Por Maribel Arrelucea Barrantes (*)
Fotografías: Cortesía de Shane Greene
Mis investigaciones me han centrado en los temas de etnicidad, esclavitud y género pero hoy pretendo responder a una aparentemente simple pregunta que me formuló mi hija Marietta de 7 años mientras veíamos las primeras imágenes del cinco de junio: “¿Por qué matan así a las personas?”, no pude responder en esos momentos porque sentí una mezcla de indignación y vergüenza que fueron creciendo así que decidí escribir sobre el Baguazo, la nación, los sujetos históricos que se suponen forman parte del juego democrático, la discriminación, la violencia estructural y el rol del Estado. Escribir también es una forma de participar, romper el silencio y solidarizarme con todas las víctimas, civiles y policías, porque todos eran peruanos con ilusiones truncadas y pleno derecho de admisión.
1-El Baguazo, los discursos y las imágenes.
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El cinco de junio todos los medios repetían la misma noticia: “nativos” y policías enfrentados violentamente en la Curva del Diablo, una zona de la carretera Fernando Belaunde en Bagua, algunos anunciaban un genocidio, otros remarcaban el ataque a policías. Por la noche los noticieros televisivos mostraban imágenes del enfrentamiento donde se podía distinguir policías y civiles, helicópteros, machetes, fusiles, lanzas, gritos, sangre, mucha sangre. De hecho en los siguientes días la población fue bombardeada con imágenes de cadáveres con heridas sanguinolentas, cuellos cercenados, tajos abiertos aun rezumando líquidos, rostros descompuestos en rictus de dolor ¿Quiénes eran? Se trataba de los policías muertos en ese cinco de junio. Esas imágenes me recordaron los aciagos días -y aún cercanos- de la violencia terrorista, los coches bombas estallando en cualquier lado, los atentados, la sangre fluyendo de los cuerpos de las víctimas, los cientos de rostros evidenciando dolor y miedo.
Pero los peruanos y peruanas también vimos con estupor una guerra de imágenes y discursos donde se evidenció el débil concepto de nación, los sujetos históricos que algunos imaginan como única parte de la nación, los excluidos del baile, las enormes distancias entre Lima y las provincias, entre el Estado y las poblaciones peruanas, las nuevas estrategias de negociación y presión que están surgiendo en medio de esta coyuntura de crisis, la dinámica de los partidos y movimientos políticos, los acomodos y reacomodos mediáticos (1).
Pero vayamos por partes, primero los discursos con muchas perlas: después del cinco de junio Keiko Fujimori y Rolando Souza rogaron a los “nativos” que no se dejen manipular desde dentro y fuera del país por políticos malintencionados, a lo cual replicó Jorge Bruce que “es tan grotesca la subestimación de la inteligencia de nuestros compatriotas que cabe preguntarse si se busca enardecerlos más para prolongar la atmósfera convulsionada o tal vez su limitación ideológica les impide darse cuenta de que hay un mundo complejo fuera de la teoría de la conspiración” (2). Esta tesis con algunas variantes (poder chavista, boliviano, humalista) milagrosamente puso de acuerdo a los políticos oficialistas y de oposición, una de las más insistentes fue la Ministra de Comercio Exterior quien reveló que existirían indicios sobre la presencia de colombianos, venezolanos y bolivianos azuzando la zona antes del conflicto y que los humalistas estuvieron camuflados entre los manifestantes (3).
¿Por qué esta tesis del poder externo tuvo tanto éxito? Porque es preferible suponer que existe un cerebro fuera y no propio, menos aún en los grupos amazónicos, ¿Se imaginan? Amazónicos organizados, pensantes, presionando al Estado y exigiendo la derogatoria de las leyes, “el mundo al revés”, un miedo ancestral rondando en Lima. Pero también hay otro factor inconsciente: muchos y muchas piensan que los habitantes de la Amazonía no tienen capacidad mental, no conocen el mundo civilizado, no son capaces de articular un proyecto propio, leer las leyes, escribir, hablar el castellano, “entender nuestro mundo”…en suma, una discriminación cultural enorme(4). Además, en una coyuntura tan delicada y con torpezas políticas tan evidentes era necesario encontrar chivos expiatorios, canalizar la tensión hacia otro lado y qué mejor involucrando a los enemigos más peligrosos como los humalistas, así se cerraba el círculo: humalistas violentos, nativos violentos.
Los medios de comunicación también pusieron su cuota en el manejo de los discursos e imágenes, en periódicos, revistas, noticieros, reportes de internet y blogs se referían a los manifestantes como “nativos” palabra que marca la diferencia entre el limeño/limeña y los habitantes de la Amazonía, es afirmar un “nosotros los civilizados” frente “al otro, el diferente” Me parece que fue más que un conflicto lingüístico en los medios, tiene que ver con la percepción de quiénes somos los peruanos y peruanas: ¿Cómo referirse al otro, al distante, alejado de Lima y lo que se entiende por “la civilización”? ¿Los rostros con plumas en la cabeza son iguales a “nosotros”? ¿En qué somos iguales?
Pero si de un triste concurso racista se trata, tres candidatos se llevan los premios mayores: la Ministra del Interior Mercedes Cabanillas, el Presidente de la Sociedad Nacional de Industrias Eduardo Farah y el Presidente de la República, Alan García.
Mercedes Cabanillas es una experimentada política, ex candidata presidencial y figura importante del Apra, como Ministra del Interior debió enfrentar tensas entrevistas y ante la pregunta sobre su responsabilidad política en la muerte de los policías respondió con otra interrogante: “¿Yo he tenido las plumas en la cabeza y he aniquilado a los policías? ¡Cómo me pregunta eso, ni siquiera he estado en el lugar!” No contenta con esa frase, en otra entrevista, esta fue para Prensa Libre, Rosa María Palacios le recordó que no solo habían muerto policías pero ella respondió en un tono enfático: “Ellos se lo buscaron!” “Ellos se lo buscaron!” (5).
En esos momentos, para la Ministra solo era importante la muerte de los policías, los civiles le eran indiferentes, es más sus referencias a las plumas tienen que ver con la imagen del salvaje que todos y todas tenemos en el subconsciente, forma parte del discurso maniqueo sobre “civilización” y “salvajismo” donde se contraponen símbolos culturales como ropa/desnudez, cocido/crudo, control/descontrol, paz/violencia, solo faltó aducir al estilo colonial que se lo buscaron porque son idólatras y antropófagos… (6)
Los cadáveres de policías y civiles aún estaban recogiéndose cuando un furibundo Presidente de la Sociedad Nacional de Industrias, Eduardo Farah expresó “¿Por que cuatro sarnosos quieren cerrar una carretera o quemar un puente van a dejar de comer miles? Están locos!” (7). Muchos investigadores del racismo estarían felices porque por fin alguien rompe el silencio ante lo que Max Hernández llamaba la “Sudáfrica solapa” o simplemente el racismo hipócrita a lo que muchos peruanos y peruanas son adictos.
Pero dejo para el final al Presidente de la República, el mismo viernes 5 de la tragedia en Bagua declaró “estos 400 mil nativos no son ciudadanos de primera clase que pueden decir ‘tú no tienes derecho a venir por aquí’ a 28 millones de peruanos” Desde ese momento las frases se cruzaron hasta en el Parlamento, el lunes 6 la congresista Janeth Cajahuanca cuestionó las estrategias policiales y la Ministra del Interior respondió: “¿Qué hace una vendedora de gas en el Congreso?” triste frase acompañada por un coro de risitas burlonas aprobatorias (8).
Todas estas frases reseñadas tienen un común denominador: la discriminación, el rechazo total al otro, marcan una clara diferenciación de clase, cultura y etnicidad, y un poco detrás de escena el de género. Los complejos nudos del discurso de la nación y sus sujetos históricos se vuelven más problemáticos porque en una coyuntura de crisis como esta salen a la luz, no es que aparecen misteriosamente, afloran del subconsciente colectivo y del pasado histórico para enrostrarnos que la ciudadanía en el Perú está en construcción, pero en los últimos tiempos nadie de la esfera pública había empleado categorías diferenciadoras en forma abierta y desembozada como lo hizo el Presidente de la República.
Para nadie es novedad decir que en el Perú predomina una discriminación hipócrita que se vuelve evidente en situaciones nacionales de tensión como la del Baguazo o situaciones de tensión personal y social como cuando se “reserva el derecho de admisión” en restaurantes y discotecas, el segundo caso pasa desapercibido porque lo hemos asimilado como parte de nuestras relaciones sociales violentas “normales” aceptadas mientras el segundo nos confronta en tanto rompe el escenario político y social, no pasa desapercibido, duele, remece a todos y todas.
En palabras del antropólogo Shane Greene debería analizarse “quién cuenta y quién no cuenta en la arena multicultural contemporánea” Pero como estas nociones son complejas, implica afinar el análisis y para eso es necesario entrar al terreno histórico: ¿Quiénes son considerados ciudadanos y ciudadanas? ¿Cuál fue el difícil proceso de construcción de la ciudadanía? ¿Por qué en el Perú la Democracia no significa igualdad? (9).
2-Democracia y exclusión: la nación y los sujetos históricos
Para Jorge Basadre el punto de inicio es la república temprana, con la instalación del Primer Congreso Constituyente se institucionalizaron dos prácticas políticas fundamentales: primero la cuestión de la representación política nacional (unos cuantos elegidos a dedo sin remordimientos por no consultar ni escuchar a “los otros”) y en segundo lugar una consecuencia natural, la ciudadanía restringida, unos cuantos podían decidir por todos y todas. A decir de Flores Galindo el nuevo estado se estableció en una sociedad en la que no existía vida pública ni ciudadanos (10).
En esa línea también reflexionó Nelson Manrique: “En la fundación de la República se quería constituir una nación firme y feliz por la unión, y se pretendía conseguir tales dones para los peruanos, o, más propiamente, para quienes eran reputados por tales. Por sucesivos recortes éstos eran cada vez menos. Los esclavos, a quienes se prometió la libertad para sus vástagos, fueron puestos bajo tutela por 20 años, primero, y por 50, después (es decir, toda una vida). A los indios, a quienes San Martín decidió que en adelante se les debía llamar únicamente “peruanos”, volvió a cargárseles con el tributo y los trabajos forzados coloniales, con apenas un ligero cambio de nombres. Los peruanos terminaron siendo menos de una décima parte de la población, mientras que la gran mayoría fue excluida del proyecto nacional. La cuadratura del círculo, una República sin ciudadanos. El resto es historia: la agotadora gesta de mantener privilegios coloniales y al mismo tiempo tratar de ser modernos, según la pauta de Madrid, primero, París, después, y, más recientemente, Miami. Todo revestido por un majestuoso edificio de leyes y debates doctrinarios sin mayor significación, porque hablan de una sociedad ideal que no es el Perú” (11).
La naciente sociedad republicana no construyó ciudadanos y ciudadanas, en abierta oposición a los discursos democráticos mantuvo las diferencias estamentales, étnicas y de género que se vinculaban con las oposiciones Lima-provincias, costa-sierra (en el modelo no existía ni remotamente la selva) y complejizó más aún el problema de la nación. El siglo XIX también es el del discurso académico de la “raza” que tanto éxito tendrá para justificar el divorcio entre el discurso democrático y la realidad colonial, en ese proceso las desigualdades que se pretendían raciales también se relacionaron con la clase, la etnicidad y la cultura, en ese contexto se empalma el discurso colonial con el decimonónico, tiene algunas variantes pero igual sirve y mucho.
El “indio” sigue siendo un ser inferior, con las mismas atribuciones dadas por Unanue al comenzar el siglo y se seguirá repitiendo en el siguiente (12). Seguirá invocándose la vieja tesis lascasiana del indio como ser incapacitado y necesitado de tutelaje, en algunos casos bajo un modelo patriarcal y en otros abiertamente autoritario pero que en fondo constituyen dos caras del mismo problema, el rechazo a incorporarlo a la nación como sujeto histórico pleno. Lo mismo sucede con los afrodescendientes, simplemente no entran al juego por vincularlos a la imagen del esclavo salvaje e inferior. Las mujeres afrontan los mismos prejuicios, consideradas como criaturas pasionales y por tanto necesitadas de tutelaje no fueron invitadas al modelo democrático, nadie debatió para considerarlas, no hubo ni siquiera alguien que se pregunte si ellas deberían estar en el baile liberal y la adquisición de la ciudadanía femenina fue un largo proceso que aún hoy tiene resistencias de allí que sea necesario leyes de apoyo como la cuota de género en los partidos políticos. Si en algo estaban de acuerdo los padres de la patria de la república temprana es que las mujeres debían permanecer en la esfera de los afectos, el matrimonio y la maternidad.
Para Jorge Basadre un campesino del sur, otro de Piura y alguien de Lima estaban unidos más allá de la geografía, las diferencias culturales, los enfrentamientos étnicos y la desigualdad de ingresos, lo que tenían en común era la condición jurídica: ser peruanos bajo la óptica del Estado que construye la idea de nación, ahora bien su argumento era optimista pues para el viejo maestro este sentimiento estaba en construcción. Sin embargo, los convulsionados y dolorosos años 80s hicieron reflexionar a Flores Galindo como una relación de violencia: “podríamos decir que la nación -si identificamos esta palabra con los habitantes de un país- se ha constituido en lucha contra el Estado. Nación contra Estado: en otras palabras, relaciones conflictivas entre sociedad civil e instituciones políticas. En contra del monopolio oligárquico del poder, la sociedad civil recurrió a antiguas y nuevas organizaciones…el movimiento campesino primero, los movimientos obrero, estudiantil, de pobladores de barriadas, después, resquebrajan el edificio aparentemente sólido de la dominación oligárquica” (13).
En el siglo XIX el debate entre conservadores y liberales terminó por restringir la ciudadanía aludiendo a la discriminación étnica, económica, cultural y de género. Un tema colateral fue entender el atraso del país culpando a los otros, los excluidos, en ese entonces el sujeto aludido era el "indio" tildado de ser el atraso, la carga, el elemento cultural y biológico que impedía el desarrollo y la modernidad, con las mismas se acusaba al negro y hasta al chino. Ahora se usan los mismos argumentos en plena época de multiculturalismo, tolerancia, políticas públicas multiculturales, la idea de nación construida a partir de la diferencia pero la selva estalló literalmente demostrando que solo hemos avanzado en discursos pero no en la práctica. El Perú sigue siendo un país complejo y con acomplejados. Para muestra basta las tristes frases del Presidente de la Sociedad Nacional de Industrias. Ahora ya no son las mujeres mal educadas, ni los indios brutos y los negros sensuales, tampoco los chinos viciosos, ahora son los nativos con plumas violentos…
Pero ese argumento ha sido rebatido por el apu Santiago en Somos: “no estamos en contra del desarrollo ni de la inversión, los necesitamos. Pero queremos saber, nunca somos consultados, nunca nos dicen qué quieren hacer con nosotros y nuestras tierras. No nos dicen cómo va a ser el futuro que se imaginan para nosotros, cuál va a ser nuestro beneficio, como se asegura que nuestros hijos sigan viviendo del bosque. Necesitamos una inversión bien trabajada, un desarrollo pensado desde la selva y a favor de la selva, que también va a ser lo mejor para el Perú” (14)
La respuesta del apu Santiago contiene varios puntos interesantes: en principio una forma diferente de relacionarse con el Estado y Lima, la frase “nunca somos consultados…no nos dicen como va a ser el futuro que se imaginan para nosotros” indica claramente el cuestionamiento a la política tradicional que funciona a partir del centralismo y el paternalismo, por otro lado emerge una identidad autónoma con planteamientos propios sobre el desarrollo, se podría decir “a la manera de la selva”
Definitivamente después del Baguazo se ha dado una nueva forma de relación entre el Estado central, muy limeño y distante con los proyectos regionales, según Manuel Burga es un esquema novedoso porque ahora el Estado envía un mensajero para plantear el diálogo y llegar a acuerdos con las poblaciones que reclaman, sería “el triunfo de la descentralización” (15).
Pero el Baguazo no es algo aislado, forma parte de muchísimos e intensos conflictos sociales que están estallando en el país, según la Defensoría del Pueblo existen 268 conflictos sociales, de los cuales 212 están activos, 56 en estado latente y 94 en mesas de diálogo. Según un reporte de La República (16), los conflictos sociales de mayor presencia en el país son los llamados socioambientales (50%) pero dicho así podría llevarnos a pensar que se trata de conflictos nuevos, de reciente data que estallan por el crecimiento de las inversiones en las actividades extractivas pero eso no es tan cierto. Son conflictos que arrastran mucho tiempo atrás, el mapa de los conflictos sociales coincide con los de pobreza y exclusión: Amazonas, Cerro de Pasco, Moquegua, Tacna, Andahuaylas, Ancash, Huancavelica…
Sin duda alguna también es un punto critico en la idea de nación que pretende igualar a todos y todas bajo una raza, idioma, religión, costumbres, Estado y territorio ¿Qué hemos conseguido hasta ahora con ese concepto? Algunos siguen repitiendo las frases aprendidas en el colegio, por ejemplo, un comentarista escribió en la página de La República: “yo soy simplemente un peruano que ama su raza, su tierra, su pueblo y sus tradiciones y que vive de su trabajo” (17). Es la interiorización del concepto, el honor basado en la identidad étnica, regional y nacional.
Pero creo que después del Baguazo muchos se han convencido que el concepto de nación es viejo y obsoleto, que somos diferentes, somos un país peculiar conformado por diversas identidades y más aún en estos tiempos sacudidos por una ola latinoamericana y local de multiculturalismos. Por eso Manuel Burga exhorta a “entender el momento, saber por dónde caminar. Abandonar esa tesis del siglo XIX que trata de entender el Perú solo desde el centro metropolitano. Hay avances, algunos procedentes de universidades pero es la sociedad civil la que ha hecho los mejores esfuerzos por entender el país en las últimas décadas” (18).
3- Derecho de admisión en la nación peruana
El Baguazo ha remecido los diferentes planos de la vida pública, por un lado los escenarios políticos, por otro los individuales y colectivos. En estos momentos se discute una interpelación al gabinete ministerial en el Congreso, algunos grupos políticos están esforzándose por encontrar puntos coincidentes, otros quieren construir alianzas coyunturales mientras la oposición se relame por una buena faena política que dejaría excelentes créditos en la próxima campaña electoral. Sin dejar de considerar que en medio de toda esta coyuntura critica también han surgido proyectos, reclamos y rostros regionales fuertes que también remecerán la balanza política. En los planos individuales y colectivos el Baguazo nos ha obligado a mirarnos al espejo, reflexionar sobre el concepto de nación que nos han machacado durante once años de escolaridad, preguntarnos ¿Quiénes somos “nosotros y nosotras”?
Las diferentes investigaciones antropológicas, históricas y sociológicas de los 80s en adelante han revelado la conformación multicultural del Perú pero al mismo tiempo han formalizado un “esquema tripartito multicultural” de andinos, amazónicos y afro-peruanos generando un efecto colateral: un complejo problema cultural que obliga a preguntarse ¿Quiénes son los sujetos históricos dignos de formar parte de la nación peruana? ¿Quiénes tienen el derecho de admisión?
Según Shane Greene “históricamente, los incas (y, más tarde, por extensión, todos los andinos) han sido valorados como portadores de una ‘cultura’ muy distintiva e ilustre, cultura con frecuencia representada como una verdadera ‘civilización’ en la apreciación europea y colonial del término. Siguiendo la misma lógica colonial, sin embargo, los pueblos amazónicos y los descendientes de africanos están inscritos respectivamente en la historia colonial de la civilización como ‘salvajes’ y ‘esclavos’, desafortunadamente representados como la antítesis misma de seres culturales. En la lógica colonial de la civilización, por definición los pueblos amazónicos no tienen una cultura porque supuestamente pertenecen más bien a la ‘naturaleza’; y los afro-peruanos tampoco en virtud a su supuesta sumisión total al sistema esclavista que los ha desculturalizado totalmente. En este sentido, si bien puede argumentarse que el reconocimiento multicultural oficial es una novedad relativa para los pueblos amazónicos y afro-peruanos, no lo es en el caso de los andinos. Estos han sido representados desde hace tiempo (y en ocasiones se representan a sí mismos) como los herederos “legítimos” de la “civilización inca,” un tipo de civilización que los europeos y sus descendientes, los criollos, no sólo reconocieron históricamente como legitimo sino también la admiraron, imitaron e incluso trataron de apropiarse constantemente de ella” (19).
Frente a esto se puede argumentar que el proceso tiene más tiempo y no es solo a partir de una iniciativa gubernamental pues hay una difundida imagen del Perú como un país de historia milenaria e ininterrumpida desde el Lítico hasta nuestros días, desde los primeros pobladores nómades hasta hoy, eso se ha relacionado con la pretendida concepción cultural de progreso que vincula territorio-nación-estado en un solo proceso exitoso.
Pero esta percepción nos entrampa con imágenes falsas, nos envuelve en discursos históricos que involucran emociones y sentimientos de inferioridad, pongamos dos ejemplos emblemáticos: la conquista del Tahuantinsuyo y la guerra del Pacífico (20). Son los temas más lacrimógenos, de honda inferioridad, de desgarro. En contraste los temas de Culturas Prehispánicas e Incas son de brillo y luminosidad, de éxito (21). Esto no es algo extraño como aducía Walter Twanama (22), al contrario, obedece a una lógica primaria, la búsqueda de un pasado grandioso ante un presente incierto. Para Burga se trata de la “memoria del bien perdido”: lo que perdimos en diferentes etapas históricas (Tahuantinsuyo, oro, plata, guano, salitre, Tarapacá y Arica) alimenta la utopía andina y es la trampa mental que nos lanza a la ucronía en vez de conducirnos a una historia como explicación científica (23).
¿Qué es lo novedoso entonces? Por un lado la llamada “cultura de la confrontación” que ha abierto nuevos canales de negociación entre el Estado y las poblaciones peruanas y por el otro la violencia institucional para reprimir al otro, triste herencia de los años del conflicto terrorista. El Baguazo también ha roto el esquema de lo que se considera el otro, el subalterno o ciudadano de tercera categoría: se supone que no habla, no exige, no pesa en el juego político sin embargo ellos y ellas han logrado derogar los decretos legislativos cuestionados desde hace mucho tiempo atrás. El saldo es muy grande: más de 30 muertos, una coyuntura política crispada, nueva ola de movimientos de protesta social, nuevas voces y rostros interiores…
Como bien afirma Rocío Silva Santisteban, somos una sociedad tan compleja que la violencia, una vez más, empodera al subalterno (24) pero hasta qué punto es válida/efectiva esta nueva forma de visibilizarse frente a Lima, el Estado y los sujetos históricos considerados parte de la nación. ¿Vale la pena optar por la violencia y la sangre? ¿Vale la pena replantear instituciones y organizaciones ciudadanas? ¿Vale la pena hacernos un psicoanálisis colectivo para hurgar en nuestros subconscientes por qué tenemos algo de tanáticos?
Como bien afirma Fernando Tuesta, los lamentables sucesos ocurridos en Bagua han puesto sobre el tapete el tema de las minorías y sus posibilidades no sólo de representación, sino de acción ante lo que pudieran considerarse situaciones peligrosas (25). Claro que hay que preguntarse quién decide quién es minoría en este país y con qué criterios.
Quiero terminar con las palabras de Nelson Manrique: “Hemos demostrado que tenemos la capacidad de rebelarnos frente a la iniquidad. Se trata ahora de aprender a construir la democracia. Vivir, según la precisa fórmula de uno de los colectivos creados en la lucha contra la dictadura, una ciudadanía activa. Las promesas alimentan ilusiones. Pero las verdaderamente bellas son aquellas que nos impulsan a comprometernos y a actuar” (26). En nuestro Perú post Fujimori-Montesinos-Sendero, la resolución de conflictos en forma democrática, y más aún, en el marco de una cultura de paz siguen siendo los retos más grandes pero las imágenes de la marcha del 11 de junio demuestran que estamos aprendiendo el camino. Esas son algunas de las dolorosas lecciones del Baguazo.
Notas:
1. El triste spot oficial sobre el Baguazo en http://www.esejotas.com/2009/06/el-baguazo-o-el-fracaso-de-una-politica.html. Si bien fue retirado al día siguiente, de inmediato salió un video de réplica colgado en YouTube y otras páginas como por ejemplo en http://cdn.peru.com/noticias/portada20090610/38664/detalle38664.aspx?IDP=2.
2. Jorge Bruce “La pluma en la cabeza” La República, 14 de junio 2009, pág. 14.
3. Entrevista a la Ministra de Comercio Exterior Mercedes Araoz, periódico Ojo, 13 de junio 2009, pág. 13.
4. Al respecto, conversando con un taxista me preguntó: “Pero, ¿Qué quieren estos apaches?” confundiendo imágenes de películas western con los habitantes de la Amazonía peruana (¡!)
5. La República, 14 de junio 2009, pág. 14. La entrevista completa a Mercedes Cabanillas en www.larepublica.pe/archive/all/larepublica/20090611/9/node/199228/total/15/pagina
6. Jorge Bruce 2009, pág. 14.
7. Somos, suplemento de El Comercio, 20 junio 2009, pág. 5
8. “País polarizado” Domingo, suplemento de La República, 14 de junio 2009, pág.6.
9. Greene, Shane, 2008, pág.444.
10. Flores Galindo, 1999, pág. 25.
11. Manrique, s/f pág. 4
12. Unanue, 1806.
13. Flores Galindo, 1999, pág. 70.
14. Entrevista a Santiago Manuin, apu aguaruna en Somos, suplemento de El Comercio, 20 junio, 2009, pp. 23-27.
15. Entrevista a Manuel Burga, Domingo, suplemento de La República, 28 de junio 2009, pág. 7.
16. Mendoza, Raúl, 2009, pág. 8-10.
17. www.la república.pe, Domingo 14/06/2009.
18. Entrevista a Manuel Burga, Domingo, suplemento de La República, 28 de junio 2009, pág. 8
19. Greene, Shane, 2008, pág.445. Traducción al español del mismo autor. La idea de “esquema tripartito multicultural” pertenece al mismo autor.
20. Arrelucea y Mori, 2008.
21. Diversos textos de consulta general se han constituido en referentes obligados como Clases, estado y nación de Julio Cotler, Historia del Perú Contemporáneo de Cueto y Contreras, Nación y sociedad en la historia del Perú de Peter Klarén y Visión histórica del Perú de Pablo Macera. Los cuatro hacen referencia a la “herencia colonial”
22. Twanama, 1992, pág. 233
23. Burga, 1992, pág. 47.
24. Silva Santisteban, 2009, pág. 11
25. Tuesta, 2009 (b)
26 Manrique, s/f, pág.5.
Bibliografía
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______(b) “Después de Bagua, la inclusión social es más que antes un tema pendiente” http://blog.pucp.edu.pe/fernandotuesta/ (18 de junio 2009)
Twanama, Walter “Cholear en Lima” Márgenes, encuentro y debate, 9, 1992, pp. 206-240.
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* Maribel Arrelucea Barrantes es historiadora, docente universitaria, capacitadora en temas didácticos de docencia superior. Investigadora especializada en temas de Historia Social (esclavos de Lima, vida cotidiana, panaderías limeñas, resistencia y protesta, cimarronaje, bandolerismo y palenques), Género y Etnicidad (cimarronas, curanderas y hechiceras, bandoleras, amas de leche y cocineras limeñas, rabonas) e Historia Cultural (aportes culturales de los Afroperuanos, cocina colonial y decimonónica, construcción de imágenes femeninas en los discursos y la iconografía del siglo XIX). Ha sido docente en la Escuela de Historia de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Es autora de numerosos estudios de su especialidad publicados en revistas especializadas. Participa como ponente en congresos y comentarista en programas de radio y televisión. Actualmente desempeña su labor docente en la Universidad San Ignacio de Loyola y en la Universidad Nacional Federico Villarreal.






Q bueno leer su articulo! En la universidad hemos conversado mucho respecto al tema (sobre todo d las declaraciones de ciertos funcionarios que mencionas en tu articulo) ... hicimos un mural informativo y ahora (que ya paso mas de un mes) pues pensamos hacer uno con las reflexiones q nos dejo el Baguazo.
ResponderEliminarEn serio me ha gustado muchisimo.
Un abrazo,
Rosa.
Jesús Cosamalón
ResponderEliminarHola amiga. Concuerdo en general con tu punto de vista. Añadiría que en esa imagen de lo indígena o nativo, se excluye la posibilidad de "otra" modernidad. Por ejemplo, muchos de los habitantes de la Amazonia tienen acceso a celulares e internet, lo cual significa que no estan (nunca lo estuvieron) al margen del desarrollo o modernidad. Por esa razon es patetico tratarlos como en las época de Huancané o de la era del caucho. Mal que bien el proceso de modernizacion ha tenido algunos efectos. Se difundio la educacion y el mercado ha permitido (sin ser la panacea universal ni funcionar bien) la integracion de mayor cantidad de peruanos y ha obligado a que consideremos mas ampliamente nuestra idea de nacion y sociedad.
Saludos
hola Rosa! disculpas por responder después de varios días. Leyendo tu comentario pienso en los diferentes espacios que son las universidades hoy en día, a mi generación le tocó vivir amordazada y con miedo por sendero y la policía de "inteligencia". Hoy es posible hablar, opinar en voz alta, organizar conferencias y charlas, hacer periódicos murales, ví los de Villarreal, debemos incentivar a nuestros alumnos y alumnas a reflexionar y criticar, es más que necesario.
ResponderEliminarLuis Tello.
ResponderEliminarHola Maribel:
Me parece muy útil y esclarecedor tu artículo porque haces un análisis preciso acerca del modo cómo se está afrontando el "Baguazo". Yo diría, de manera complementaria, que es parecido a lo aconteció en Andahuaylas el año pasado y en Ilave hace algunos años: la visión del otro como el "salvaje" o "incivilizado". Por otra parte, el gobierno no desarrolla políticas inclusivas sino excluyentes, en salvaguarda de intereses de particulares y no nacionales, que es también un aspecto del problema. Lo que se trata para ellos, es de “quitar a los nativos de en medio”, precisamente donde hay riquezas que pueden entregar a su libre albedrío sin interesarles el verdadero interés nacional y no el que ellos pregonan. ¿A qué se refiere el gobierno de Alan García, cuando habla de "interés nacional? Comparto tus criterios.
Maribel, te felicito por tu ensayo, de lo mejor que he leido hasta ahora sobre el tema. Coincido con tu enfoque y varias de tus afirmaciones. Aunque creo que se deben ampliar los estudios sobre desarrollo de la ciudadanía en el Perú desde una perspectiva histórica.
ResponderEliminarSería importante estudiar cómo ha cambiado la carga simbólica del término "ciudadanía" en la historia peruana y contextualizar cuáles fueron los avances y retrocesos de este continuo pero lento y trunco proceso de construcción de la nación peruana, cosa que cruza transversalmente el tema de la ciudadanía. Creo que el siglo XIX es más complejo que lo que menciona Flores Galindo, Klaren o Manrique, por más que sus investigaciones sean fundamentales para entender políticamente el Perú actual. No hubo un desarrollo formal de la ciudadanía, pero hubo momentos en los que se fue construyendo un proyecto nacional -paradójicamente dichos momentos no pasaron de movimientos regionales-, y hubo más participación política -entendida como algo más que elecciones- de lo que se quiere reconocer.
Sin embargo, luego de las carencias e intereses de los "padres fundadores" de nuesta patria, creo que otro momento clave es la República Aristocrática, cuando se consolida el poder de una elite conservadora en lo social y liberal en lo económico, y donde se constriñe el acceso a la política (legal y formalmente hablando) y con ello se detiene el proceso regional nacido de las montoneras de la resistencia de la Breña. Quizá la brecha que arrastramos hasta el día de hoy no sería tan profunda si se hubiera repensado la nación luego de la derrota de la Guerra del Pacífico, cosa que no se dio.
Claro, en ninguno de estos casos la población de la zona amazónica ha sido tomada en cuenta ni por el Estado ni por partidos políticos, ni por caudillos, ni por ejércitos. Si no fuera por el caucho, la Selva habría sido "descubierta" por la sociedad peruana a través del turismo y el narcotráfico.
En otras ciencias sociales ya se discute la crisis o el fin del Estado-Nación, ¿y en el Perú aun no llegamos a él? ¿O existe una ciudadanía a la peruana que debemos analizar y entender?
Gracias publicar tu ensayo, lo he rebotado en mi blog.
http://labitacoradehobsbawm.blogspot.com/2009/06/hablan-los-historiadores-sobre-la.html
Hola Maribel
ResponderEliminarQue buen articulo haz escrito, muy preciso y esclarecedor, este es un tema que tiene para rato, pienso que este puede ser un punto de inflexión en nuestra historia, tengo la esperanza de que puede haber un cambio de rumbo, por lo menos ahora la mirada esta puesta en el oriente peruano, algo que era muy remoto, hasta hace unos días atrás, en el limeño promedio. Sobre el concurso de racista, yo añadiría un candidato más al grupo y para mi este se llevaría el premio, Andrés Bedoya Ugarteche, columnista del diario Correo, cuyo articulo titula: "¡Pobrecitos chunchos! y otras torpezas" del 13 de Junio de 2009; el mismo que se atrevió a solicitar al gobierno que les rociara napalm a los nativos. Estos virus sociales, junto con los otros que señalaste, son los que más daño le hacen a nuestro país.
Saludos…!!!
Renzo Manrique