Por Róger E. Antón Fabián
PASEAR POR EL CENTRO HISTÓRICO DE LIMA no es algo que me apetezca, sobre todo si para llegar al mismo uno transita ahora la ciudad capital, que permanece cual víctima a una catástrofe nuclear, atiborrada de avenidas suburbanas con pequeños bloques de calzada destrozados y revueltos unos sobre otros como un puñado de naipes. Permanecer media hora o más en el asiento del autobús, ante el barullo repetitivo de menesterosos que suben y bajan a vender chucherías bajo las bocinas intermitentes por el embotellamiento vehicular es sencillamente un suplicio perturbador e impresionante sobre todo en esta época en que una garúa invisible cae sobre la fría ciudad de los Reyes. Sin embargo un suceso me ha llevado a hacer más de una vez el mismo recorrido sorteando tatuadores, cambistas, pulsadores, entre las insospechadas galerías comerciales y lo volvería a hacer, con la misma finalidad: ver una exposición, pues en pleno centro histórico, apenas a unos cuantos pasos de la Plaza San Martín, en la cuadra 5 del Jirón de la Unión , se viene realizando la muestra sobre la vida y obra de nuestro mayor escritor denominada: "Mario Vargas Llosa, la libertad y la vida" y que tiene como escenario la Casa Museo Bernardo O'Higgins.
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He asistido en varias oportunidades y ya he perdido la cuenta de las veces que he ido, solo, con mi mujer, y llevando a algunos amigos. En realidad es una exhibición que da cuenta de todas las circunstancias de la vida del escritor, así cada sala expone sus pasiones: la escritura y los libros, los escritores y el periodismo, el cine y el teatro, la vida académica y la política. La muestra nos recibe con una presentación de Alonso Cueto quien afirma que "si alguna lección nos deja esta vida y obra es la de la confianza en poder de los individuos de fraguarse un destino".
Organizada por la Pontificia Universidad Católica, reúne en dos pisos y catorce salas, el universo personal y literario del celebérrimo escritor; y recibe a los concurrentes con copias de algunos escritos de puño y letra y cartas esparcidas en el pavimento que da por un sendero hacia un pupitre revestido por estos donde se distingue, cubierta por un cristal, una Marathon 1200 DLX que habría acompañado al escritor a escribir sus primeros textos, mientras como fondo descuella un retrato suyo.
El primer piso está lleno de fotografías con familiares en diferentes épocas, y un recorrido literario-vital acompañado de un archivo iconográfico desde su nacimiento en 1936 en Arequipa hasta sus estadías en diferentes ciudades del mundo. Sus tesoros como una carta muy afectuosa de Julio Cortázar antes de publicar Rayuela, una estampa de la primera comunión, pasaportes, libreta de notas, manuscritos originales del inicio de alguna de sus novelas.
Me enteré de la exhibición de ejemplares de sus novelas traducidas a diferentes idiomas y objetos de escritores que influyeron en su vida por las noticias de la Agencia EFE y la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes (Vargas Llosa es presidente de la Fundación), que repitieron La Vanguardia , La Nación, Jornada Latina, El Universal y Perú 21 entre otros diarios, sin embargo quien recorre los salones no encuentra en realidad tales objetos.
Y aunque es verdad que la tutela de la exposición, forjada durante dos años, quedó a cargo del escritor Alonso Cueto y contó con la asesoría del arquitecto Frederick Cooper y el pintor Fernando de Szyszlo, viejos amigos de Vargas Llosa, se distingue una especie de bóveda titulada "tesoro" donde tras el ornamento de cerámica de un hipopótamo (los colecciona desde que escribiera su obra teatral Kathie y el hipopótamo), con ciertas grietas de color negro sobre un paño rojo, se puede ver un muestrario de libros.
Sin embargo el espectador común no está seguro, a pesar de las múltiples reiteraciones de los vigilantes, que sean suyos. Yo mismo sorprendido pude echar una ojeada a algunos ejemplares y encontrar ahí libros de colegio desusados, de legislación, educación, química inorgánica, un texto de matemática, unos cuantos volúmenes de historia de Carl Grimberg, tomos de la enciclopedia juvenil Océano, una edición del nuevo testamento de la Biblia y hasta un manual de contribuyentes de la Sunat , entre otros; y de literatura viejos y muy descuidados tomos de Losada, Salvat, de ciencia ficción (que Mario no lee), entre Ana Karenina de Tolstoi, Persona Non grata de Jorge Edwars, Siete ensayos de la realidad peruana, y hasta El rincón de los muertos de mi amigo el escritor Samuel Cavero Galimidi.
Al menos que se haya querido dar a entender subliminalmente que los libros siempre serán un tesoro, más de un visitante quedará con la incógnita, pues a saber la biblioteca peruana de Mario consta de poco más de veinte mil cuidados volúmenes, y está dividida por temas y aficiones, cada libro posee un sello y stickers ahí en el sexto piso de su casa de Barranco donde el autor tiene su estudio y biblioteca en el Malecón que ahora lleva su nombre.
Las veces que he ido he recorrido todas las salas, en el primer nivel el salón Diarios de un rebelde nos ofrece un examen biográfico desde la etapa de su niñez hasta nuestros días, acompañada de vitrinas que contiene recortes, libretas con anotaciones de sus viajes, y tesoros personales con su sello y número de ingreso, como la invitación original del Colegio San Miguel a la Gran Velada literario-musical en la que se menciona la presentación del drama la Huida del Inka, en aquel tiempo, julio de 1952, próxima a estrenarse en el Teatro Variedades por la semana de Piura (también se presentaba el Cantinflas piurano; un conjunto de cuerdas del cancionero criollo; los Bikini girls, representantes del ritmo tropical; algunos solistas y la promoción de las candidatas a la Señorita de Piura) y comentarios en la prensa local como este: "quienes vayan al Variedades el jueves tendrán oportunidad de ayudar a los sanmiguelinos a arbitrarse fondos para su excursión a Lima e Ica".
Las salas, pasillos y escaleras están acompañadas de fotografías de su archivo familiar y cuadros del pintor Fernando de Szyszlo; pero la sala principal del segundo piso del museo está rodeada de balaustradas que divide ambos corredores de muy fina restauración del elegante estilo republicano se puede observar a plena vista cual enormes cuadros las ya conocidas fotografías del autor con Patricia, su mujer; con Gabriel García Márquez, Jorge Edwards, José Donoso y Muñoz Suaz en Barcelona, en casa de su agente literaria D. Carmen Balcells; otra con Guillermo Cabrera Infante, Fernando de Szyszlo, Octavio Paz y Damián Bayón, así también en Barcelona con Gabriel García Márquez, Carlos Barral y Julio Cortázar. En este nivel se destacan las salas organizadas temáticamente en honor al periodista, al político, al académico, el cinéfilo, el dramaturgo y el héroe..
La primera con las publicaciones de Las batallas por la libertad dando cuenta del hombre cívico y político. Sus inicios en el Diario La Industria de Piura, su paso por el Mercurio Peruano, El Dominical del Diario El Comercio, su labor en Radio Panamericana, y luego ya en París en la Agence France Press. Su postura ante el caso Padilla en 1971, contra la estatización de la banca en 1981, la matanza en Uchuraccay en 1983, la campaña política en 1990. En un par de vitrinas se puede apreciar las portadas que le dedican The New York Times Magazine, la Revista Newsweek, Le Debat, entre otras. Y una emisión continua de sus entrevistas de su programa televisivo La Torre de Babel transmitido por Panamericana Televisión y producido por su cuñado Lucho Llosa que data de 1981, el cual duró en el aire tan solo seis meses, donde se ve desfilar a Magda Portal, la fundadora del APRA; Alain Elías, amigo de Javier Heraud; Don Pancho, un simpático y veterano heladero, el más antiguo de Miraflores; el pintor Fernando de Szyszlo quien afirma que la técnica no se debe ver pero debe permanecer en la obra, una Doris Gibson que rememora una entrevista con el dictador Velasco Alvarado, Jorge Edwars reflexionando sobre la novela chilena, Ernesto Sábato ante su enorme biblioteca hablando del sentido del caos, y Jorge Luis Borges.
A propósito el autor del Aleph afirmó que cuidaba mucho su lectura y fue derrotado por varias novelas. No tenía libros sobre sí y que solo leyó Borges, enigma y clave de Rodríguez Monegal, porque afirmó irónicamente que "quería encontrar la clave". Queda una insípida desazón ante la reiterada insistencia de un porfiado Vargas Llosa cuando le pregunta hasta en tres ocasiones sobre la austeridad de su hogar y por qué no vivía en un lugar más lujoso, Borges sonriente y sarcástico afirma que "la pobreza" no le interesa. Ahora que lo recuerdo esa entrevista ofendió mucho al escritor argentino. Cuando opinó sobre el Perú aludió a su abuelo el coronel Francisco Borges, al poeta José María Eguren que le presentó un amigo en común e incluso citó un verso suyo. El escritor peruano sin poder disimular su asombro y admiración ante el maestro de una vida entre libros, casi encarnación de la Literatura , observa los arreglos de su habitación donde destacaba una Orden del Sol en el grado de Comendador otorgada por el Gobierno peruano y los pocos tratados de su biblioteca personal. Quizá como afirma Alberto Manguel en su libro Con Borges publicado por la Editorial Norma los invitados a su casa esperaban hallar infinidad de volúmenes y su propia biblioteca era poco menos que un desencanto porque el genio argentino sabía que el lenguaje bien podía simular la sabiduría.
En la entrada de la sala dedicada al político se observa una franja con las tres escaleras y se puede leer: "Mario Vargas Llosa.. Presidente 90. Movimiento Fredemo, el gran cambio"; y dentro se escucha la emisión continua del discurso del entonces candidato en plena campaña contra la estatización de la banca; un cartel de las elecciones de 1990 invita a una reunión para el "Domingo 4 de junio a las 12 a. m en la Plaza de armas" y en una vitrina se puede ver el manuscrito de despedida al haber perdido las elecciones fechado el 10 de julio del 90 titulado: "Encuentro por la libertad", un sello enorme con la estampa de su rostro, tarjetas personales, cartas destinadas al candidato con anotaciones del personal de correo: "por favor anotar la dirección", solo con el nombre del escritor, junto a un cuadernillo con el Programa de gobierno del frente democrático.
Una instalación divide a ambos corredores ante la extensa fotografía que Félix Nakamura tomara en el bar la Catedral cuando se acababa de publicar la novela Conversación en La Catedral en una visita que hizo Vargas Llosa al bar allá por 1969, se puede ver una reproducción de la famosa taberna, acompañado de la lectura de la novela.
En las salas referentes al académico se emite continuamente los discursos del autor ante la incorporación a la Academia de la Lengua , y la cesión de Honoris causa de parte de algunas universidades; y en la del cinéfilo una escena de la película El Jaguar en edición rusa basada en La Ciudad y los perros.
Al entrar a la sala del dramaturgo uno ve los afiches de adaptaciones teatrales de sus obras escenificadas por casi medio centenar de compañías en todo el mundo. Desde La señorita de Tacna hasta la representación de las Mil y una noches, pero lo que me conmovió fue escuchar la confesión de parte que le hace en una entrevista al Director Luis Peirano acerca de la obra teatral Kathie y el hipopótamo, en cierto modo una 'continuación' de Conversación en la Catedral diez años después. Ocurrió que el novelista en una etapa difícil se ganaba la vida como negro literario para una mujer que precisaba de un escriba.
Ella tenía las imágenes pero no las palabras y fue donde 'Zavalita' con su mediocre, oscura y rutinaria cotidianidad de ser un fracasado periodista del montón encontró el trabajo perfecto que le permitió ganarse la vida por un tiempo. Él que tenía ciertas lecturas, claridad intelectual, recuerdos de ideales abandonados, va haciendo añadidos a la historia gris de Kathie y ambos transforman la realidad de sus vidas una o dos horas cada día. En esa confesión encontré a un alter ego del novelista, y sentí que en determinado momento de su vida se creyó extraviado por el fracaso como escriba a pesar de una riqueza interior y quizá por el contrarresto de su edad ya que el personaje era un hombre adulto, al que la vida no le había ofrecido prácticamente nada cual ajuste de cuentas.
Recordé las cartas que le dirigió por aquel entonces a Abelardo Oquendo cuando Mario confesaba que para evitar la reflexión y el suicidio se dedicaba a trabajar a fondo y solo salía del hotel para comer (La carta que pude leer de Julio Cortazar hacia Mario daba cuenta casi de lo mismo). Dudando haber abandonado por fin los ejercicios ridículos de adolescente tenía la impresión que si escribía como presentía, por fin, sería un escritor. Y que si veía que todo era un espejismo, haría maletas, regresaría a Lima y no volvería a escribir una línea más en su vida.
Casi frente a la sala del político se divisan dos piezas contiguas una con motivos selváticos como la reproducción de una cabaña y donde se pueden ver fotografías de las versiones cinematográficas de Pantaleón y las visitadoras y La ciudad y los perros en las cuales el escritor colaboró; y otra la del héroe a la que no se puede ingresar y que no es sino una representación de objetos que nunca pertenecieron al autor como libros, un uniforme, una cama del Colegio Leoncio Prado, la insignia con su fotografía, pero que son igual de significativos y memorables.
Vargas Llosa en la inauguración expresó con nostalgia que los libros tienen la propiedad de llevar a otra realidad al lector, eso es lo más hermoso de escribir. Y que una exposición así sólo se consagra a los muertos. Declaró que hay anotaciones de cuando no pensaba que su vida se iba a definir por los libros. Pero lo que me hizo vibrar de emoción fue que, luego de apreciar en un pequeño hall un hermoso mosaico las reproducciones de las portadas de nada menos que ciento cincuenta y cinco ediciones de sus obras en diferentes idiomas, tras un cristal, me encontré con un verdadero tesoro para mí: más de veinte libros de los más grandes maestros de la novela.
Ello no estaría fuera de lo común si no estuviera resaltado con anotaciones, comentarios y calificaciones del escritor de La guerra del fin del Mundo en las últimas páginas así como algunos escritos de puño y letra porque ellas me transmitieron el secreto y la clave. Ahí estaba el verdadero tesoro del cual tomé única nota y que duda cabe no contaré hoy.~
La muestra permanecerá hasta el 30 de octubre
Casa - Museo O´Higgings. Jirón de la Unión 557, Lima.
Horario: De lunes a domingo de 11 a.m. a 7 p.m.
El Ingreso es Libre
* Publicado en el diario La Industria, 14/09/2008.