Campañas de publicidad, audio libros, programas de televisión y de radio se están convirtiendo en un fenómeno de ventas al promover la historia desde una perspectiva juvenil. ¿Se bacaniza la historia?
La voz ronca y el tono desenfadado de Diana Uribe irrumpe todos los domingos a las 10 de la mañana en la cadena básica de Caracol. El programa se llama La historia del mundo. Sale al aire desde hace casi una década (primero en Radionet y hoy en Caracol). Y ha sido tal su acogida, que el año pasado, en asocio, con la Editorial Aguilar, se publicó una recopilación de siete CD con libro y se convirtió en un fenómeno de ventas en diciembre. En las salas de las casas de familia se cita el programa como una autoridad. "Lo dijo Diana Uribe", dice alguien con la convicción de que, gracias a esta filósofa y periodista bogotana, se puede hablar de un tema que parecía ser para elegidos. Uribe cuenta la historia en un tono coloquial. Algunos piensan que exagera. Incluso, su manera desabrochada de hablar sobre temas históricos que salen de las coyunturas del momento, le ha válido hasta imitaciones de sus compañeros de La Luciérnaga. Uribe es quizá la precursora de este tipo de programas que, en los últimos meses, y a través de fascículos de prensa, programas nuevos de televisión y hasta publicidad, buscan acercar al común de la gente a los temas históricos. Entre ellos está el Noticiero de la Historia, un programa dirigido por Alí Humar que se lanzó hace unas semanas por Canal Capital. Dice el curtido actor y director de televisión que se le ocurrió la idea de reactivar esta vieja historia nacida hace 25 años -y que salió del aire por razones comerciales-, motivado porque "los jóvenes dejan de ver la historia como una parte aburridora. La historia debe ser entretenida y ellos deben darse cuenta de que los personajes históricos son de carne y hueso; que tienen debilidades, fallas, pasiones, que no son personajes acartonados, porque esa es la imagen que causa una distancia".
>>> Seguir Leyendo... >>>
Quizá con el mismo objetivo, en la nueva programación de Señal Colombia se comenzó a emitir El lado B de la historia. Y quiere, según se puede ver, utilizar figuras reconocibles por los jóvenes -como la cantante Andrea Echeverry, de Aterciopelados, o Goyo, de ChocQuibTown- con un propósito parecido, aunque algo más ambicioso. Este programa nació de una exposición de instalaciones de video arte que se hizo en el Museo Nacional y que relacionaba los objetos de las salas con el presente. Cristina Lleras, curadora de las colecciones de arte e historia del Museo, dice que pensar la manera como se ha asumido la historia en el país ha sido una de las tareas de la institución. "Los programas tratan historias no contadas de personajes históricos que han quedado en el olvido. La idea es que la gente vea que los objetos del museo no son estáticos, sino que tienen historias que se desprenden de ellos. Ese objeto es testimonio de lo que pasó y habla de continuidades y de problemas del presente. Los elementos del programa son: objetos, historias no conocidas, procesos no terminados, historia desde el presente. Se busca evitar lugares comunes y no tener una narrativa complicada. Por eso la idea de los narradores musicales".
En uno de ellos, por ejemplo, Andrea Echeverry, aparece con su ruana multicolor en una cancha de tejo junto a campesinos enruanados que 'echan pola', y con su particular manera de hablar va dando cuenta de las comunidades de muiscas presentes en la Sabana de Bogotá. Dice que no es posible seguir creyendo que los muiscas eran monstruos como decían los cronistas de Indias. Dice, y subraya, que siguen existiendo y entonces aparece una familia de un resguardo en Soacha que pertenece a esa etnia. La intención política queda en evidencia: se trata de recontar la historia desde una perspectiva que no se tiene en cuenta en la educación tradicional. La factura del programa es interesante: se intercalan animaciones elaboradas con una estética de trazos finos, y se incluyen canciones. Uno de los productores del programa, Richard Decaillet, ya había realizado con acierto la serie Plástica, para el Ministerio de Cultura, una serie dedicada a artistas contemporáneos colombianos, bastante versátil y sencilla. Decaillet dice que el lenguaje busca "llegar a un público joven con imágenes, música variada y también animación. Si la historia no sirve para nada, la gente se siente distante. Se trata de comprender que la historia hace parte de la vida y uno pertenece a ella". Y para que la gente se acerque a ella, este productor y documentalista colombiano dice que los programas se pueden ver también por Internet y que se está buscando una financiación para enviarlos en DVD a los colegios.
¿Es seria esa historia?
La idea de que este tipo de contenidos no es 'serio', o peca de superficial, está en el ambiente cuando se toca el tema. ¿Se puede decir que los españoles no venían tan 'engallados' cuando llegaron a América
¿Que el período del bloqueo cubano fue la llegada "del hambre" y después hacer sonar La flaca, la popular canción de Jarabe de Palo
¿O hacer la analogía con la Fórmula 1 diciendo que Gorbachev subió al poder en la Unión Soviética después de un estrellón de esos tan frecuentes en donde el cuarto en disputa termina en el podio? Diana Uribe diría que "entonces llega la historia y nos da uno de esos sorprenonones con los que nos suele salir".
Para Nicolás Morales, politólogo y director del departamento editorial de la Universidad Javeriana, "la academia en general es crítica de estos productos por falta de rigurosidad en los términos, en el despliegue metódico y teórico. La academia es ambivalente porque sabe que no hace los suficientes esfuerzos para democratizar los productos de conocimiento, y a la vez es crítica. Los medios sienten que tienen un obligación moral de hacer algo educativo y acuden a estas fórmulas. Se dan cuenta de que tienen que vender, que les da 'good will' hacer un producto semiacadémico que pueda ser interesante".
Productos que también han tocado campañas de publicidad para promover el conocimiento de la historia, como ocurre desde hace varias semanas con el especial promovido por el periódico El Tiempo, La historia de la historia. Esta obra, que ha circulado en otros países, insiste en el lema de "la historia es la misma, lo que importa es cómo te la contamos". Así, se pretende cautivar al lector con argucias como la historia de Napoleón vista desde su perfil de Facebook, o el blog de Alejandro Magno, por sólo poner dos ejemplos. El historiador Mauricio Nieto, de la Universidad de los Andes, dice no sentirse incómodo con estos emprendimientos. "La labor del historiador tiene que ver con un público más amplio que los colegas. Me gusta la idea, no estoy en contra de eso, en principio el problema está en replicar versiones de la historia sesgadas, tradicionales y poco críticas. 'History Channel' es un ejemplo de esto: es un canal visto en todo el mundo, en el que se presentan con autoridad algunos hechos inamovibles, e imposibles de interpretar de otra manera. La historia es un instrumento político muy poderoso y ha servido para legitimar órdenes y formas de organización social o para cuestionarlas. Por ejemplo, la historia muestra que es natural que se desarrolle el capitalismo, que es inevitable, que no se puede cuestionar. El hecho de que tengan un formato más amplio no quiere decir que sea trivial ni que no sea profundo. Yo defendería la importancia de hacerlo, y de hacerlo bien porque lo que se vuelve mediático no es malo. De todos modos, me parece que el público debe saber que el pasado se puede criticar, y pensar".
Así, este tipo de programas y publicaciones abren entonces un nuevo debate y escapan a sí mismos. ¿Han sido los propios académicos los que han alejado al público de temas como la ciencia, la historia o la filosofía? Fabián Sanabria, decano de ciencias sociales de la Universidad Nacional, está de acuerdo en que, en efecto, "la academia no ha asumido el reto de saber contarle a la sociedad la historia. No podemos quedarnos en una torre de marfil en donde sólo entre iniciados sabemos. El intelectual tiene el reto de salir en los medios, de traducirle a la sociedad lo que investigamos, de unirnos a los medios. Sin embargo, estos proyectos tienen un más y un menos. Más, en el sentido de que se cuenta en otras palabras aquello que los historiadores decían en un lenguaje como para iniciados. Ahí está Diana Uribe y su manera de contar, por ella la historia se hace extensiva a más gente. El menos es que, en tanto es un ejercicio de traducción, se corre el riesgo de vulgarizar y trivializar los hechos históricos".
Por ahora lo cierto es que no hay mediciones ni es posible asegurar cuál es la influencia de ver la historia desde esta presumible nueva manera. Lo que sí es cierto es que detrás también hay un boom comercial por este tipo de productos. Un boom que contribuye a que haya diversidad de miradas en torno a la historia, una de las grandes flaquezas con las que crecen miles de colombianos: la falta de conocimiento sobre su propio pasado.
* Publicado en Semana, de Colombia, el 21/02/2009.

































