Por Roberto Ochoa
La declaratoria de la Ciudad Sagrada de Caral como Patrimonio Cultural de la Humanidad tiene nombre propio: Ruth Shady Solís, una profesional que no solo rescató y recuperó un yacimiento arqueológico enterrado durante tres mil años en los arenales del norte limeño, sino que tuvo que gastar tiempo y dinero en enfrentar la desidia, indiferencia, envidias (sobre todo académicas) y oscuros intereses económicos de autoridades locales y nacionales. Años después, Ruth Shady sufrió el asedio de las máximas autoridades de su propia alma máter, la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, empeñadas en apoderarse del sitio arqueológico cuando no saben qué hacer con las propias huacas ubicadas dentro de su ciudad universitaria.
Ahora que la decisión de la Unesco se ha convertido en la única buena noticia de los últimos días, es bueno recordar las infamias que Ruth Shady tuvo que soportar en los últimos quince años.
Las investigaciones de Shady en Caral fueron ninguneadas por las autoridades culturales del fujimorismo. Si continuaron fue la propia iniciativa y temple de la arqueóloga, y gracias al apoyo de algunas entidades privadas.
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Shady también fue acusada por un infame e ignorante ex presidente regional de traficar “piezas de cerámica” de Caral. Qué papelón: las investigaciones habían demostrado que se trataba de una sociedad pre-cerámica.
Por aquellos años el gobierno de turno estuvo moviendo sus influencias para entregar el yacimiento a un grupo de investigadores estadounidenses, a cambio de un jugoso “aporte”, pero la gestión quedó en nada cuando la prensa independiente denunció el faenón.
Por si fuera poco, el voluminoso legajo con toda la sustentación para empezar el trámite y la postulación a Patrimonio Cultural de la Humanidad “desapareció” en el camino sin que la Cancillería se dé por enterada.
Así las cosas, la declaratoria de Caral vale mucho más que aquella huachafada de “Maravilla de la Humanidad” que recayó sobre Machu Picchu, y que solo sirve para disfrazar el actual abandono del sector Turismo y los atentados contra el primer Santuario Histórico del Perú.
* Publicado en La República, el viernes 3 de julio de 2009.







































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