado en el primer número de Anales Universitarios del Perú, del año 1862.

El título lo dice todo, “La Casa de la Universidad es tomada para las sesiones del Congreso”. El contenido principal es el siguiente:

“La primera vez que se pronunció por el Delegado Supremo la palabra Universidad fue para despojarla de su casa, sin concederle indemnización alguna, ni asignarle siquiera un canon o pensión conductiva. Este acto pudo ser disculpable en los primeros días de la Independencia, cuando no había otro pensamiento que el de libertar al país de la dominación española; pero haber dejado transcurrir cuarenta años sin pagar alquileres por ella y sin atender los reclamos de la Universidad es una cosa que hace poco honor a la rectitud de nuestros legisladores. Ellos declaraban que la propiedad era inviolable y sagrada, quizá sin advertir que profanaban con su presencia este principio, ocupando casa agena (…) También fue privada de su biblioteca particular y traspasados sus libros a la pública en setiembre de 1822”.

El texto lo escribió José Gregorio Paz Soldán, el rector de la reforma liberal en San Marcos, como parte de sus esfuerzos para transformar a San Marcos en una institución secular, docente, científica y al servicio del país. El delegado supremo era Bernardo Monteagudo, nada querido por los liberales de la Independencia, ni por los que vinieron después. De alguna manera -en este texto- se justifica la ocupación del local de San Marcos durante la Independencia, no así que no se hayan pagado alquileres cuando el Estado lo podía hacer por la riqueza del guano y, más aún, cuando Echenique en 1850 había autorizado pagar todas las deudas contraídas como consecuencia de la Independencia. San Marcos no fue escuchado y más bien su biblioteca pasó a formar parte de la futura Biblioteca Nacional, también por orden de Monteagudo.

En estos mismos anales, en los primeros números, se insiste en el derecho de la Universidad, ya que el local, asignado por el gobierno colonial, había sido mejorado con donaciones privadas de vecinos piadosos, interesados en la educación de sus hijos. Entonces no es que se ocupaba un bien público. Por eso es que las autoridades de San Marcos recién se tranquilizaron en 1866, cuando como consecuencia de la Reforma Liberal, que trasladó las actividades docentes de los colegios superiores a la Universidad, recibieron el viejo local jesuita del Convictorio San Carlos, ahora llamado la Casona de San Marcos.

Este desinterés y trato injusto convirtió a San Marcos en una universidad errante, inquilina de locales a veces muy precarios e insuficientes. Esto constituye, me parece, uno de los grandes misterios de nuestra vida republicana y lo que muy probablemente explica el distanciamiento entre el saber y el poder, la Universidad y el Estado, los intelectuales y la política y entre el conocimiento del país y nuestras políticas públicas en el Perú republicano.


* Publicado en el diario La República, el 22/01/2009.


Convocatoria de "Fronteras de la Historia"

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La revista Fronteras de la Historia, publicación del Instituto Colombiano de Antropología e Historia especializada en historia colonial latinoamericana, se encuentra en este momento recibiendo colaboraciones para el volumen 14-2 (2009). Se recibirán artículos y reseñas bibliográficas hasta el 27 de febrero. Invitamos a todos los interesados en participar en esta convocatoria a enviarnos sus manuscritos. La revista recibe contribuciones inéditas en el área de la historia colonial y reseñas de libros cuya importancia sea fundamental para el avance de la discusión dentro de la historia. Los originales sometidos a consideración deben presentarse con el siguiente formato:

Para participar de la convocatoria, se pueden envíar artículos por correo electrónico, siguiendo las siguientes especificaciones: letra Times New Roman, 12 puntos, espacio sencillo, tamaño carta, con márgenes iguales de 3 cm. en formato de Word para Windows a las siguientes direcciones:

[email protected]
[email protected]

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Los artículos deben tener una extensión que no supere los 48.000 caracteres con espacios, es decir, unas 20 a 25 páginas aproximadamente. Debe incluir todos los datos del autor y un resumen en español y en inglés, que no supere los 800 caracteres con espacios (5 0 6 líneas). Las reseñas de libros no deben superar los 9.000 caracteres con espacios (3 páginas).

La Revista Fronteras de la Historia se orienta por las normas de citación bibliográfica del MLA Handbook for Writers of Research Papers. Se recomienda a los autores tenerlo en cuenta. Si se incluyen mapas, ilustraciones, cuadros o cualquier tipo de gráfico explicativo dentro del documento, se pide una copia en blanco y negro, con su respectiva fuente; para fotografías se debe anexar el negativo. Los derechos de reproducción, cuando sean necesarios, serán gestionados por el autor del artículo.

Una vez recibidos, los manuscritos serán sometidos a dos jurados externos y a revisión por parte de los autores si es necesario.

Para más información sobre la revista los invitamos a visitar nuestra página web, en la sección "Publicaciones": www.icanh.gov.co

Los artículos en línea de los últimos números se pueden consultar y descargar gratuitamente en nuestra página web y en el sito de la Redalyc: www.redalyc.org

Cordialmente,
Jorge Augusto Gamboa M.
Editor Revista Fronteras de la Historia
Instituto Colombiano de Antropología e Historia
Calle 12 # 2-41, tel. 5619400 ext. 119
Bogotá


Vía: H-México

Convocatoria a Premio de Investigación Histórica 2009

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La Cátedra de Estudios Hispánicos "Antonino Fernández y Cinia González" del Instituto Universitario de Historia Simancas de la Universidad de Valladolid convoca al Premio de Investigación Histórica 2009, el mismo que tiene como finalidad premiar un trabajo de Investigación original e inédito de un joven investigador de cualquier nacionalidad, con el fin de incentivar la actividad investigadora en el ámbito de los estudios hispánicos.

El premio está dotado con 6.000 euros y la fecha límite para la entrega de la documentación es el 1 de mayo de 2009. La convocatoria completa está disponible aquí


Vía: H-México

Ya va siendo hora...

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Sí, ya va siendo hora de que entre nosotros la historia sea menos académica, menos seria y menos acartonada (que no es lo mismo que decir que menos rigurosa), y que de una vez por todas salga a la calle a conquistar nuevos lectores y nuevas audiencias que no sean los que ya existen en las aulas de nuestras universidades y de nuestros institutos. O sea que entre nosotros, país de historiadores notables y de escritores más notables todavía, se está dejando extrañar desde hace mucho tiempo una buena revista de divulgación histórica, de esas que son de quitarse el sombrero, atesorar con cariño y heredar a los hijos. Porque aquí, en nuestro cada vez más empobrecido y reducido periodismo cultural, el papel couché y la ilustración a color sólo ha servido para el desfile de modas de temporada, los amoríos de turno o los enredos sin cuento de una farándula local cada vez más venida a menos. Hay que decirlo y escribirlo con letra bien clara: resulta poco menos que increíble que en un país donde campea la pobreza extrema, el analfabetismo es todavía un baldón sin resolver del todo y 'parar la olla' es una odisea cotidiana, la gran mayoría de revistas que circulan sean de gastronomia o espectáculos.

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La historia entre nosotros está condenada al cenáculo académico y especializado, lo cual no es malo pero sí muy triste por aquello de que "un país que no recuerda su pasado está condenado a repetirlo". Y en nuestro caso, infinitamente una y otra vez. Qué pena porque siendo un país con una larga tradición de excelentes revistas literarias y de historia, hasta ahora no ha habido una sola de divulgación histórica que seduzca por su factura, destaque por su precio y provoquen respeto sus contenidos. O sea, que llegue al gran público y se apropie de él y ellos de ella.

La que mencionamos es una aventura cultural y periodística que a la fecha no ha seducido a ningún periódico, editor o grupo editorial a apostar por ella. Y no lo hará tampoco mientras nosotros mismos, historiadores, periodistas y editores, no empecemos por cambiar nuestras formas de hacer negocios, nuestros hábitos culturales y, sobre todo, nuestra forma de entender y escribir la historia. Porque, ¿que alcen la mano todos aquellos que han dicho que la historia es aburrida y no vende? No saben cuánto se equivocan.